

Participación ciudadana desde la fe
El presbítero colombiano Juan Felipe Quevedo ha enfatizado recientemente que los fieles católicos poseen el derecho legítimo de involucrarse activamente en los asuntos públicos de sus naciones. A través de una reflexión fundamentada en las enseñanzas evangélicas, el líder religioso abordó cómo los ciudadanos que profesan una religión deben asumir sus responsabilidades cívicas sin renunciar a sus convicciones espirituales.
Tomando como base la emblemática cita bíblica “Dad, pues, al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”, el clérigo analizó los límites y puntos de encuentro entre las instituciones religiosas y la administración gubernamental. Sus valoraciones fueron difundidas el pasado 28 de septiembre en el portal informativo El Catolicismo, dependiente de la Arquidiócesis de Bogotá.
La necesaria distinción institucional
El análisis profundiza en la conveniencia de preservar una sana separación entre la organización eclesiástica y el aparato estatal. No obstante, el párroco de la comunidad de Nuestra Señora de los Dolores —ubicada en el sector capitalino de San Bernardo— puntualizó que dicha autonomía no implica un aislamiento absoluto de los asuntos sociales.
Al estar conformada por ciudadanos de pleno derecho, la comunidad creyente mantiene opiniones, posturas y deberes dentro de la estructura cívica. En palabras del propio autor, “el hecho de profesar una fe no convierte al creyente en un ser ajeno a la dimensión política de la existencia humana”, validando así la intervención de los fieles en la esfera de la administración pública.
Independencia frente a las ideologías
Por otro lado, el sacerdote delimitó el radio de acción de la institución religiosa al recordar que su meta principal consiste en proclamar el mensaje cristiano y salvaguardar la dignidad de cada individuo. Por esta razón, advirtió sobre el peligro de vincular el proyecto espiritual con una postura partidista específica.
Ninguna corriente ideológica terrenal puede considerarse la materialización perfecta del Evangelio. Según el criterio expuesto, “ningún proyecto político humano puede identificarse completamente con el Reino de Dios”, debido a que las estructuras seculares cargan con imperfecciones capaces de generar tanto avances en equidad como focos de desigualdad, violencia o exclusión social.
Valores permanentes en la sociedad
Frente a las tensiones inherentes del ejercicio gubernamental, el ministerio religioso mantiene una postura de vigilancia profética. Su labor fundamental consiste en trasladar a la vida cotidiana principios como la justicia, la dignidad, la solidaridad, la verdad, el amor y la defensa de los más vulnerables.
Esta independencia funcional otorga a la institución la libertad necesaria para “denunciar aquellas situaciones de injusticia, violencia, exclusión o vulneración de derechos que contradicen el Evangelio”, manteniendo firme su compromiso con los sectores más desprotegidos de la población.
Finalmente, el artículo concluye recordando la naturaleza esencial del colectivo creyente apoyándose en las palabras del pontífice actual. “La Iglesia no es una ONG, sino una historia de amor”, expresó el Papa Francisco, reiterando que la búsqueda de una convivencia armónica y justa exige reconocer la primacía de la dignidad humana por encima de cualquier conveniencia partidista o interés temporal.








