2 octubre, 2022

Jueves después de Ceniza

 

Dt 30, 15-20

Sal 1

Lc 9, 22-25

 

 

¡Vaya manera de iniciar nuestro tiempo litúrgico de la Cuaresma! Nos dice el autor sagrado en el libro del Deuteronomio: “Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien o la muerte y el mal. Si cumples lo que yo te mando hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos, cumpliendo sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y te multiplicarás”.

 

Aquella decisión de Moisés ante su pueblo es la que el día de hoy debe de hacerse cada cristiano. Esto no es una decisión fácil, ya que nos resulta demasiado sencillo dejarnos llevar por las seducciones de la vida, por las situaciones por las que estemos pasando o por ciertas costumbres que hemos arraigado en nuestra existencia. Es más fácil, en definitiva, servir a otros dioses que al Señor.

 

Es por es que, al iniciar este tiempo de Cuaresma, debemos de elegir entre Dios y el mundo, entre aquellos dioses que no tienen el poder de darnos nada. Hoy se nos invita a hacer un alto en nuestra vida, a detenernos y reflexionar sobre nuestra existencia. Nos vendría muy bien preguntarnos: ¿cómo es mi estilo de vida? ¿Por cuál camino voy andando?

 

“¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo? ¿De qué nos sirve una vida llena de placer, de riquezas o comodidades, si el corazón está lejos del Señor? Uno puede ganarlo todo, pero al final acabará perdiéndolo todo, sabráquéha fracasado yquétristemente no ha sabido elegir entre el bien y la vida.

 

Cuando el corazón se aparta de Dios es cuando se toma un camino equivocado, se pierde el rumbo por donde se debe avanzar. El corazón toma la senda equivocada cuando no escucha, cuando se deja arrastrar por el mundo, cuando se vuelve egoísta. Cuidémonos de esos caminos los cuales son como pompas de jabón: muy bellas a la vista, pero que con el mínimo contacto estallan.

 

El camino que nos propone Jesús en el Evangelio, y que Él siguió, no es nada sencillo. De hecho, resulta ser bastante paradójico: obtener la vida a través de la muerte. Es un camino tan duro que exige saber amar, perdonar, ofrecerse a los demás. Es cierto, es un camino arduo de caminar, pero bien que vale la pena seguirlo.

 

La Pascua está llena de alegría, pero está cuesta arriba: debemos de subir hasta arriba, hasta la cruz. Cuesta demasiado, pero bien vale la pena, es más, vale la vida. Sabemos que todo amor supone renuncias, entrega y sacrificio. Si amamos a Dios, estaremos seguros y dispuestos a seguirlo, pues en el fondo nosotros mismo sabemos que Él “es el camino, la verdad y la vida” (cfr. Jn 14, 6).

 

Dios nos propone, en está Cuaresma, hacer una elección: cada uno de nosotros tiene la voluntad y libertad de tomar la decisión que desee: elegir entre la vida o la muerte; hacer el bien o el mal. Que en este camino cuaresmal podamos elegir el mejor camino, aquel que nos conduce a la salvación: Jesucristo.

 

 

Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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