2 junio, 2026

El obispo de Cúcuta, monseñor José Libardo Garcés Monsalve, ha ofrecido una profunda meditación sobre la figura de la Virgen María, destacándola como un faro y “modelo de fe, esperanza y caridad”. En una reciente columna publicada en el sitio web del Episcopado colombiano, el prelado instó a los fieles católicos a emular estas virtudes teologales, fundamentales para su peregrinaje en el mundo y para depositar su confianza plena en la providencia divina. La reflexión del obispo surge en el marco de la culminación del mes de mayo, tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a la veneración de la Madre de Dios.

Monseñor Garcés Monsalve enfatizó que, al imitar la vida de María, los creyentes pueden fortalecer su propio camino espiritual y responder al mandato de Cristo de ir y hacer discípulos a todas las naciones. La invitación del obispo resuena con la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica, que describe la fe, la esperanza y la caridad como virtudes teologales. Estas virtudes, según el Catecismo, tienen la capacidad de “adaptar las facultades del hombre a la participación de la naturaleza divina”, vinculando directamente al individuo con Dios y preparándolo “a vivir en relación con la Santísima Trinidad”. Su origen, motivo y objeto es el “Dios Uno y Trino”, constituyendo la base sobre la cual se edifica la vida cristiana.

La fe de María, un ejemplo primordial para todo creyente, es el primer pilar de la reflexión del obispo. El prelado recordó que la Virgen manifestó esta virtud de manera sublime al aceptar la voluntad divina en la Anunciación, un acto de entrega total que la convirtió en la madre del Salvador. Esta aceptación incondicional fue reconocida y celebrada por su prima Isabel con la exclamación: “¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Este pasaje bíblico subraya la trascendencia de la fe mariana no solo como un asentimiento intelectual, sino como una respuesta existencial y confiada al llamado de Dios. Al imitar la fe de María, Monseñor Garcés Monsalve aseguró que los católicos pueden propiciar que “se engendre en nuestro corazón la virtud de la esperanza”, mostrando la íntima conexión entre estas dos virtudes cardinales.

La esperanza, la segunda virtud teologal, también encuentra en María su más brillante expresión. El obispo de Cúcuta evocó cómo, incluso en las circunstancias más adversas y dolorosas de su existencia, la Virgen “brilla como signo de esperanza segura y de consuelo”. Desde el momento de la Anunciación, María comprendió que Cristo era la “roca firme” sobre la cual se edifica la vida cristiana, la respuesta definitiva a todas las promesas divinas. Esta convicción inquebrantable se mantuvo firme incluso en el momento más oscuro, durante la crucifixión de Jesús. A pesar del inmenso dolor maternal, la Virgen poseía “el corazón lleno de esperanza”, permaneciendo de pie junto a la cruz. Esta imagen icónica es una poderosa lección para cada cristiano, enseñando a soportar el sufrimiento con dignidad y, sobre todo, con la certeza de la redención y la vida eterna. La Virgen María, en su dolor y esperanza, se convierte en un símbolo perenne de fortaleza y resiliencia para la humanidad doliente.

Finalmente, la caridad, el vínculo de la perfección y la más grande de las virtudes, fue practicada por la Virgen María con cada persona que encontró en su camino. Monseñor Garcés Monsalve describió la caridad de María como una “caridad silenciosa, prudente”, que siempre conduce a Jesús. Su acto de amor más grande y elocuente se manifestó nuevamente al pie de la cruz, donde, en silencio, ofreció a su Hijo por la salvación de la humanidad. Este sacrificio supremo de amor desinteresado no solo es el ápice de la caridad mariana, sino también el modelo de cómo los cristianos están llamados a amar y servir. Su amor incondicional y su entrega total son un espejo para la Iglesia, que busca reflejar esa misma generosidad y compasión en su misión.

El obispo concluyó su columna afirmando que la imitación de María en estas virtudes es “la tarea de la Iglesia en su vocación de evangelizar”. Para Monseñor Garcés Monsalve, “transmitir a Jesucristo a otros es la obra de caridad más grande que podemos hacer”. Esta declaración encapsula el propósito esencial de la vida cristiana: no solo vivir las virtudes para la propia salvación, sino también compartirlas con el mundo, guiando a otros hacia el encuentro con Jesús a través del testimonio de una vida inspirada en la Madre de Dios. La Virgen María, a través de su fe inquebrantable, su esperanza constante y su caridad desbordante, sigue siendo un modelo insustituible para todos aquellos que buscan vivir plenamente su vocación cristiana y ser verdaderos discípulos del Señor.

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