27 septiembre, 2026

Retrato de los sacerdotes mártires de Monte Sole en la Basílica de San Petronio en Bologna (Italia). Crédito: Chiesa di Bologna.

La Iglesia católica ha elevado a los altares a tres sacerdotes que entregaron su vida de forma voluntaria para asistir a sus comunidades durante uno de los episodios más oscuros de la Segunda Guerra Mundial en territorio italiano. Los religiosos Ubaldo Marchioni, Elia Comini y Martino Capelli fueron beatificados en una emotiva ceremonia llevada a cabo en la ciudad de Bologna.

Los trágicos hechos ocurrieron en el contexto de la masacre perpetrada en la zona montañosa de Monte Sole, situada en la provincia boloñesa. Entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre de 1944, tropas de las fuerzas alemanas acabaron con la vida de 770 personas, incluyendo a los nuevos beatos, en una ofensiva militar destinada a aplastar a la resistencia partisana local.

Los pasos y el sacrificio de los nuevos beatos

El padre Ubaldo Marchioni, nacido en 1918 y ordenado en 1942, asumió sus funciones pastorales en San Martino de Caprara poco antes de la tragedia. Durante la incursión de las SS en el santuario de Casaglia el 29 de septiembre, prefirió mantenerse junto a los feligreses refugiados y fue baleado en los propios escalones del altar. Como testimonio de aquel dolor, la comunidad monástica de Dossetti custodia en la actualidad un copón perforado por impactos de bala hallado entre los escombros. Años más tarde, el padre del religioso protagonizó un histórico gesto al perdonar al oficial nazi responsable del operativo.

Por su parte, Elia Comini (nacido en 1910) y Martino Capelli (nacido en 1912) habían consolidado una estrecha colaboración pastoral en la localidad de Salvaro. Ambos fueron fusilados de manera conjunta el 1 de octubre de 1944 tras auxiliar a personas moribundas en Creda. Antes de su trágico final, Capelli, quien albergaba el sueño de misionar en China, bendijo a los presentes y ofreció su perdón, mientras que Comini había dejado testimonio de su vocación al señalar que quienes se acercasen a él debían hallar al servidor y ministro de Jesús.

Una multitudinaria eucaristía en Bologna

Los solemnes ritos de beatificación tuvieron lugar en una abarrotada Basílica de San Petronio. La eucaristía estuvo presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, quien actuó en representación pontificia. Del altar participaron más de 150 concelebrantes, entre ellos el arzobispo local, el cardenal Matteo Zuppi, y el cardenal Ángel Fernández Artime.

Durante la homilía, el cardenal Zuppi recordó la actitud asumida por los religiosos: “Nuestros nuevos beatos no permanecieron neutrales; se quedaron con sus hermanos y hermanas. ‘Debemos tocar la carne de los que sufren, mirar sus rostros, escuchar sus historias y reconocer sus heridas’, nos dice el Papa León XIV. Nuestros tres beatos nos enseñaron cómo hacerlo: se quedaron y cumplieron la voluntad del Padre”.

El verdadero sentido del martirio

Por su parte, el cardenal Semeraro profundizó en el significado espiritual de la entrega de los sacerdotes al afirmar que “el secreto de los mártires no es el heroísmo, sino el amor que se entrega por completo”.

El purpurado explicó que, a pesar de contar con la oportunidad de huir y poner a buen resguardo su integridad física, los tres eclesiásticos optaron deliberadamente por compartir la suerte de sus feligreses. De este modo, según indicó el delegado papal, se reflejó plenamente la figura evangélica del Buen Pastor que no abandona a sus ovejas ante el peligro.

La celebración concluyó destacando que el sacrificio de estos pastores representa la imagen de una institución eclesial firme, solidaria con el dolor ajeno y dispuesta a permanecer junto a los vulnerables hasta las últimas consecuencias.

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