9 diciembre, 2022

José Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán (México). Fue el último de varios hermanos. Desde pequeño dio muestras de fervor religioso y compromiso con el catolicismo de su país, amenazado por el anticlericalismo. Como muchos chicos católicos de su edad se unió a las ACJM (Asociación católica de juventud mexicana).

Ley Calles

En 1926, las leyes anticlericales del gobierno del presidente de México, Plutarco Elías Calles, obligaron a la Iglesia Católica a suspender el culto público en el país. En ese momento, José tenía apenas trece años y cinco meses.

Como respuesta a las disposiciones gubernamentales orientadas a restringir la libertad religiosa, laicos, presbíteros y religiosos decidieron levantarse en armas en defensa de la fe católica. A este grupo de valientes amantes de la fe se les denominó “cristeros”. José, a pesar de su corta edad, terminaría formando parte del grupo.

La orden del Presidente Calles fue acabar con el levantamiento e imponer a cualquier costo la denominada “Ley de tolerancia de cultos”. La violencia con la que arremetió el gobierno mexicano desató una guerra civil que no tardó en convertirse en un baño de sangre, siendo las milicias cristeras las que llevaron la peor parte.

A esta guerra se le conoce como la “Guerra Cristera” o “Cristiada”; y se estima que fueron 250 mil personas las que perdieron la vida a causa de este conflicto, entre los años 1926 y 1929.

El ‘fruto maduro’ de los Sánchez del Río

Los hermanos de José decidieron unirse al grupo levantado en armas, pero dada la corta edad de José, su madre le prohibió que hiciese lo mismo. A pesar del intento por disuadirlo, la mujer solo logró sacar del pequeño las palabras que hoy lo identifican: “Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión”.

“Joselito”, como también lo llamaban, se enlistó como soldado del general Prudencio Mendoza, jefe de la milicia cristera, con el deseo de contribuir a la defensa de la causa de Cristo y de su Iglesia.

¡Viva Cristo Rey!

El 6 de febrero de 1928 se produjo un duro combate entre los cristeros y el ejército mexicano. Tras la batalla, San José Sánchez del Río fue capturado en Cotija y lo llevaron a la parroquia de Sahuayo, donde lo encerraron. Fue allí donde José escribió la célebre carta de despedida a su madre. El día 10 lo sacaron rumbo a las instalaciones cercanas del ército federal para torturarlo. Ese sería su último día de vida. José tenía 14 años de edad. Sus verdugos, todos oficiales del gobierno del presidente Calles, le exigieron que reniegue de su fe; petición a la que el jovencito jamás accedió. Entonces le desollaron la planta de los pies y así lo condujeron descalzo hasta el lugar donde se hallaba la que sería su tumba. Mientras caminaba, José Luis rezaba y gritaba “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”.

Fue colgado de un árbol ubicado frente al hoyo en tierra donde luego tiraron su cuerpo. Mientras era sometido al ahorcamiento le daban de puñaladas. Finalmente, uno de los verdugos -al que llamaban ‘el Zamorano’- lo bajó y le preguntó qué mensaje quería que se le dé a sus padres. El niño respondió: “Que viva Cristo Rey, y que en el cielo nos veremos”. Oída la respuesta, el hombre le dio un tiro en la sien.

Cristiada

San José Sánchez del Río fue beatificado en Guadalajara (México) el 20 de noviembre de 2005 por el Cardenal José Saraiva Martins, y canonizado en Roma (Italia) por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016 junto a otros seis beatos, entre ellos el argentino Cura Brochero.

En el año 2012 se estrenó “Cristiada”, una película que hace un recuento de varios momentos importantes de la Guerra Cristera y, en particular, de la vida del Beato Anacleto González, de San José Sánchez del Río y de otros santos mártires mexicanos.

Fuente: ACI Prensa

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