Multitudinaria devoción mariana reúne a más de dos millones de fieles en las calles de Brasil
Una de las manifestaciones religiosas más convocantes a nivel global congregó a aproximadamente 2,3 millones de personas en las principales arterias de Belém do Pará. La edición número 234 de esta festividad tradicional en honor a Nuestra Señora de Nazaré se llevó a cabo el domingo 11 de octubre, consolidándose como la procesión más masiva del territorio brasileño y una de las más relevantes del planeta, de acuerdo con los registros de los organizadores.
El trayecto abarcó una distancia de 3,6 kilómetros, extendiéndose desde la emblemática catedral metropolitana de Belém hasta la Plaza del Santuario, situada frente a la Basílica de Nazaré. Los asistentes completaron este recorrido durante un tiempo estimado de cinco horas en medio de un fuerte despliegue de fervor popular.
Una marcha guiada por la unidad y la fe
Las actividades religiosas dieron inicio a las 6:00 de la mañana con una solemne Eucaristía presidida por el arzobispo de Belém, monseñor Julio Akamine Endi, en la explanada de la Catedral Metropolitana. Durante su homilía, el jerarca eclesiástico subrayó el profundo sentido comunitario de la peregrinación y la necesidad de transitar juntos hacia el plano espiritual.
“La procesión es muy lenta y larga, pero mantenemos el ritmo porque no queremos dejar a nadie atrás, no queremos abandonar a nadie en el camino. Todos queremos llegar juntos a Jesucristo, a la vida eterna”, expresó el arzobispo ante la multitud reunida.
Asimismo, el prelado reflexionó sobre el sentido de la ayuda mutua en la labor pastoral: “¿Qué clase de salvación es esta en la que dejamos atrás a los demás? Queremos caminar juntos, y esto también debe manifestarse en nuestra labor evangelizadora y misionera”. Finalmente, exhortó a los presentes a imitar la obediencia de María y a interceder por el bienestar espiritual de sus semejantes.
Promesas extremas y muestras de devoción ciudadana
Una vez concluida la ceremonia litúrgica, la efigie de Nuestra Señora de Nazaré fue posicionada sobre unas andas tradicionales para ser transportada por los devotos mediante el uso de una soga gruesa, elemento característico y altamente disputado por los asistentes que buscan mantenerse cerca de la imagen.
Durante el itinerario, los peregrinos cumplieron diversas mandas y promesas por favores recibidos. Entre las expresiones de fe más destacadas se observó a personas avanzando de rodillas, transportando pesadas cruces, cargando réplicas de la Virgen, ejecutando danzas de ballet o transitando con los ojos vendados bajo las altas temperaturas de la región.
Historias de fe que trascienden las barreras religiosas
Entre los miles de participantes se encontraba Fabrício Corrêa, un joven creyente evangélico de 28 años que decidió recorrer el trayecto de rodillas como cumplimiento de una promesa realizada para lograr la sanación de su madre, quien padecía complicaciones severas a causa de la diabetes y se enfrentaba al riesgo inminente de la amputación de una extremidad.
“Soy cristiano evangélico y le pedí a Dios que la sanara, pero fui a la Basílica y le pedí a la Virgen María que intercediera ante Jesús para que pudiera concederle esta sanación a mi madre”, declaró Fabrício al medio O Liberal. De acuerdo con su testimonio, una semana después los médicos descartaron la extirpación total del pie, limitándose la afectación a la pérdida de un solo dedo.
La madre del joven, de fe católica, ignoraba por completo la iniciativa de su hijo, enterándose de su participación en la masiva caminata únicamente tras viralizarse los registros audiovisuales en las plataformas digitales.
Para contrarrestar las condiciones climáticas adversas y el intenso calor, los cuerpos de bomberos locales dispusieron el uso de camiones cisterna para refrescar el ambiente, mientras que numerosos voluntarios colaboraron en la hidratación de los caminantes mediante la entrega de agua potable.
Una vez que la imagen sagrada arribó a su destino definitivo en la Plaza del Santuario, los actos centrales culminaron con una segunda Misa oficiada por el obispo auxiliar de Belém, monseñor Paulo Andreolli. No obstante, la agenda conmemorativa del Círio se extenderá a lo largo de todo el mes de octubre con diversas celebraciones y peregrinaciones menores, hasta concluir formalmente con el tradicional evento conocido como el Recírio.








