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La ciudad de Bogotá reunió recientemente a 80 delegados de las diócesis colombianas en el tercer curso nacional de formación de exorcistas, en el que se abordaron aspectos como la cultura del cuidado y la prudencia que deben tener quienes llevan adelante este ministerio.
El canon 1172 del Código de Derecho Canónico establece que solo los sacerdotes autorizados por sus obispos pueden ejercer el ministerio de exorcismo, optando por un “presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad de vida”.
En ese sentido, el presidente de la Comisión Episcopal de Doctrina y Obispo Auxiliar de Medellín, Mons. José Mauricio Vélez, profundizó en estas cualidades para señalar que un exorcista se debe caracterizar por ser primero “un sacerdote de oración”.
"Ser un sacerdote con una vida espiritual digna, bella, loable, referenciada toda siempre en Cristo. Un sacerdote que frecuente la confesión para que la gracia de Cristo esté en él”, afirmó.
Además, debe ser “un sacerdote que tenga la pastoral de la buena escucha” y con "la posibilidad, desde sus capacidades, de velar en el buen criterio por darle orden a lo que en el corazón de una persona puede estar desordenado”.
“Un sacerdote con buen criterio que esté siempre en el discernimiento de saber cuándo es un tema psicológico, cuándo es un asunto psiquiátrico, cuándo en verdad es una posesión, y por eso debe saber conjugar estas realidades que hacen parte de una condición humana”, afirmó Mons. Vélez en un video de las redes sociales del Episcopado.
Poner en el centro el cuidado de la persona
En ese sentido, uno de los temas tratados en el curso fue la necesidad de que quienes ejercen o acompañan el ministerio del exorcismo eviten "generar nuevas afectaciones en personas que ya llegan a la Iglesia en condiciones de fragilidad”, informó la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) en su sitio web.
“Esto implica respetar su dignidad, intimidad y libertad; ofrecer una escucha adecuada; evitar actuaciones que puedan producir nuevas heridas y reconocer cuándo una situación requiere la intervención o el acompañamiento de otros profesionales”, añadió.
Otro de los aspectos tratados por los 80 delegados y conferencistas internacionales fue el discernimiento para "evitar atribuciones apresuradas de carácter espiritual frente a situaciones que pueden tener dimensiones psicológicas, psiquiátricas, médicas o sociales”. Para ello se recordó la necesidad de actuar siempre “con prudencia, rigor teológico, formación, oración y trabajo interdisciplinario”.
Además, se abordaron las “situaciones relacionadas con prácticas de ocultismo y algunas terapias alternativas, planteando la prevención y la formación de las comunidades como herramientas necesarias para que los fieles puedan desarrollar criterios de discernimiento frente a las distintas propuestas espirituales que encuentran en la sociedad contemporánea”.
También se habló acerca de evitar “posibles formas de abuso en el ejercicio del ministerio, incluidos aquellos que pueden surgir por desconocimiento, actuaciones inadecuadas o interpretaciones erróneas del ritual”.
En ese sentido, Mons. Rubens Miraglia Zani, exorcista de la Diócesis de Bauru (Brasil), invitó a fortalecer la vigilancia episcopal y la formación de quienes participan en este servicio. “No hacemos de nombre propio sino en nombre de la Iglesia y, por lo tanto, hay que seguir lo que nos pide la misma Iglesia”, afirmó el experto brasileño.








