4 julio, 2026

La situación del obispo emérito de Estelí, monseñor Abelardo Mata, se ha convertido en un nuevo punto de tensión en la ya deteriorada relación entre la Iglesia católica y el régimen nicaragüense. Las autoridades, a través del Ministerio del Interior, emitieron un comunicado el 4 de julio de 2021 afirmando que el prelado había retornado a su domicilio. Sin embargo, esta versión oficial fue rápidamente desmentida por diversas fuentes eclesiásticas y por la investigadora Martha Patricia Molina, experta en la represión contra la Iglesia en Nicaragua. Este incidente subraya la creciente crisis de derechos humanos y libertad religiosa que vive el país centroamericano.

Según la declaración del gobierno, monseñor Mata, un obispo salesiano de 80 años que sirvió a la Diócesis de Estelí por más de tres décadas, fue sometido a una “necesaria indagación sobre el origen de propiedades y vínculos familiares que no coinciden con la condición sacerdotal”. Tras este proceso, el comunicado asegura que el obispo “ha retornado a su vivienda, donde permanece en perfectas condiciones” y que incluso “ha reconocido que en todo momento ha sido tratado con respeto y consideración”. La nota oficial no ofreció detalles específicos sobre las propiedades o los vínculos a los que hacía referencia, dejando una nebulosa de incertidumbre sobre las acusaciones.

No obstante, esta narrativa gubernamental fue categóricamente rechazada por voces críticas. Fuentes cercanas a la Iglesia y la investigadora Martha Patricia Molina, reconocida por su informe “Nicaragua: Una Iglesia perseguida”, señalaron a medios internacionales que la información difundida por la dictadura carecía de veracidad. Molina, en particular, enfatizó que el obispo emérito no había vuelto a su hogar en libertad plena.

“El comunicado publicado por la dictadura sandinista es una respuesta directa al enérgico reclamo de la administración del entonces presidente Donald Trump, que exigía la liberación inmediata del obispo emérito y el cese de los ataques contra la libertad religiosa en Nicaragua”, explicó Molina. La experta advirtió sobre la estrategia del régimen: “Esta acción no debe ser considerada como cierta. El obispo continúa desaparecido en la práctica. Si, en las horas posteriores, fuera trasladado a su casa, esto no significaría una libertad plena, sino más bien un cambio en su condición: de estar preso en [la temida prisión de] El Chipote pasaría a estar confinado en su propio hogar, bajo constante amenaza y vigilancia”. Esta declaración pone de manifiesto la preocupación por la táctica de detención domiciliaria como una forma de represión.

La presión internacional sobre el gobierno nicaragüense se intensificó precisamente ese mismo 4 de julio de 2021. La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, a través de su cuenta oficial en la plataforma X (anteriormente Twitter), demandó de manera explícita “la inmediata e incondicional liberación del obispo nicaragüense Abelardo Mata, quien ha sido detenido arbitrariamente por la dictadura de Murillo-Ortega”.

En su comunicado, la oficina estadounidense subrayó la vulnerabilidad del prelado: “El obispo Mata, de 80 años, no representa ninguna amenaza para el régimen y su salud es frágil. Además, condenamos la continua y cruel persecución religiosa y la represión de la dictadura de Murillo-Ortega. Los ataques a la libertad religiosa deben cesar de inmediato”. Este llamado a la acción resalta la preocupación por la situación de los líderes religiosos en Nicaragua, quienes han sido blanco recurrente del gobierno.

Monseñor Juan Abelardo Mata fue una figura prominente en la Iglesia nicaragüense. Su trayectoria incluye su profesión como salesiano el 8 de diciembre de 1966 y su ordenación sacerdotal el 15 de agosto de 1976. En 1988, el Papa San Juan Pablo II lo designó Obispo Auxiliar de Managua, un cargo que desempeñó hasta ser nombrado Obispo de Estelí en 1990. Lideró esta diócesis durante más de 30 años, hasta que el Papa Francisco aceptó su renuncia en julio de 2021, al haber alcanzado la edad de jubilación episcopal de 75 años. Monseñor Mata, nacido el 23 de junio de 1946, acababa de cumplir 80 años pocos días antes de los eventos que lo pusieron en el centro de esta controversia.

Su retiro, sin embargo, no lo apartó de la atención del régimen. Diversas personalidades nicaragüenses, incluyendo al exembajador de Nicaragua ante la OEA, Arturo McFields, han coincidido en señalar que el obispo Mata fue una “voz valiente, querida y creíble” en el país. Esta firmeza en sus convicciones y su disposición a denunciar las injusticias son la razón principal del “fuerte rencor” que la dictadura ha manifestado en su contra.

McFields, en declaraciones recientes, advirtió sobre la gravedad de la situación: “Si no se denuncia enérgicamente a la dictadura lo que está sucediendo, al régimen no le temblaría la mano para inducir la muerte del obispo Mata. Le tienen un profundo rencor a este hombre de Dios por su valentía y su claridad de principios durante tantos años”. Estas palabras dibujan un panorama sombrío para monseñor Mata y, por extensión, para todos aquellos que se atreven a levantar su voz en Nicaragua, país donde la persecución contra la Iglesia y la disidencia continúa siendo una alarmante realidad.

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