9 julio, 2026

Una madrugada del 7 de julio de 2026, la centenaria Parroquia de los Santos Cosme y Damián, un emblema arquitectónico y espiritual en la Ciudad de México, se convirtió en escenario de un lamentable suceso que ha conmocionado a su comunidad. Un grupo de individuos sustrajo tres valiosas esculturas de bronce y varias placas conmemorativas que adornaban el atrio del templo, constituyendo un duro golpe al patrimonio artístico y al esfuerzo de recuperación que el párroco, el Padre José de Jesús Aguilar, ha liderado durante años.

El robo, perpetrado en torno a las 4:00 de la mañana, fue captado por las cámaras de seguridad del recinto. En las imágenes, posteriormente difundidas por el propio Padre Aguilar a través de sus redes sociales, se observa a un hombre ingresar al atrio. Dadas las dimensiones y el considerable peso de las piezas de bronce, el perpetrador tuvo que forzar y romper el candado y la cadena de la reja principal para poder retirarlas del lugar. La precisión de la operación sugiere una planificación previa, lo que añade una capa de preocupación sobre la vulnerabilidad del patrimonio eclesiástico.

Entre las obras de arte robadas figuran dos esculturas de ángeles que, con conmovedora ternura, abrazaban la figura de un niño. Estas piezas no eran meros adornos; fueron concebidas como un sentido homenaje a los menores que han fallecido a causa del cáncer, cargadas de un profundo significado emotivo y espiritual para los feligreses y visitantes. La tercera escultura, también de bronce, se inspiraba en la singular obra de la reconocida artista surrealista española Remedios Varo, quien fuera vecina de la zona durante su exilio en México. Además de estas esculturas, los ladrones se llevaron varias placas de bronce que proporcionaban contexto y explicación sobre el significado y la historia de las obras exhibidas en el jardín parroquial, privando así a los visitantes de una parte esencial de la experiencia cultural.

En declaraciones a medios locales como Televisa, el Padre Aguilar lamentó profundamente lo ocurrido, estimando el valor de las esculturas en aproximadamente 150.000 pesos mexicanos, lo que equivale a unos 8.500 dólares estadounidenses. Sin embargo, su mayor preocupación no radica en el valor monetario intrínseco de los metales, sino en la alta probabilidad de que los delincuentes comercialicen las obras únicamente por el peso del bronce, despojándolas de su incalculable valor artístico, histórico y sentimental. “Ayúdenme por favor a difundir este robo”, fue el clamor del sacerdote en su llamado a la comunidad, evidenciando la angustia y la impotencia ante el despojo.

Este incidente representa un severo retroceso para el proyecto de recuperación artística de la parroquia, una iniciativa impulsada con pasión por el Padre Aguilar desde su nombramiento como párroco en 2004. El templo de los Santos Cosme y Damián, cuya construcción se inició en 1672 y fue dedicado en 1675, es mucho más que un lugar de culto; es un monumento histórico con profundas raíces en la narrativa de la Nueva España. Según datos de la Arquidiócesis de México, este punto fue crucial como base de partida para los misioneros que, desde el Virreinato, se embarcaban en las largas y peligrosas travesías hacia las Filipinas.

El sacerdote ha liderado una restauración integral del recinto a lo largo de los años, buscando no solo preservar su venerable estructura, sino también revitalizar su espíritu y su vínculo con la comunidad a través del arte. Su visión era transformar el atrio y los jardines en un espacio de contemplación y expresión cultural. Como él mismo expresó, el objetivo era “embellecer el lugar con esculturas como esta en bronce”, haciendo de la parroquia “un lugar de fe, pero también de arte y a través de las esculturas, también de conciencia y acercamiento a los necesitados”. La colocación de estas piezas buscaba crear un diálogo entre la espiritualidad y la expresión humana, ofreciendo un refugio tanto para la devoción como para la apreciación estética.

A pesar de la desazón generada por el robo, la investigación policial ha avanzado. De acuerdo con informes de TV Azteca, un hombre ha sido detenido en relación con estos hechos. No obstante, y para desolación de la comunidad y del Padre Aguilar, las valiosas esculturas y las placas conmemorativas aún no han sido recuperadas. La esperanza de que estas obras regresen a su hogar y continúen cumpliendo su propósito de embellecer y concientizar a los feligreses y visitantes permanece viva, mientras la parroquia enfrenta la difícil tarea de recomponer su patrimonio y su espíritu.

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