24 septiembre, 2022

Eusebio nació en la isla de Cerdeña a finales del siglo III..  Al morir su padre, su madre lo llevó a vivir a Roma, donde el Papa Liberio lo tomó bajo su protección, lo educó y lo ordenó de sacerdote. Poco después en la ciudad de Vercelli, al norte de Italia, murió el obispo, y el pueblo y los sacerdotes proclamaron a Eusebio como el nuevo obispo, por su santidad y sus muchos conocimientos.


Fue obispo de Vercelli durante 28 años. Para San Eusebio una de sus  más importantes preocupaciones y anhelos a la vez era conseguir que sus sacerdotes llegaran a la santidad. Durante esta época de su episcopado, la Iglesia vivía una época muy difícil. El emperador Constancio parecía como olvidar la era de tolerancia y paz iniciada por su padre Constantino con el Edicto de Milán.  Surgen controversias teológicas entre ellas el arrianismo, condenado en el Concilio de Nicea (325), hubiera desaparecido sin la ayuda que le prestó el Emperador.

En el sínodo de Arles (353) triunfó de nuevo la herejía. El papa Liberio quiso, sin embargo, arreglar el problema  de  un modo pacífico. Comisionados Eusebio de Vercelli y Lucifer, Obispo de Cagliari (principios del año 354), lograron de Constancio que fuera convocado un sínodo, para el año siguiente, en Milán. Existían dos problemas básicos: el reconocimiento de la fe de Nicea y la defensa de San Atanasio, luchador en la defensa de la fe. Mas la mayoría arriana, dirigida por Ursacio de Singidom y Valenta de Mursa, impuso sus criterios al Concilio.

Quienes se resistieron, como Osio de Córdoba, Eusebio de Vercelli y Lucifer de Cagliari, fueron desterrados. A Eusebio de Vercelli se le condenó al destierro en Escitópolis de Palestina, bajo la vigilancia del obispo arriano Patrófilo. En Escitópolis, cayó en manos de uno de los hombres más crueles del arrianismo, llegando al extremo de no suministrarle cosa alguna de alimento durante varios días. Pero los adeptos y fieles hijos de Vercelli, expusieron su vida, haciendo llegar a su amado pastor limosnas para aliviar sus necesidades, así como cartas llenas de filial afecto e interés por su estado de salud física y espiritual. Enterados de ello los arrianos, recrudecieron los castigos y los malos tratos.

Al morir el emperador Constancio, el nuevo emperador Juliano el Apóstata concedió a los obispos el derecho de regresar del destierro y a sus respectivas sedes. Entonces es cuando empieza para Eusebio una nueva etapa llena de esplendor. Apoyado por el Papa, visita las iglesias de Oriente en las cuales la herejía había hecho grandes estragos. En todas ellas el san Eusebio  deja las huellas de su celo apostólico; prepara y ordena sacerdotes y obispos capaces de defender la ortodoxia y atacar el error.

Concluida esta difícil expedición, de la cual consiguió positivos resultados, por su tenacidad, competencia y sacrificios, emprende el ansiado retorno a su querida diócesis de Vercelli, donde es recibido como el gran defensor de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. San Eusebio muere  probablemente, en Vercelli (Italia), en el año 371.

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