En un evento significativo que subraya el reconocimiento eclesiástico y científico, el Papa León XIV recibió el 22 de junio de 2026 a los miembros de la Fundación Jérôme Lejeune en una audiencia especial. Este encuentro tuvo lugar con motivo del centenario del nacimiento del doctor francés Jérôme Lejeune, un pionero de la genética moderna cuyo legado perdura por su crucial descubrimiento del origen cromosómico del síndrome de Down. La figura de Lejeune, declarado venerable por la Iglesia, es un faro en la defensa de la vida y la dignidad humana.
El doctor Lejeune, una personalidad que combinó un intelecto brillante con una profunda fe, mantuvo una estrecha y significativa relación con San Juan Pablo II. Esta amistad fue fundamental, como destacó su hija, Karin Lejeune, en declaraciones recientes. Según Karin, el Pontífice polaco ofreció un apoyo crucial a su padre en los momentos más desafiantes de su vida, inyectando esperanza cuando la adversidad parecía abrumadora. La conexión entre ambos líderes se forjó en una visión compartida de servicio a los más vulnerables, particularmente a los niños con discapacidad intelectual, a quienes Lejeune denominaba “los más desfavorecidos en cuanto a la inteligencia”.
Karin Lejeune relató el “auténtico calvario” que su padre sufrió tras la aprobación de la ley francesa del aborto en la década de 1970. En ese periodo, Jérôme Lejeune enfrentó una dura marginación no solo por parte de la sociedad y la comunidad científica, sino, según su hija, incluso por segmentos de la Iglesia en Francia. La “corrección política” de la época contribuyó a que le retiraran los fondos de investigación de su laboratorio, sumiéndolo en una situación de gran dificultad. Fue en este contexto donde la amistad con San Juan Pablo II se convirtió en un pilar, permitiendo al científico mantener la fe y la esperanza en su misión.
Uno de los momentos que selló esta profunda amistad fue el atentado contra San Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981. Horas antes del trágico suceso, Lejeune había almorzado con el Santo Padre en el Vaticano, donde conversaron extensamente sobre el respeto a la vida y el apoyo a los más necesitados. Karin Lejeune compartió el vívido recuerdo de cómo sus padres se enteraron de la noticia al aterrizar en casa, con un taxista anunciando erróneamente el fallecimiento del Papa. La angustia y la incertidumbre llenaron su hogar, y Jérôme Lejeune, visiblemente afectado, expresó un deseo conmovedor: “Ojalá fuera yo”. Esa misma tarde, tras una conferencia, el científico cayó enfermo, un reflejo de la profunda empatía que sentía por el Pontífice, un sufrimiento compartido que su hija interpretó como la esencia del amor y la amistad.
Más allá de sus logros científicos, Jérôme Lejeune fue un hombre de familia ejemplar. Casado con Birthe Lejeune, tuvieron cinco hijos. Karin lo describe como un padre “muy tierno, muy comprensivo” y, sobre todo, caracterizado por una “mirada bondadosa” que siempre la acompañó. Su disponibilidad hacia sus hijos era incondicional; recordaba que su padre lo dejaba todo al instante para atenderlos, sin importar lo que estuviera haciendo. El hogar de los Lejeune, ubicado en la calle Galande en París, era un espacio de acogida constante, un punto de encuentro para amigos y colegas, donde la hospitalidad danesa de su esposa se unía a la calidez familiar.
La vida de Jérôme Lejeune, marcada por la ciencia, la fe y el servicio a la bioética, concluyó en abril de 1994 a los 67 años, a causa de un cáncer. Su partida dejó un vacío, pero su legado continuó floreciendo. La causa de su canonización se inició en 2007, y el proceso diocesano concluyó en 2012. Finalmente, en enero de 2024, el Papa Francisco aprobó el decreto que reconoce sus virtudes heroicas, otorgándole el título de venerable para la Iglesia Católica. Este reconocimiento del Papa Francisco consolidó su camino hacia una posible santidad.
El encuentro de la Fundación Lejeune con el Papa León XIV en 2026, en el centenario del natalicio del doctor, no solo celebra la vida de un científico extraordinario y un defensor incansable de la dignidad humana, sino que también reafirma la importancia de sus principios en el discurso contemporáneo de la Iglesia. El venerable Jérôme Lejeune permanece como un referente ineludible en el ámbito de la bioética y el respeto a la vida, inspirando a generaciones futuras a seguir su ejemplo de dedicación y compasión.








