San Ignacio de Velasco, Bolivia – En una declaración que ha generado considerable atención, Monseñor Robert Flock, Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, anunció su firme decisión de cambiar el nombre del puente conocido actualmente como “San Diablo” a “San Jorge”. Este acto simbólico es parte de una iniciativa más amplia del prelado para confrontar la persistencia de antiguas prácticas rituales que, según él, incluyen sacrificios humanos y representan una cosmovisión incompatible con los principios cristianos en diversas regiones de Bolivia.
La medida, comunicada semanas atrás, busca reemplazar la actual denominación del puente, ubicado en la estratégica carretera que conecta San José de Chiquitos y San Ignacio de Velasco, por una que simbolice la victoria del bien sobre el mal. La elección de San Jorge, una figura venerada por su legendaria derrota del dragón –interpretado como una manifestación terrenal del diablo que exigía sacrificios virginales–, no es casual. Monseñor Flock enfatizó la profunda devoción que existe hacia San Jorge en Bolivia, lo que augura un amplio apoyo para esta significativa acción eclesiástica.
**Una Preocupación por las Supersticiones y Ritos Ancestrales**
En sus declaraciones, el obispo Flock expresó una honda preocupación por la pervivencia de ciertos ritos ancestrales andinos que, aunque no siempre vinculados directamente a una adoración explícita al diablo, sí incorporan elementos como el sacrificio humano. El prelado insistió en que tales prácticas son inadmisibles y de ninguna manera pueden ser bendecidas o toleradas por la fe cristiana. “Hay elementos de esta cosmovisión, como es el sacrificio humano, que no se pueden admitir, mucho menos bendecir”, sentenció.
La presencia de estas cosmovisiones en el Oriente Boliviano, una región predominantemente influenciada por la evangelización jesuítica, resultó “muy rara” para Monseñor Flock. Atribuyó esta difusión a políticas implementadas durante el casi bicentenario mandato del gobierno socialista, el cual, según el obispo, promovió activamente una reivindicación del indigenismo andino. Esta política habría llevado a la redistribución de tierras en el oriente, provocando desplazamientos y una mayor diversidad de pueblos indígenas en la zona, y a su vez, la difusión de un sentimiento anti-católico y la promoción de cosmovisiones ancestrales sin discernimiento crítico.
**El Trágico Eco de la Violencia Ritual**
Para ilustrar la gravedad de su preocupación, Monseñor Flock rememoró un estremecedor caso ocurrido en agosto de 2024 en la comunidad de San Rafael, al este de Bolivia. Se refirió al “brutal asesinato” de una niña de 8 años, un crimen que, según las investigaciones, fue perpetrado como parte de un “rito andino-satánico”. El cuerpo de la menor fue hallado una semana después, y las pesquisas policiales condujeron a la detención de una joven de 17 años, quien confesó que el acto se trató de un “sacrificio”. Las autoridades encontraron en sus pertenencias símbolos asociados a prácticas satánicas, lo que reforzó la tesis del ritual.
Ante este trágico suceso, el obispo recordó haber enviado al párroco local para oficiar un rito de desagravio y pedir perdón a Dios por la atrocidad cometida. La responsable del crimen y sus padres permanecen encarcelados desde entonces, un testimonio de la dura realidad que enfrenta la región.
**El Modelo Chiquitano y el Llamado a una Fe Coherente**
En marcado contraste con estas problemáticas, Monseñor Flock resaltó el ejemplo de la Chiquitania, una zona que, gracias a la labor evangelizadora inicial de los jesuitas y sus Reducciones, forjó una sólida cultura católica. Esta cultura persiste hasta el día de hoy, caracterizándose por no amalgamar creencias ancestrales que sean incompatibles con la fe cristiana. “Allí no existe el resentimiento andino que dio fuerza al socialismo anticatólico, que ya se está superando en Bolivia”, afirmó, aludiendo al reciente fin del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) en noviembre de 2025, tras dos décadas en el poder, con la llegada a la presidencia de Rodrigo Paz.
Como respuesta a estos desafíos, el obispo Flock instó a los católicos a “vivir nuestra fe con mayor coherencia y profundidad”. Subrayó que las tentaciones de corrupción, inmoralidad, narcotráfico y violencia doméstica son desafíos que afectan a toda la sociedad y deben ser superados mediante una vivencia más auténtica del Evangelio.
**Una Decisión Firme y Autónoma**
Respecto a la implementación del cambio de nombre del puente, Monseñor Flock fue enfático al afirmar que se trata de “una decisión tomada”. Esta determinación se fundamenta en su autoridad como obispo, respaldada tanto por la Constitución de Bolivia como por el Tratado Internacional entre la Santa Sede y el Estado Plurinacional. El prelado dejó claro que no tiene “intención alguna de solicitar el cambio al Estado ni a ninguna instancia del gobierno”, argumentando que duda de obtener una respuesta favorable y no desea arriesgarse a una negativa oficial. Concluyó con la expectativa de que, “algún día, aparecerán nuevos letreros” en el puente, sellando así su compromiso con esta transformación espiritual y simbólica.
La iniciativa de Monseñor Flock marca un punto de inflexión en la confrontación entre la fe cristiana y ciertas prácticas culturales en Bolivia, reafirmando el papel de la Iglesia en la defensa de los valores evangélicos frente a lo que considera desviaciones morales y espirituales profundas.






Agregar comentario