Víctimas francesas de abusos alaban la cercanía y profunda atención del Papa León XIV tras una cumbre en Lourdes
Un grupo de afectados por agresiones eclesiásticas en territorio francés se reunió recientemente con el máximo pontífice en la ciudad de Lourdes. Tras el cónclave, los asistentes compartieron su experiencia con la prensa internacional, donde resaltaron el alto nivel de empatía y la profundidad de la escucha demostrada por el líder católico durante las conversaciones privadas y grupales.
La cita institucional, que se extendió por un periodo aproximado de dos horas, fue estructurada de manera meticulosa durante las semanas previas entre los sobrevivientes y la máxima autoridad eclesiástica. El formato contempló un espacio individual para cada asistente de unos 15 minutos en promedio, seguido de una plenaria colectiva para debatir problemáticas estructurales.
Una actitud de genuino interés y rigor analítico
Jérôme Guillement, quien sufrió agresiones físicas y psicológicas por parte de un clérigo durante su niñez, describió el primer tramo del cónclave como un intercambio de gran intensidad emocional. “Recibió muchas peticiones, escuchó historias detalladas. Y lo que se puede decir sencillamente es que hemos sentido a un hombre auténticamente a la escucha. Rara vez he encontrado a alguien que tuviera una escucha tan profunda”, resaltó el afectado ante los medios.
Asimismo, el sobreviviente destacó el perfil analítico del jerarca romano: “Es un jurista de formación académica. Estaba al corriente de mi historia y planteó preguntas muy precisas”. Según su perspectiva, el pontífice posee una sólida conciencia sobre la complejidad de la crisis institucional que atraviesa la Iglesia a nivel global.
“Así que se siente que es alguien que ha trabajado antes y trabajará después. Y percibí que es un hombre comprometido, de hecho habló de compromiso. También sentí que era un hombre decidido. Sabe que este cambio, esta transformación requerirá tiempo”, añadió Guillement, quien también advirtió que el líder religioso “no es ingenuo” y comprende perfectamente la necesidad de mantener una vigilancia constante frente a futuras incidencias.
Alivio y expectativas de transformación institucional
Por su parte, Véronique Garnier, representante del colectivo Foi & Résilience y víctima de su antiguo párroco en la localidad francesa de Nancy, expresó una profunda sensación de liberación tras haber expuesto su testimonio. La asistente remarcó que la presencia del obispo de Roma genera esperanzas tangibles de renovación dentro de las estructuras eclesiásticas.
“No nos escuchaba de manera superficial, con bonitas palabras a las que nunca sigue gran cosa. El cambio creo que es su profundidad de su presencia, algo no verbal, su escucha, la manera en que acogía lo que nos contábamos, las reacciones respecto a lo que le decíamos”, detalló la activista.
Empatía profunda y conexión con las historias de dolor
Olivier Mardi, miembro fundador de la organización Voix Libérées, indicó que el Sumo Pontífice manifestó haber quedado profundamente conmovido tras escuchar los casos. Según su relato, el Papa aseguró estar impactado y aludió a heridas que continúan sangrando, estableciendo paralelismos emocionales con reuniones previas sostenidas con sobrevivientes de origen español.
En la misma línea, Bertrand Virieux, cofundador de la agrupación La Parole Libérée, enfatizó que la atención prestada a los detalles mínimos demuestra un genuino interés por parte del mandatario vaticano. A su juicio, este nivel de interlocución le otorga argumentos para afirmar que el encuentro lo ha reconciliado en lo personal.
Gestos que trascienden décadas de distancia con la fe
Uno de los testimonios más impactantes fue el aportado por Jean-Marie Delbos, sobreviviente de los graves sucesos ocurridos en el colegio Notre-Dame de Bétharram. El afectado relató que, al quebrarse emocionalmente tras pedirle una bendición para su madre, el Papa lo envolvió en un abrazo que lo conmovió profundamente, logrando un impacto extraordinario en alguien que se declaraba agnóstico desde hace 65 años.
“Hoy he ido a Misa por primera vez después de 60 años. Ya en la Misa, cuando vi al Papa… tuve momentos de emoción. Les juro que, cuando nos reunió y dijo ‘los bendigo’, bueno, hice la señal de la cruz. Incluso yo, que soy notoriamente ateo”, confesó Delbos ante los periodistas presentes.
Para finalizar, los voceros de los colectivos de víctimas coincidieron en que, si bien el proceso de reforma estructural será largo y exigirá un esfuerzo sostenido, las señales de empatía y compromiso emitidas desde el Vaticano representan un punto de inflexión histórico en la búsqueda de justicia y reparación para los afectados.








