9 julio, 2026

El Vaticano, bajo el pontificado de León XIV, está impulsando un cambio significativo en la manera en que la Iglesia Católica aborda la protección de las mujeres consagradas que han sido víctimas de abuso. A través de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores (PCPM), la Santa Sede busca llenar un vacío legal en el Derecho Canónico que, hasta ahora, ha dejado a muchas religiosas sin las salvaguardas adecuadas, al enfocarse primordialmente en menores y adultos con discapacidad. Este nuevo enfoque subraya la necesidad de reconocer y atender las complejas dinámicas de poder que subyacen a estas situaciones, trascendiendo la mera consideración de la edad o capacidad de las víctimas.

Tradicionalmente, la legislación eclesiástica y las estructuras de apoyo especializadas han operado bajo la premisa de que una mujer adulta y con formación posee la capacidad de defenderse o de dar su consentimiento. Sin embargo, esta perspectiva ignora las profundas asimetrías de poder y las circunstancias particulares dentro de las comunidades religiosas que pueden conducir a situaciones de abuso. “No puede ser solamente una etiqueta de adulto vulnerable”, afirmó Claudia Giampietro, canonista italiana que colabora con la PCPM. La experta, en declaraciones del 1 de julio, enfatizó que “tenemos que entender que hay situaciones de asimetrías, de poder, circunstancias, situaciones donde hay abuso y entonces son esas situaciones de vulnerabilidad en las que tenemos que profundizar”.

La PCPM, un organismo clave en la Curia Romana, trabaja en estrecha colaboración con diversos dicasterios, conferencias de religiosos y religiosas, e institutos de vida consagrada. Esta cercanía les permite una comprensión más profunda de una realidad multifacética: “Hay muchísimas circunstancias, situaciones y personas que pueden [afectar también] a religiosas, mayores de edad, no solo las jóvenes. Es necesario entender los contextos donde trabajan, donde desarrollan su ministerio dentro de las comunidades y también fuera”, señaló Giampietro, destacando la necesidad de una visión holística que contemple la diversidad de situaciones.

El camino hacia una mayor concienciación sobre los abusos contra las mujeres consagradas ha sido gradual. Durante el pontificado de Francisco, se dieron pasos importantes para romper el tabú, como el amplio reportaje publicado en enero de 2020 en *Donne, Chiesa, Mondo*, el suplemento femenino de *L’Osservatore Romano*. Este informe abordó explícitamente los abusos de poder y sexuales, y las dificultades que enfrentan muchas monjas. Años después, estudios como el de 2022, “Vulnerabilidad, abusos y cuidado en la vida religiosa femenina”, editado por la Hna. María Rosaura González Casas para la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR), comenzaron a cuantificar este fenómeno.

La investigación de la CLAR, basada en una encuesta a 1.417 religiosas de 23 países iberoamericanos, reveló datos preocupantes: el 19.8% declaró haber sufrido abusos sexuales, y más de la mitad experimentó algún tipo de abuso de poder por parte de superiores, sacerdotes u obispos. Además, el 14.3% señaló haber sido acosada por un sacerdote. La Hna. González Casas, decana del Instituto de Antropología (IADC) de la Pontificia Universidad Gregoriana, observó que, desde la publicación del estudio hace cuatro años, ha crecido una mayor conciencia. “Las hermanas son más conscientes y los obispos y sacerdotes también están más despiertos”, afirmó, aunque advirtió sobre la persistencia de un “machismo inconsciente y asimilado” que permea la vida religiosa y sacerdotal.

En un esfuerzo por fomentar el diálogo y la búsqueda de soluciones concretas, la PCPM organizará el II Encuentro Anual sobre la Prevención de los Abusos, dedicado específicamente a la Vida Consagrada. El evento, que tendrá lugar en Roma los días 9, 10 y 11 de diciembre de 2026, bajo el lema “Comunión, cuidado y justicia: relaciones mutuas para una misión compartida”, no será una conferencia académica al uso, sino un “laboratorio de trabajo” sinodal. Este foro reunirá a obispos, representantes de institutos de vida consagrada, dicasterios de la Curia y expertos para colaborar en mesas redondas y grupos de trabajo, buscando resultados tangibles bajo el liderazgo de Papa León XIV.

La Hna. Jacinta Ondeng, de la congregación School Sisters of Notre Dame en Kenia y directora de la Safeguarding Initiative for Catholic Sisters, una iniciativa de formación en África, ha sido invitada a participar en este encuentro. La religiosa enfatiza que “la salvaguarda debe ser una parte esencial de la vida comunitaria”. La Hna. Ondeng ha presentado un estudio inédito en África, realizado mediante una encuesta anónima entre febrero y marzo de 2026 a más de 140 religiosas, cuyos resultados se expusieron en la Conferencia Internacional de Salvaguarda (ISC) 2026 en junio.

Entre las conclusiones del estudio africano, la Hna. Ondeng destaca que el 35.5% de las congregaciones carecen de una política formal de salvaguarda, el 67.4% de las encuestadas identifican el miedo al estigma y la autoculpabilización como principales obstáculos para denunciar, y el 60.3% señala la ausencia de canales confidenciales. La religiosa subraya la necesidad de una supervisión efectiva por parte de los organismos competentes de la Santa Sede, especialmente para casos de África, donde a menudo se encubren situaciones por falta de seguimiento. “Cuando quede claro que el Vaticano está implicado en cuestiones que afectan a miembros de la vida consagrada, habrá cambios. La naturaleza humana responde a reglas claras”, aseveró.

La Hna. Ondeng propone la elaboración de directrices claras, similares a las establecidas por el Papa Francisco en su motu proprio *Vos estis lux mundi* para abusos a menores, que obligan a obispos y superiores a actuar. Su investigación también reveló testimonios sobre abuso psicológico, maltrato y chantaje emocional, así como el temor de muchas religiosas a ser expulsadas o a dañar la reputación de la institución. La falta de formación adecuada en prevención de abusos es otro factor crítico; aunque más del 95% ha recibido alguna, en muchos casos son cursos breves e insuficientes. “Se necesita mucha más preparación para que las religiosas católicas tengan la valentía de hablar”, insiste la Hna. Ondeng.

El Pontífice León XIV, a través de estas iniciativas, busca consolidar una cultura de transparencia y rendición de cuentas. Como concluye la Hna. Ondeng, “Toda la Iglesia debe comprender que la salvaguarda es un valor evangélico. No es algo impuesto desde fuera. El Evangelio nos pide promover la dignidad de cada persona, apoyar a quienes sufren y cuidar a los heridos”. El compromiso del Papa León y del Vaticano es claro: garantizar entornos seguros y justos para todas las mujeres consagradas, erradicando la cultura del silencio y el encubrimiento que ha permitido que tantos abusos permanezcan ocultos por demasiado tiempo.

Nuevos