

Durante la Audiencia General el miércoles 30 de septiembre, el joven guatemalteco Diego Martínez, presidente de la Asociación Yo Quiero la Paz del Mundo, presentó y entregó al Papa León XIV, un lienzo con el título Árbol de la Paz, pintado con las huellas tanto de niños y niñas en situación de vulnerabilidad. Crédito: Cortesía Diego Martínez.
Lo que a primera vista se percibe como una obra pictórica elemental —un olivo compuesto enteramente mediante la técnica de dactilopintura— albergaba en realidad las profundas ilusiones de 30 menores de edad procedentes de Guatemala que sueñan con un mañana pacífico para su nación. Esta significativa pieza artística arribó al Vaticano para ser entregada directamente al Papa León XIV tras concluir la tradicional Audiencia General llevada a cabo el 30 de septiembre de 2026 en la emblemática Plaza de San Pedro.


El impacto de la obra ante el Pontífice
Sobre el encuentro con el Obispo de Roma, Diego Martínez, máximo representante de la organización Yo Quiero la Paz del Mundo, detalla que la reacción del líder de la Iglesia Católica estuvo marcada por la receptividad y la sensibilidad humana. “El Papa mostró gran empatía y admiración. Se conmovió al saber que estos niños, a pesar de sus difíciles circunstancias, tienen un fuerte deseo de contribuir a la paz y de ser parte del cambio positivo”, expresa a ACI Prensa el joven activista.
Fundada en territorio guatemalteco en el año 2019, la mencionada agrupación persigue el objetivo primordial de incentivar la participación activa de las nuevas generaciones en los procesos de pacificación comunitaria, utilizando herramientas pedagógicas y expresiones artísticas como vehículos de transformación social.
Dentro de sus líneas de acción destaca el apoyo económico a estudiantes de zonas rurales y marginales. “Hemos becado a jóvenes de áreas marginales y rurales, para que puedan concluir sus estudios primarios y básicos, y lograr ingresar a la universidad y buscar mejores opciones de trabajo digno”, puntualiza Martínez sobre la labor que ha permitido transformar realidades complejas en el país centroamericano.


Arte frente a la sombra del conflicto
Los resultados de esta estrategia educativa ya muestran indicios favorables en las comunidades intervenidas. Los portavoces de la entidad señalan una reducción palpable en los índices de criminalidad locales, demostrando que el acceso a la instrucción escolar fomenta espacios de diálogo constructivo y oportunidades de superación personal.
Cada una de las marcas plasmadas en el lienzo provienen de los dedos de menores cuyas infancias han estado marcadas por contextos de exclusión y adversidad severa. “Lo realizaron niños provenientes sobre todo de comunidades marginales e indígenas, en donde las situaciones socio-económicas son muy precarias”, profundiza el líder juvenil.
Estas dificultades sociales y estructurales en Guatemala guardan una estrecha relación histórica con las secuelas del prolongado conflicto armado interno que afectó a la nación entre 1960 y 1996. Superar esta herencia colectiva requiere un esfuerzo constante frente a la violencia endémica y las deficiencias del sistema educativo formal.
Un reconocimiento internacional para la infancia
A pesar de las limitaciones materiales, el valor simbólico de la iniciativa ha trascendido las fronteras nacionales. Para Martínez, el proyecto ha logrado consolidar la autoestima de los participantes, dotándolos de un profundo sentido de propósito y demostrándoles que sus opiniones y esperanzas poseen relevancia en el escenario global.
La trayectoria de Diego Martínez en el activismo social comenzó a temprana edad. Cuando apenas contaba con 18 años, encabezó una iniciativa ciudadana que recolectó más de 600.000 firmas con el propósito formal de solicitar una visita pastoral del Papa Francisco a Guatemala. Posteriormente, en 2019, se integró formalmente a la Red Mundial de Oración del Papa en el subcontinente americano, y su labor humanitaria fue distinguida por el Ministerio de Cultura y Deportes al nombrarlo oficialmente embajador de la Paz.








