Durante su homilía dominical en la ciudad estadounidense de Miami, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, enfatizó que “la misericordia de Dios no es excusa para la impunidad de los delincuentes” y advirtió que “una injusticia no reparada socava la convivencia social”.
El jerarca católico, quien se encuentra radicado en el extranjero desde abril de 2019 a raíz de las persistentes amenazas de muerte perpetradas por el régimen de Daniel Ortega, centró su mensaje en la reflexión sobre el Evangelio según San Mateo, específicamente en el pasaje donde el apóstol Pedro interroga a Jesús acerca del límite que debe existir al momento de perdonar.
Ante los fieles congregados en el templo católico, el prelado nicaragüense puntualizó que “para Jesús, el único límite del perdón es no ponerle límites”, explicando que la naturaleza divina supera con creces la justicia estricta mediante el ejercicio de la misericordia.
El peligro de responder al daño con más violencia
Durante su intervención pastoral, el obispo alertó sobre la peligrosa tendencia humana de pretender solucionar las ofensas recibidas devolviendo el golpe. Según su perspectiva, intentar reparar un agravio mediante la exclusión, el rencor o el castigo físico no hace más que acrecentar el sufrimiento en la sociedad.
“Esto no sana la herida recibida, ni devuelve la dignidad perdida, ni da fuerzas para empezar de nuevo. Más bien eleva el grado de dolor y de violencia. No se cura una herida produciendo otra”, aseveró el religioso, destacando que los sentimientos de venganza y crueldad generan profundos desequilibrios emocionales en las personas.
En contraste, argumentó que la práctica de perdonar de manera incondicional representa un proceso de profunda madurez humana que desarma los círculos de violencia y permite confrontar al agresor con su propia responsabilidad.
La complementariedad entre la justicia terrenal y el perdón
Uno de los ejes centrales de la prédica del obispo auxiliar fue la aclaración de que la doctrina del perdón cristiano no equivale a la pasividad frente al delito ni a la renuncia de los derechos fundamentales de las víctimas.
“Hablar de perdón no es negar la justicia, no es pedir impunidad ni sugerir que las víctimas deben olvidar y pasar página”, recalcó firmemente el prelado, añadiendo que cualquier intento de otorgar un perdón artificial a espaldas de la ley termina por profundizar el dolor de los afectados.
En este sentido, monseñor Báez fue categórico al exigir que los responsables de crímenes graves enfrenten las consecuencias de sus actos ante instancias judiciales imparciales. “Quien ha cometido un delito debe responder ante tribunales independientes, con debido proceso y derecho a la defensa”, puntualizó, añadiendo que los actores de corrupción, torturas y abusos deben rendir cuentas estrictas ante la ley.
La reconciliación como un don divino
Hacia el cierre de su mensaje litúrgico, el obispo hizo un llamado urgente a la comunidad cristiana para evitar la trampa de convertir la búsqueda de justicia en un ejercicio de retaliación ciega, recordando que ambos conceptos deben marchar en paralelo.
“La justicia sola, sin perdón, deja siempre una herida abierta que, tarde o temprano, vuelve a sangrar; el perdón sin justicia se convierte en una palabra vacía que humilla otra vez a la víctima”, reflexionó.
Finalmente, monseñor Báez invitó a los creyentes a solicitar la gracia divina mediante la oración para alcanzar la fortaleza necesaria, encomendando su petición a la Virgen María para consolidar una sociedad fundamentada en la reconciliación y en la búsqueda pacífica de la verdad.








