

El Papa León XIV presidió este 27 de septiembre el rezo del Rosario y la procesión de Antorchas en el Santuario de Lourdes. | Crédito: Daniel Ibáñez/EWTN.
Durante la tercera jornada de su visita oficial a territorio francés, el máximo jerarca de la Iglesia Católica presidio las tradicionales actividades marianas en el célebre Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, un recinto de profunda devoción que forma parte del patrimonio cultural inmaterial de la nación europea.
Un recorrido iluminado por la fe
Antes de dar inicio formal a la ceremonia, el sumo pontífice permaneció en oración silenciosa frente a la venerada imagen de la Virgen. Posteriormente, se puso en marcha el tradicional desfile con velas encendidas, guiado por una cruz procesional y una representación luminosa de la advocación mariana, mientras miles de peregrinos acompañaban el trayecto con cánticos religiosos en múltiples idiomas.
Al concluir los misterios del Rosario, el obispo de Roma destacó la vigencia de este multitudinario acto de devoción popular, señalando que representa una fiel continuidad del mandato histórico transmitido por medio de Santa Bernadette a los religiosos sobre la importancia de marchar en procesión hacia ese paraje sagrado.
El líder católico calificó como un acontecimiento profundamente emotivo observar cómo las distintas generaciones responden con absoluta confianza al llamado materno de María, portando lumbreras en señal de fervor espiritual.
La esperanza como guía ante la adversidad
Durante su discurso ante la asamblea congregada, el jerarca subrayó que esta luz que nos guía y nos atrae es la de la esperanza que nunca nos abandona, incluso en aquellos momentos donde el camino terrenal se encuentra ensombrecido por dificultades y pruebas complejas.
Asimismo, el pontífice dedicó palabras especiales a los peregrinos enfermos que acuden al complejo religioso en busca de alivio espiritual: «Necesitamos participar en esta procesión con ustedes, queridos enfermos, para comprender plenamente su realidad», afirmó, recordando además las históricas palabras del papa Pío XII sobre el característico resplandor de paz y serenidad que emana de los afligidos en este lugar.
El obispo de Roma explicó que este singular consuelo espiritual surge porque la fe permite vislumbrar un horizonte de felicidad eterna junto al Creador. Citando las epístolas paulinas, instó a los presentes a recordar que «los sufrimientos del tiempo presente no tienen comparación con la gloria que un día se nos manifestará».
La Inmaculada Concepción como faro espiritual
Profundizando en el dogma mariano proclamado en este mismo enclave, el líder eclesiástico recordó que la figura de María representa la victoria definitiva del bien sobre el mal, funcionando como una estrella guía para la humanidad.
Recordando las reflexiones de San Bernardo sobre la advocación de la Virgen como Stella maris, el prelado enfatizó que la protección maternal es un auxilio indispensable para los creyentes que buscan mantenerse firmes en su camino espiritual y superar las acechanzas de la vida moderna.
Finalmente, el máximo representante del catolicismo invitó a los fieles de todo el planeta a depositar sus peticiones más apremiantes a los pies de la Madre de Dios, destacando que su figura combina la máxima gloria celestial con una cercanía humilde y maternal hacia cada persona necesitada de consuelo.








