30 septiembre, 2026

El Papa bendice a un niño desde el papa-móvil antes de comenzar la Audiencia General de este miércoles. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News.

Durante la Audiencia General celebrada este miércoles, el papa León XIV calificó de auténtico “gran regalo” su reciente visita pastoral de cuatro días a Francia. Ante los fieles reunidos, el Pontífice resumió las vivencias de su viaje bajo un concepto central: la idea del renacimiento, inspirada fundamentalmente en el proceso de recuperación del templo parisino más emblemático.

La restauración de Notre-Dame como símbolo de unidad

El Obispo de Roma explicó que todo el recorrido apostólico puede comprenderse a través de la imagen de la reconstrucción de la Catedral de Notre-Dame de París. Recordó que el templo, gravemente dañado por un devastador incendio ocurrido hace siete años, parecía condenado, pero hoy se alza de nuevo con un esplendor renovado gracias a la cooperación conjunta.

Según detalló el Santo Padre, este hito arquitectónico demuestra la eficacia del esfuerzo coordinado entre la Iglesia, el Estado, las diversas instituciones públicas y los ciudadanos. Al respecto, pronunció la siguiente reflexión: “Esta dinámica ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como las competencias de los profesionales y los artesanos”, exhortando a que esta sinergia en favor del bien común sea la norma en las altas esferas de responsabilidad.

Tolerancia cero y cercanía con las víctimas de abusos

En otro de los pasajes de su intervención, el Sumo Pontífice hizo mención al encuentro privado que mantuvo el pasado domingo en la residencia episcopal de Lourdes con siete víctimas de abusos clericales. La reunión, que se prolongó durante dos horas, sirvió para reiterar la postura firme de la institución eclesiástica frente a esta problemática.

Transmitiendo el mensaje que le trasladaron los afectados, el Papa reafirmó el deber ineludible de la Iglesia: “En este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellas mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos”.

Una nueva generación llena de vitalidad

Al recordar la masiva vigilia de oración junto a miles de jóvenes en el Stade de France, el líder católico destacó la profunda energía espiritual que percibió en las nuevas generaciones del país galo, señalando un incremento notable en las solicitudes de bautismo entre adultos y adolescentes.

“La Iglesia no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él”, aseveró el Pontífice ante la multitud, añadiendo que aquellos muchachos y muchachas demostraron un sincero anhelo de verdad y amor, al punto de definirlos con entusiasmo: “¡Vosotros sois los santos de Francia! Esa vigilia fue una gran señal de esperanza”.

Lourdes y el valor inviolable de la vida

El paso del Papa por el santuario mariano de Lourdes le permitió incidir en la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad. El Pontífice abogó por resguardar la vida humana ante cualquier circunstancia adversa o enfermedad.

En este sentido, enfatizó que “toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva su dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada y aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con los medios que ofrece la ciencia”, consolidando a dicho enclave como un referente mundial de la cultura del afecto y la solidaridad.

Unidad europea y fraternidad

La última parada de la agenda papal tuvo lugar en la localidad de Metz, un territorio fuertemente marcado por los estragos bélicos del siglo pasado y estrechamente ligado al legado de Robert Schuman. Allí, León XIV abogó por recuperar los cimientos democráticos y pacíficos del continente europeo, impulsando además el entendimiento interreligioso mediante la firma del Llamamiento de Metz por el diálogo y la paz.

El viaje concluyó bajo el lema evangélico Pour que le monde ait la vie, con el deseo expreso de que la peregrinación deje huellas profundas y constructivas tanto en el tejido eclesial como en la sociedad civil francesa.

Nuevos