Veinte sacerdotes asesinados durante la Guerra Civil son beatificados en una ceremonia histórica en Ibiza
La Iglesia católica elevó este sábado a los altares a 20 presbíteros diocesanos que perdieron la vida en el año 1936 a causa de la persecución religiosa desatada durante el conflicto bélico español. Las investigaciones oficiales de la Santa Sede determinaron que el único motivo de las ejecuciones estuvo vinculado estrictamente a su condición sacerdotal.
Desde el Dicasterio de las Causas de los Santos se subrayó que los registros documentales e historietas de la época descartan cualquier otra motivación detrás de los crímenes. Los religiosos formaban parte del clero secular de las islas, que en aquel entonces contaba con 53 sacerdotes en total, y su memoria litúrgica quedó fijada en el calendario para el 6 de noviembre.
El listado completo de los nuevos beatos incluye a Juan Torres Torres —quien encabeza la causa—, Antonio Tur Costa, Antonio Roig Guasch, José Tur Bennassar, Miguel Planells Tur, José Ramón Escandel, Sala Joaquín Cirer, José Riera Bonet, Antonio Cardona Vingut y José Torres Torres.
La nómina se completa con Mariano Roig Marí, José Ferrer Guasch, Antonio Marí Torres, Ignacio Serra Riera, Antonio Ramón Orvay, Mariano Escandell Roig, Miguel Riera Bonet, Andrés Tur Tur, José Tur Ferrer y José Serra Ribas.
Una eucaristía multitudinaria presidida por el cardenal Marcello Semeraro
La ceremonia solemne tuvo lugar en la Catedral de Ibiza y estuvo encabezada por el Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, acompañado por diversos obispos y un numeroso grupo de presbíteros. De acuerdo con los registros eclesiásticos, este acontecimiento litúrgico representa la primera beatificación celebrada formalmente en las Islas Baleares.
Durante su homilía ante los fieles reunidos, el purpurado reflexionó sobre el significado del testimonio cristiano frente a la adversidad. Según consignó el Vaticano, el purpurado puntualizó que no se trataba de ensalzar fortalezas humanas desmedidas, sino de valorar la constancia de quienes mantuvieron el afecto intacto sin dejar que el rencor dominara sus acciones.
El enviado papal enfatizó asimismo que la entereza de estos religiosos no provenía de una supuesta invulnerabilidad, sino de la profunda convicción de sentirse persistentemente respaldados por la fe cristiana. En la parte final de su mensaje, exhortó a los presentes a pedir la gracia de sostener el afecto y la lealtad en los momentos de mayor complejidad social.
Detalles históricos de la persecución y el martirio en Formentera e Ibiza
La ofensiva contra los religiosos se desencadenó entre los meses de agosto y septiembre de 1936, período en el cual las fuerzas republicanas impusieron restricciones severas a las prácticas religiosas, clausuraron templos y destruyeron patrimonio eclesiástico tanto en Ibiza como en Formentera.
Entre los casos más emblemáticos figura el de Juan Torres Torres, el más joven del grupo, quien apenas sumaba dos meses de ordenación sacerdotal cuando fue detenido y sentenciado. Al momento de su ejecución, registrada el 7 de agosto de 1936, pronunció exclamaciones de fidelidad religiosa.
Por su parte, Antonio Tur Costa fue capturado junto a familiares cercanos tras desarrollar una intensa labor pastoral. Pese a las presiones para que renegara de sus convicciones, el presbítero se mantuvo firme y fue fusilado el mismo día. En circunstancias similares, Antonio Roig Guasch sufrió agresiones físicas en una prisión improvisada en Formentera antes de ser ultimado por negarse a blasfemar.
El resto de los religiosos sufrió reclusión en el Castillo de Ibiza, siendo ejecutados de manera masiva el 13 de septiembre tras un ataque armado que dejó numerosas víctimas en la zona. Tras permanecer inicialmente sin sepultura formal, los restos mortales fueron trasladados al cementerio municipal y, posteriormente, el 29 de octubre de 1940, reubicados de forma definitiva en el interior de la Catedral insular.








