20 junio, 2026

Pavía, Italia – El Papa León XIV realizó este sábado 20 de junio de 2026 una significativa visita pastoral a Pavía, en la región de Lombardía, Italia, como parte de su itinerario en el país. Tras su llegada en helicóptero desde Roma, el Pontífice fue recibido por Monseñor Corrado Sanguineti, Obispo de Pavía, junto a autoridades civiles locales y una fervorosa comunidad de fieles. La jornada estuvo marcada por encuentros conmovedores y un profundo mensaje sobre la fe y el servicio.

El Santo Padre inició su agenda dirigiéndose al Centro Nacional de Hadronterapia Oncológica (CNAO). Allí, mantuvo un encuentro cercano con niños y jóvenes pacientes que reciben tratamiento, así como con sus familiares. León XIV saludó a cada uno individualmente, ofreciéndoles palabras de aliento y esperanza. Durante su intervención, el Papa destacó la esencial importancia de la familia como pilar fundamental en los momentos de dificultad. “Hagan comprender a todo el mundo cómo, cuando hay momentos difíciles, si no está la presencia, el amor de la familia, todo es más difícil”, reflexionó. Además, el Pontífice recordó la promesa divina de acompañamiento, incluso en la debilidad, y la presencia de “ángeles” en la vida de las personas.

León XIV extendió su gratitud a los profesionales del centro oncológico, reconociendo su labor como una manifestación de la acción de Dios. “Dios actúa en nuestras vidas también a través de los médicos, los enfermeros, tantas personas”, afirmó. Asimismo, enfatizó el valor de la investigación científica y exhortó a depositar la confianza en Dios cuando se enfrentan desafíos. Este primer contacto subrayó la cercanía del Papa con el sufrimiento humano y su compromiso con la ciencia al servicio de la vida.

Posteriormente, la visita pastoral condujo al Papa León a la Basílica de San Pedro en Ciel d’Oro, un lugar de gran valor histórico y espiritual. Allí, el Pontífice se reunió con la comunidad agustiniana, siendo recibido por el Prior, el Padre Joseph Farrell. Dirigiéndose a los presentes, el Papa León XIV hizo hincapié en la trascendencia de San Agustín, no solo para la orden, sino para la Iglesia universal. “No es nuestro, es de la Iglesia y nuestra misión es darlo a conocer en la Iglesia”, declaró, señalando que el legado del santo tiene “mucho que ofrecer en este tiempo” contemporáneo.

Tras el encuentro con los agustinos, el Santo Padre veneró las reliquias de San Agustín y presidió la Liturgia de la Palabra, un momento de profunda oración y reflexión. Después de los saludos de Monseñor Sanguineti y el Padre Farrell, León XIV pronunció una inspiradora homilía, cuyo eje central fue la llamada a ser “piedras vivas” de la Iglesia.

El Papa expresó su alegría por estar en medio de la Iglesia de Pavía, a la que describió como una comunidad de “antigua tradición” que no se ha “desalentado por los cansancios, por el contexto secularizado y por las dificultades en la transmisión de la fe”. Recordó que Pavía, con sus orígenes romanos, albergó una comunidad cristiana desde antes del siglo IV, con San Siro como su primer Obispo. Para no sucumbir al desaliento, el Pontífice subrayó la necesidad de una “mirada animada por el espíritu de la fe” que permita interpretar la realidad con mayor profundidad y evitar actitudes negativas y pesimistas que impiden generar vida nueva. “La mirada que se nos pide —y que el Espíritu Santo nos da— es, en cambio, la de Jesús”, afirmó, una mirada capaz de discernir la “mano providente del Padre” incluso en las adversidades.

Reflexionando sobre las lecturas de la Primera Carta de San Pedro, el Pontífice destacó la urgencia de que los discípulos de Cristo actúen como “piedras vivas”. Explicó que la guía de San Pedro para construir una “Iglesia viva” radica en la unión con Cristo, quien es el “fundamento del edificio espiritual, la piedra angular colocada como base de nuestro camino eclesial, de la acción pastoral y de la evangelización”. León XIV enfatizó que esta edificación en Cristo protege del riesgo de dispersarse en asuntos secundarios, permitiendo enfocarse en lo esencial.

Con Cristo en el centro, prosiguió el Papa León, se logra una Iglesia donde “se camina juntos, capaz de renovarse sin dividirse, en la que todos se reconocen hermanos y trabajan con alegría al servicio del Reino de Dios”. En este contexto, la figura de San Agustín y su testimonio de vida son cruciales, ya que nos recuerdan el valor de la interioridad, la importancia de no fragmentarse exteriormente y de buscar un sentido que oriente la existencia humana.

Solo a través de un testimonio de fe “coherente y apasionado”, los católicos pueden convertirse en esas “piedras vivas” que sostienen el “edificio espiritual que es la Iglesia”. El Papa León XIV invitó a los fieles a recuperar la novedad y el asombro del estilo de vida cristiano que caracterizó a los primeros creyentes. “El estilo de vida de los cristianos, que era nuevo y asombroso al principio, en comparación con el mundo judío y con el pagano, debe serlo todavía hoy, en el mundo actual”, aseveró.

Finalmente, el Pontífice instó a cultivar una “pasión pastoral” en Pavía, una que no se rinda, sino que se esfuerce por llegar a todos “con la alegría del Evangelio”. Hizo un llamado especial a la pastoral universitaria y al diálogo con la cultura, subrayando que el estudio y el conocimiento científico “estimulan a los creyentes a pensar una propuesta de fe capaz de iluminar la búsqueda de verdad, de justicia y de belleza que mueve el alma humana”.

León XIV concluyó su emotiva homilía encomendando al pueblo pavés a la protección de María Santísima, Madre de la Iglesia, pidiendo su intercesión para que obtengan “el deseo ardiente de vivir y testimoniar el Evangelio”. La visita del Papa dejó un legado de esperanza, un llamado a la unidad y la renovación, y un recordatorio de la profunda relevancia de la fe en el mundo contemporáneo.

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