28 septiembre, 2022

El don de la vida

De acuerdo a la tradición, los padres de Apolonia no podían tener hijos. Como eran paganos, invocaron a numerosos dioses con el propósito de ganar su favor y así  tener descendencia. Sin embargo, los años pasaron y ellos seguían sin concebir.

Cuando ya habían perdido la esperanza de ser padres, la futura madre de Apolonia oyó hablar de la Virgen María a un grupo de cristianos. La mujer, entonces, en su desesperación, pidió a quien llamaban Madre de Dios que le concediera el favor de concebir un hijo. Al poco tiempo la mujer quedó embarazada de Apolonia. El inmenso don recibido movió a los padres de la santa a acercarse al cristianismo.

Unos años más tarde, siendo Apolonia todavía una niña, escuchó de boca de su madre la historia de su nacimiento y decidió también ella abrazar la fe cristiana.

“Le rompieron todos los dientes a golpes” 

En tiempos del emperador Felipe el Árabe (249 D.C.), máxima autoridad imperial en Alejandría, se inició una nueva persecución contra los cristianos. Aquellos que profesaban la fe en Cristo solían ser arrastrados fuera de sus casas, asesinados y sus propiedades saqueadas. A los cristianos se les solía acusar de atraer el mal augurio y muchos hablaban de profecías sobre desastres y tragedias a causa suya, porque su presencia irritaba a los dioses.

Fue en ese contexto que Apolonia terminó en manos de los soldados del emperador. San Dionisio, obispo de Alejandría, relata su martirio:

“La capturaron y le rompieron todos los dientes a golpes. Construyeron una hoguera en las afueras de la ciudad, y la amenazaron con quemarla viva si se negaba a repetir palabras impías luego de ellos (ya fuese blasfemias contra Cristo, o una invocación a los dioses paganos)”. Luego, el Patriarca continúa: “Al otorgársele un respiro, pedido por ella, se lanzó rápidamente al fuego y ardió hasta morir”.

Lo que es de Dios se defiende con la vida

Ya en la antigüedad llamó mucho la atención, o fue causa de cierta polémica, que algunos santos, como Apolonia, hayan adelantado -por decirlo de algún modo- su propia muerte.

Al respecto, San Agustín dice los siguiente en el primer libro de “La Ciudad de Dios”: “Se dice que en tiempos de persecución se supo de ciertas santas mujeres que se sumergieron en el agua con la intención de ser arrastradas por las olas y ahogarse, y así preservar su castidad amenazada”.

Agustín añade: “Aunque abandonaron la vida de este modo, no obstante, reciben el alto honor como mártires en la Iglesia Católica y sus fiestas se observan con gran ceremonia”.

Y luego concluye: “Este es un tema sobre el que no me atrevo a juzgar a la ligera, pues yo sólo sé que la Iglesia fue autorizada por Dios a través de revelaciones confiables para honrar así la memoria de estos cristianos. Puede ser que este sea el caso”…. “¿Podría ser también que éstos actuaron de tal manera, no por capricho humano sino por mandato divino, no erróneamente, sino por obediencia, a través de la obediencia, como lo debemos creer en el caso de Sansón? Sin embargo, cuando Dios da una orden y la da a conocer claramente, ¿quién podría juzgar la obediencia en ello como un crimen o condenar tal devoción piadosa y servicio efectivo?”

Volviendo a la narración de Dionisio, en ella no se sugiere el menor reproche a la decisión de Santa Apolonia; a sus ojos, ella era tan mártir como las demás, y como tal fue venerada en la Iglesia de Alejandría.

La tradición iconográfica representa a la joven mártir sosteniendo unas pinzas que aprietan un diente.

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