Santa Cruz de Tenerife, España – En un emotivo cierre de su viaje apostólico a España, el Papa León XIV presidió la Eucaristía en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, ofreciendo una homilía cargada de reflexiones sobre el Corazón de Jesús, la interconexión humana y la profunda vocación a la acogida. Ante una multitud congregada en la capital insular, el Santo Padre agradeció los testimonios de fe y caridad recibidos durante su estancia, destacando la hospitalidad de las Islas Canarias como un espacio donde la presencia del Resucitado se manifiesta.
La ceremonia marcó el colofón de una visita que ha llevado al Pontífice por diversas regiones de España, dejando un mensaje de esperanza y compromiso social. En su alocución, el Papa León XIV invitó a los fieles a contemplar el Corazón de Jesús como el centro de la historia, un “infinito deseo que une el corazón de Dios a tantos corazones humanos” y que resuena en las alegrías y desafíos de la Iglesia.
Subrayando la esencia de la conexión humana, el Pontífice enfatizó que “ningún ser humano es una isla”. Esta afirmación cobró especial relevancia en el contexto geográfico de Tenerife, una diócesis estratégicamente ubicada frente al vasto océano. León XIV recordó que la existencia misma es un llamado ininterrumpido al encuentro y a un “éxodo” constante, ya sea físico o espiritual. A pesar de los obstáculos, distancias o peligros, el Papa instó a perseverar en este viaje esencial del corazón.
El Obispo de Roma articuló que la verdadera vida emerge de la entrega y el servicio, advirtiendo contra un “dinamismo estéril” que vacía de sentido la existencia. En línea con el magisterio de la Iglesia, citó las palabras de San Juan: “Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de Él”. Esta perspectiva, que invita a la comunión y a la entrega sincera de uno mismo, fue reforzada por una referencia a su predecesor. El Papa León XIV trajo a colación una observación del Papa Francisco contenida en la encíclica *Laudato Si’*, donde se señalaba cómo el “profundo desequilibrio” que lleva a las personas a vivir a gran velocidad puede atropellar el entorno. Esta reflexión, explicó León, interpela directamente la vocación turística de Tenerife, tanto para los visitantes en busca de descanso como para los residentes que interactúan con personas de todo el mundo.
En un mundo a menudo dominado por la lógica del comercio y el beneficio, el Pontífice instó a los fieles, especialmente a quienes se guían por el Evangelio, a resistir la tentación de reducirlo todo a una transacción. Recuperando otro pasaje de *Laudato Si’*, el Santo Padre recordó que quienes mejor disfrutan la vida son aquellos que “dejan de picotear aquí y allá” y aprenden a valorar a cada persona y cada cosa, encontrando gozo en lo más simple. Esta enseñanza, afirmó León XIV, debe ser el pilar de la vocación acogedora de los habitantes de Tenerife.
La homilía del Papa León XIV hizo un fuerte hincapié en una de las paradojas centrales del Evangelio: la riqueza de los pobres. El Pontífice bendijo al Padre porque se revela a los “pequeños”, a los que el mundo considera insignificantes, enriqueciéndolos con una sabiduría que permanece oculta para aquellos que viven rodeados de admiración y éxito. En este punto, el Papa hizo referencia a su propia Exhortación Apostólica, *Dilexi te*, un documento donde él mismo ha procurado destacar el “lugar privilegiado de los pobres en la Revelación divina y en la misión de la Iglesia”.
Este misterio, recalcó León XIV, resuena de manera particular en las islas Canarias, un epicentro de rutas migratorias que las convierte en puerta de entrada para hermanos y hermanas expuestos a peligros y violencias inenarrables. Frente a quienes se lucran con la desesperación ajena, el Papa subrayó que los cristianos no solo deben ofrecer el consuelo de Cristo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. La verdadera gracia, enfatizó el Pontífice, radica en permitir que sean los propios necesitados quienes evangelicen a quienes les socorren, reconociendo la “misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne”. Al comparar nuestras propias quejas con sus sufrimientos, afirmó, podemos recibir un “reproche que nos invite a simplificar nuestra vida”, un camino hacia una existencia más sencilla y alegre.
Antes de concluir la celebración, el Papa León XIV expresó su gratitud a la comunidad canaria por su testimonio, exhortándolos a ser un lugar donde el corazón de Cristo pueda encontrarse en el rostro “amigo y hospitalario” de sus gentes. Instó a que la confesión de fe transmitida por San Juan, “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él”, inspire siempre la oración y la acción. Dirigió su mirada a adolescentes, jóvenes, ricos, pobres, residentes y visitantes, pidiendo que todos sean reconocidos más allá de las apariencias, percibiendo la inquietud de sus corazones, a menudo ya orientados, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios.
Con una ferviente oración final, el Pontífice deseó que en Tenerife se respire la verdad de que “Dios es amor”, invitando a todos a abrir un “mar de amor” a cada persona que encuentren en su camino, sumergiéndose en el corazón de Cristo para vivir no para uno mismo, sino para el prójimo.








