La conmoción política se apoderó de América Latina el pasado sábado 3 de enero, tras el anuncio del gobierno de Estados Unidos sobre la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores. Este acontecimiento, que según fuentes oficiales estadounidenses se produjo luego de un “ataque a gran escala” en territorio venezolano, ha desatado una ola de incertidumbre y preocupación en la región, impulsando a líderes de la Iglesia Católica a emitir mensajes de apoyo espiritual, llamados a la oración y exhortaciones a la paz.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue el encargado de confirmar la operación que llevó a la detención y traslado fuera del país de la pareja presidencial venezolana por parte de fuerzas especiales del ejército estadounidense. Esta acción militar sin precedentes ha reconfigurado el panorama político sudamericano y ha encendido alarmas sobre la estabilidad regional, generando una inmediata reacción en el ámbito eclesiástico.
**El Clamor de los Obispos Venezolanos**
En medio de este escenario volátil, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) emitió un breve pero contundente mensaje, rogando a Dios que conceda a todos los ciudadanos de Venezuela “serenidad, sabiduría y fortaleza”. Los obispos del país caribeño hicieron un llamado fervoroso a cultivar la esperanza y a mantener una oración constante por la paz, tanto en los corazones individuales como en el tejido social. De forma categórica, la CEV reiteró su “rechazo a cualquier forma de violencia”, subrayando la necesidad de buscar soluciones que no impliquen el uso de la fuerza.
**Solidaridad Regional de la Iglesia Católica**
La respuesta de la Iglesia no se limitó a Venezuela, sino que reverberó a lo largo y ancho del continente, manifestando una profunda solidaridad con el pueblo venezolano.
En **México**, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se sumó al llamado de sus hermanos venezolanos, difundiendo su mensaje y expresando su unión espiritual para implorar a Dios “serenidad, sabiduría y fortaleza” para la nación sudamericana. Durante la homilía dominical en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, Monseñor Andrés Luis García Jasso, Obispo Auxiliar de México, invitó a los fieles a reflexionar sobre los conflictos que asolan diversas partes del mundo, desde Medio Oriente y África hasta Rusia y Ucrania, y ahora también Venezuela. “Unamos nuestra voz en oración y nuestro corazón por todos estos pueblos que viven en conflictos, por todas estas situaciones que generan incertidumbre y sufrimiento para todos nuestros hermanos del mundo”, declaró el prelado, exhortando a los católicos a ser “una luz para esta generación, sembradores de esperanza en el amor”.
Desde **Perú**, en la Misa celebrada el domingo 4 de enero, el Cardenal Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, compartió con los presentes un mensaje del Sumo Pontífice pronunciado en el Ángelus, que abordaba directamente la compleja situación de Venezuela tras la intervención militar estadounidense. Basándose en este mensaje, el Cardenal Castillo instó a los fieles a orar para que “las soluciones se hagan siempre en favor de ese pueblo [venezolano] y no de ciertos intereses particulares de ningún tipo”. Recordando la histórica hermandad entre ambas naciones, subrayó que Venezuela “fueron solidarios con nosotros cuando estábamos en situación calamitosa y nuestra gente se iba para allá”. Concluyó su intervención con una plegaria: “Dios bendiga al pueblo venezolano y al pueblo peruano como hermanos”.
En **Chile**, el Cardenal Fernando Chomali, Arzobispo de Santiago, utilizó sus redes sociales el 3 de enero para transmitir un mensaje de apoyo al “noble, religioso y amante de la libertad” pueblo venezolano. El cardenal encomendó el destino de Venezuela a la Virgen de Coromoto, patrona de la nación, suplicándole que interceda para que “siempre prime en esta compleja situación el diálogo y el bien común”, resaltando la importancia de la negociación y el bienestar colectivo.
**Uruguay** también se hizo eco del llamado a la oración. Poco después de la difusión de la noticia sobre la operación militar estadounidense, el Cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo, compartió en su cuenta de X que se encontraba en oración por Venezuela, acompañando su publicación con una imagen de la venerada Virgen de Coromoto.
Finalmente, en **Argentina**, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) manifestó su adhesión al pedido de oración de los obispos venezolanos. Por su parte, Monseñor Horacio Álvarez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Córdoba, expresó su profunda preocupación por el impacto de la crisis en los sectores más vulnerables de la sociedad durante su homilía dominical. Si bien reconoció que algunas personas “festejaban jubilosos la prisión de Maduro”, advirtió sobre la necesidad imperante de “rezar para que esto termine lo antes posible”. Monseñor Álvarez culminó su mensaje con el deseo de que Venezuela pueda reafirmar “su autonomía y su independencia, ojalá que en elecciones libres o en procesos de transición hacia eso”, aludiendo a la búsqueda de una solución democrática y soberana.
**La Crisis Migratoria: Un Grito Silencioso**
Estos llamados a la oración y la paz adquieren una dimensión aún más urgente al considerar la profunda crisis humanitaria y migratoria que Venezuela ha experimentado en los últimos años. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de la ONU, hasta diciembre de 2024, más de 7.89 millones de venezolanos se han visto obligados a abandonar su país en busca de seguridad y mejores oportunidades. La vasta mayoría de estos migrantes y refugiados (aproximadamente 6.70 millones) han encontrado refugio en otras naciones de América Latina, con concentraciones significativas en Colombia (2.8 millones), Perú (1.7 millones), Brasil, Chile y Ecuador. Esta diáspora masiva subraya la urgente necesidad de estabilidad, asistencia humanitaria y soluciones duraderas para el pueblo venezolano, preocupaciones que resuenan en los corazios de los líderes eclesiásticos de la región.
En un momento de alta tensión y redefinición política, la voz de la Iglesia Católica en América Latina emerge como un pilar de esperanza y un recordatorio constante de la dignidad humana y la búsqueda incesante de la paz y la justicia social en Venezuela y en todo el continente.






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