Madrid, España. El Papa León XIV instó el pasado lunes 8 de junio a los obispos de España a reforzar la comunión eclesial y a afrontar con determinación los desafíos que la evangelización presenta en una sociedad cada vez más secularizada. Durante un encuentro en la sede de la Conferencia Episcopal Española en Madrid, en el tercer día de su viaje apostólico por el país ibérico, el Pontífice enfatizó la urgencia de que la Iglesia ofrezca el “tesoro” de Jesucristo, fuente de sentido, verdad y esperanza para los hombres y mujeres contemporáneos.
León también subrayó la importancia de cuidar las vocaciones, la formación sacerdotal y, de manera crucial, la atención y protección de las víctimas de abusos. La visita papal a España ha sido un punto clave en la agenda de la Iglesia católica del país, marcada por una profunda reflexión sobre su papel en el siglo XXI.
En su discurso a los obispos, el Papa León XIV agradeció las palabras de Monseñor Luis Javier Argüello García, presidente de la Conferencia Episcopal, y valoró el camino sinodal emprendido por la Iglesia, un proceso que definió como una escucha profunda para reconocer la voz de Dios en la comunidad. Destacó la relevancia de congresos previos como “Pueblo de Dios en salida” (2020) y “¿Para quién soy? Asamblea de llamados para la misión” (2025), que abordan cuestiones esenciales sobre cómo la Iglesia puede enfrentar los retos actuales y quiénes están llamados a asumir este desafío.
El Santo Padre propuso la imagen de un “viaje” espiritual hacia Dios, donde el corazón se eleva sin necesidad de movimiento material. En este periplo, el Pontífice advirtió sobre la tentación de aferrarse a estructuras antiguas o de cargar equipajes inútiles que lastran el avance. Sin embargo, también enfatizó la importancia de no olvidar las raíces y los recursos esenciales, comparando la situación con la de los migrantes que sufren sin vínculos ni patrimonio. En este sentido, León XIV llamó a conjugar “libertad y valentía” para dejar atrás lo que no ayuda, y “fortaleza” para conservar el inmenso patrimonio cristiano de España, capaz de convocar y tejer la identidad espiritual del pueblo.
La comunicación con el otro, a menudo dificultosa por las diferencias culturales o la desconfianza, fue otro punto central del mensaje papal. León XIV animó a que el rico patrimonio de la Iglesia se convierta en una constante oportunidad de diálogo con aquellos que se encuentran en el camino. Aludió a las “inmensas planicies castellanas” como metáfora de situaciones sociales que, aunque parezcan vacías, requieren una nueva evangelización, tal como hizo la Iglesia en el pasado, adaptando modelos de misión que luego se exportaron a América. Mencionó a figuras históricas como fray Hernando de Talavera y santo Toribio de Mogrovejo, quienes supieron usar “nuevos lenguajes” para el anuncio del Evangelio.
En la era digital y ante el mosaico de culturas con migrantes de todo el mundo, el Pontífice instó a mantener el espíritu de comunicar, de “abajarse” para comprender y compartir, y de tejer vínculos donde sembrar la semilla del Reino. Subrayó la necesidad de crear comunidades capaces de comunicar su propia experiencia de fe y de atesorar recursos que permitan afrontar con franqueza los retos de la evangelización en cada circunstancia.
El Papa también se refirió a la importancia de la unidad en la pluralidad, un testimonio fundamental en un tiempo de polarizaciones. Destacó que el obispo debe ser un principio visible de comunión, custodiando la fe, en docilidad a la Palabra de Dios y la Tradición, y en comunión con el Sucesor de Pedro y la Iglesia universal. “Vuestra misión os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado”, afirmó. Esta comunión, vivida plenamente, posee una intrínseca fuerza misionera, permitiendo a una Iglesia reconciliada dialogar con otras confesiones y con la sociedad civil.
En el ámbito vocacional, León XIV abordó la dificultad de asumir compromisos definitivos en la juventud actual. Explicó que la pastoral vocacional no puede reducirse a una mera búsqueda de números, sino que debe surgir de comunidades vivas, sacerdotes felices y familias que testimonien la belleza de la fidelidad. En este contexto, el Pontífice recordó la postura del Papa Francisco, quien propuso en varias ocasiones que “la conservación de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocación”. El Papa León XIV insistió en que los seminaristas tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia a sacerdotes bien preparados, requiriendo seminarios con una adecuada experiencia comunitaria, formadores dedicados y centros teológicos dotados.
El rol de los laicos también fue abordado, viendo las dificultades en su integración como una oportunidad de encuentro, diálogo y comunicación, para que asuman su responsabilidad cristiana y se sientan parte de la misión. Respecto a la lacra de los abusos en la Iglesia, el Santo Padre hizo un llamado a responder con “escucha, verdad, justicia, reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”, garantizando caminos reales de sanación para cada persona herida.
Finalmente, el Pontífice resaltó que, en un mundo secularizado, muchos buscan sentido y esperanza, incluso sin nombrarlos, y la Iglesia está llamada a reconocer estos anhelos y ofrecerles a Jesucristo, el tesoro que le ha sido confiado. Concluyó encomendando el ministerio episcopal a la Santísima Virgen, a quien san Juan Pablo II llamó “Tierra de María”, y a san Juan de Ávila, patrono del clero español, como modelo de “simple sacerdote” enamorado de Cristo. La fuerza de la Iglesia, concluyó León, no nace de la grandeza de los medios, sino de la santidad de sus hijos y la comunión de sus pastores. El Papa León XIV finalizó su mensaje con una oración del propio san Juan de Ávila: “Si me mandáis, Señor, hacer lo que vos hicisteis, dadme vuestro corazón”.








