En un acto de profunda significación religiosa y política, el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, dedicó su futuro gobierno y a la nación entera a la protección de la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia. La ceremonia se llevó a cabo el pasado 9 de julio de 2026, tras la celebración de la Eucaristía por la festividad de la advocación mariana, en la emblemática Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, ubicada en el departamento de Boyacá.
A menos de un mes de asumir el cargo presidencial, previsto para el 7 de agosto, el futuro mandatario colombiano viajó hasta el municipio de Chiquinquirá acompañado de su esposa, Ana Lucía Pineda. Juntos asistieron a la Misa solemne, presidida por Mons. Ramón Alberto Rolón, Obispo de Chiquinquirá. Cientos de fieles y devotos de la Virgen se congregaron en la plaza de la Libertad, frente al atrio de la basílica, donde tradicionalmente se levanta el altar para esta importante celebración mariana, demostrando la profunda fe que envuelve a esta tradición. La presencia del presidente electo en un evento de tal magnitud subrayó la conexión entre la esfera pública y las creencias religiosas en el país andino.
Una vez finalizada la Eucaristía, Abelardo de la Espriella y su esposa, acompañados por los frailes dominicos y Mons. Rolón, ingresaron al santuario. Se dirigieron con solemnidad hacia el altar principal, donde se custodia el venerable cuadro de la Virgen de Chiquinquirá, una reliquia del siglo XVI de gran valor histórico y espiritual. Allí, arrodillados y en un momento de recogimiento, el mandatario electo y su cónyuge recitaron cada uno una oración personal de consagración.
Posteriormente, el presidente electo leyó una oración redactada por él mismo, específicamente para encomendar a Colombia bajo el amparo de la Virgen. En sus palabras, pidió a la Madre de Dios que interceda por su administración venidera y que custodie a las familias colombianas, anhelando que cada hogar se convierta en una “pequeña Iglesia doméstica donde Cristo reine en los corazones”. Esta declaración resalta la visión de De la Espriella de integrar valores espirituales en el tejido social y político de la nación.
La plegaria del presidente electo también abarcó las instituciones y autoridades civiles y militares del país. De la Espriella imploró para ellas “rectitud de conciencia, amor por la verdad, espíritu de servicio, sabiduría en las decisiones y firme compromiso con la justicia”. Asimismo, hizo un especial énfasis en la defensa de la vida, declarando: “Hoy ponemos bajo tu amparo el don sagrado de la vida. Que toda vida humana sea respetada, protegida y defendida desde su concepción hasta su muerte natural”. Con estas palabras, el líder entrante se comprometió a promover una “cultura de la vida, del amor y la solidaridad”, solicitando la ayuda divina para este fin.
Durante su homilía, Mons. Ramón Alberto Rolón, Obispo de Chiquinquirá, resaltó la devoción histórica a la Virgen de Chiquinquirá, recordando que ante su imagen “han orado los sencillos, los sabios, los gobernantes, los campesinos, los niños, los ancianos, las mujeres”. Dirigiéndose al presidente electo, el prelado enfatizó la responsabilidad que recae sobre sus hombros: “El pueblo colombiano ha puesto con su voto su confianza en usted, en su temple, en su prudencia para que dirija los destinos de esta nación. El pueblo ora por usted”, afirmó, un mensaje de apoyo espiritual y exhortación.
El Obispo Rolón también recordó el principio evangélico de que toda autoridad debe “ponerse bajo la luz de la voluntad divina, porque solo así puede orientarse al bien común, no al interés particular”. Esta reflexión subraya la importancia de la ética y la trascendencia en la gobernanza. Además, hizo un llamado a la conversión de los corazones de los colombianos, destacando que la paz “no es únicamente ausencia de violencia”, sino “una obra cotidiana que se edifica con respeto por la dignidad humana, por instituciones justas, con familias reconciliadas, con ciudadanos capaces de reconocerse como hermanos”. El prelado concluyó que esta tarea esencial “comienza en el corazón de cada uno cuando dejamos que la palabra de Dios convierta, purifique, nos enseña a mirar hacia el otro como hermano y no como enemigo”.
Este año, la celebración de la Virgen de Chiquinquirá adquiere un matiz especial, al conmemorarse 107 años de su coronación pontificia, un honor otorgado por el Papa Pío X en 1919. Además, es la primera vez que su día se celebra con el carácter de fiesta nacional, una designación oficializada por la Ley 2578 de 2026, sancionada a principios de junio por el gobierno. Este nuevo estatus legislativo, junto con la consagración del presidente electo, realza la importancia cultural y espiritual de la Virgen de Chiquinquirá para la nación colombiana, marcando un hito en el inicio de la nueva administración.








