15 junio, 2026

Mons. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, ha enfatizado con contundencia que la misión eclesiástica de “expulsar demonios” se extiende a la imperiosa necesidad de denunciar la barbarie y la irracionalidad inherentes a los regímenes autoritarios que vulneran la dignidad humana. Estas declaraciones resonaron en su homilía ofrecida el domingo 14 de junio en la parroquia Santa Agatha de Miami, Florida. La intervención del prelado, un referente de la voz de la Iglesia frente a la opresión, subraya una perspectiva ampliada de la labor pastoral, que entrelaza la dimensión espiritual con el compromiso social y político.

Durante la celebración eucarística, Mons. Báez profundizó en su interpretación de la expulsión de demonios, señalando que implica “comprometerse activamente en procesos de liberación, tanto a nivel personal como social”. Para el obispo, esta tarea fundamental de la Iglesia consiste en “ayudar a recuperar su libertad a quienes se encuentran cautivos por ídolos modernos, el miedo paralizante o la desesperanza”. Asimismo, destacó que esta misión exige “denunciar la irracionalidad y la crueldad intrínsecas a los regímenes que atentan sistemáticamente contra la dignidad inherente al ser humano y que, lamentablemente, exacerban la miseria de los pueblos, en ocasiones, incluso invocando falsamente el nombre de Dios para justificar sus acciones”.

La voz de Mons. Silvio Báez cobra una resonancia particular, dada su propia experiencia. El obispo auxiliar de Managua se vio forzado a abandonar Nicaragua en 2019, viviendo desde entonces en el exilio en Estados Unidos. Su partida fue una consecuencia directa de la persecución despiadada que la dictadura de Nicaragua ha intensificado contra la Iglesia Católica desde 2018, una arremetida que, lamentablemente, no ha cesado hasta la fecha. Desde su actual residencia en la parroquia de Miami, Mons. Báez se ha convertido en un punto de encuentro y consuelo para muchos de sus compatriotas exiliados, compartiendo con ellos el dolor de la separación y la esperanza de un futuro más justo.

En su profunda meditación, el prelado nicaragüense hizo referencia al pasaje del Evangelio de Mateo, donde Jesús observa a la multitud y “se compadeció de ella, porque estaba cansada y abatida, como ovejas sin pastor”. Mons. Báez recalcó que esta conmovedora imagen evangélica “no ha perdido un ápice de su vigencia” en el mundo contemporáneo. Hoy, afirmó, “muchas personas experimentan una existencia similar a la de ovejas sin guía: individuos sumidos en la tristeza, la soledad y la desorientación, desilusionados por promesas vacías e ídolos engañosos”. Describió familias desgarradas por la pobreza extrema, la migración forzada impuesta por la necesidad, o la violencia endémica; así como “pueblos enteros despojados de su libertad y de su futuro por conflictos bélicos o por la dominación de regímenes dictatoriales que se perpetúan mediante el miedo y la represión sistemática”.

Frente a esta desoladora realidad, el obispo explicó que “la oración emerge como la primera y más apremiante respuesta”. Sin embargo, aclaró que la oración no es un sustituto de la acción, sino que “constituye su raíz profunda y su fundamento inquebrantable, dotándola de fecundidad y fortaleza”. A través de la plegaria sincera y constante, es posible establecer una sintonía íntima con el Señor, lo que a su vez impulsa y facilita la transición hacia una acción efectiva y transformadora en el mundo. Mons. Báez destacó que “de esta profunda compasión y de esta oración persistente surge la elección de los doce Apóstoles”, enfatizando el origen divino y la misión de servicio que se les encomendó.

El poder conferido por Jesús, explicó el obispo, es fundamentalmente “un poder al servicio de la vida en toda su plenitud y de la dignidad humana inalienable”. Este concepto, contrastó, es “exactamente lo opuesto al tipo de poder que seduce al mundo, un poder que busca aplastar, controlar, infundir terror y someter a las personas”. El prelado resaltó que este poder transformador, recibido no para oprimir sino para servir, “no se agotó en la misión de los Doce Apóstoles, sino que persiste y se prolonga hoy, a través de cada uno de nosotros, miembros de la Iglesia”.

Además de la vital tarea de “expulsar demonios” en su sentido social y espiritual, Mons. Báez recordó que cada integrante de la Iglesia está llamado a realizar diversas acciones inspiradas en el Evangelio. Estas incluyen “curar a los enfermos, resucitar a los muertos y limpiar a los leprosos”, metáforas que el obispo desglosó con gran elocuencia.

Explicó que “resucitar a los muertos” significa “devolver la esperanza a aquellos que ya no la poseen, ayudándoles a vislumbrar destellos de la luz divina en medio de las noches más oscuras de la vida”. Es un llamado incesante a “proclamar al Dios de la vida en todo momento y lugar”. Y, añadió, esta resurrección de la esperanza también implica “oponerse frontalmente a los poderes opresores que subyugan a los pueblos”, manteniendo la firme convicción de que “Dios acompaña y bendice todos los esfuerzos genuinos realizados en favor de la libertad y la dignidad intrínseca de cada persona”.

El prelado nicaragüense subrayó también que “limpiar a los leprosos” representa una lucha activa por “restituir la dignidad plena a quienes la sociedad o incluso algunas interpretaciones religiosas han marginado o excluido”. Esto se materializa a través de “gestos concretos de inclusión, de solidaridad genuina y de un diálogo respetuoso que reconozca el valor de cada individuo”.

Para concluir su emotiva homilía, el obispo Silvio Báez remarcó que “los obreros siguen siendo escasos” en el vasto campo de la misión cristiana. “El Señor continúa buscando, en el presente, a aquellos que estén dispuestos a prolongar su mirada de compasión en el mundo”, afirmó. Dejó un potente mensaje final, instando a los fieles a que “esa mirada compasiva y transformadora sea la nuestra”, invitando a la Iglesia a asumir plenamente su rol profético en la construcción de un mundo más justo y humano.

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