27 marzo, 2026

En un momento de creciente tensión social y política, Mons. Aurelio Pesoa, Obispo del Vicariato Apostólico del Beni y actual presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), ha emitido un contundente llamado a la cordura y al diálogo, insistiendo en que la violencia nunca es el camino para resolver los complejos problemas que aquejan a la nación. Su mensaje, pronunciado durante la homilía dominical, se inscribe en un contexto nacional marcado por divisiones y confrontaciones.

Desde el púlpito, Mons. Pesoa invitó a la reflexión profunda, inspirándose en la narrativa evangélica de San Juan sobre el nacimiento de Jesús. Subrayó cómo la “Palabra de Dios”, encarnada en la experiencia humana de Cristo, interpela constantemente la conciencia de los fieles en todo tiempo. En este marco espiritual, el prelado planteó una pregunta esencial para la vida cotidiana de los bolivianos: “¿Es factible percibir la gloria de Dios en nuestro entorno, aun cuando nos enfrentamos a los desafíos y eventos del peregrinar diario?” Su respuesta fue afirmativa y esperanzadora, argumentando que la gloria divina puede y debe ser experimentada en cada faceta de la existencia.

El jerarca eclesiástico ahondó en el significado de contemplar la gloria de Dios, describiéndolo como un proceso de comprensión, vivencia y descubrimiento en los múltiples acontecimientos de la vida. Esta manifestación divina, explicó, se hace palpable cuando reconocemos la inherente dignidad de cada individuo, al entender que “todos somos hijos de Dios”. Esta premisa fundamental sienta las bases para su llamado a la coexistencia pacífica y al respeto mutuo.

**El Poder Creador y Destructor de las Palabras**

Central en el mensaje de Mons. Pesoa fue su énfasis en el poder de la palabra, instando a que esta sea una fuerza “creadora del bien” y no un instrumento de destrucción o daño hacia el prójimo. “A través de la palabra podemos erigir grandes obras”, afirmó, “pero también podemos herir y desmoronar”. Su advertencia resonó con la realidad global y nacional, al señalar las guerras y amenazas bélicas en el mundo, así como los conflictos internos en Bolivia, a menudo alimentados por aquellos que se aferran a “dominios sobre los demás”.

El presidente de la CEB no dudó en señalar cómo la confrontación se gesta frecuentemente “con una palabra falaz, con un discurso que muchas veces distorsiona la verdad”. En el ámbito boliviano, Mons. Pesoa observó la proliferación de “tantas palabras que se han pronunciado y cuántas más se dirán”, muchas de ellas “vacías porque no contienen la verdad”, o “ociosas porque en lugar de construir, amenazan o descalifican al otro”. Esta crítica directa apunta a la polarización y la retórica agresiva que a menudo dominan el debate público.

Frente a este panorama, el obispo exhortó a que la palabra de los católicos sea siempre “una palabra de verdad que edifique el bien”. Hizo un llamado particular a aquellos “hermanos que se han dejado influenciar por la incultura del conflicto”, instándolos a no ceder ante la presión de los violentos ni a adoptar “actitudes extremas y agresivas”. Su discurso subraya la responsabilidad individual y colectiva en la construcción de un entorno social más pacífico y justo.

**Rechazo Firme a la Violencia y el Llamado a la Navidad**

En una de las afirmaciones más categóricas de su homilía, Mons. Pesoa sentenció: “No es con la sangre ajena o la muerte del hermano que se solucionan los problemas”. Esta frase encapsula su rotundo rechazo a cualquier forma de violencia, enfatizando que, aunque existan “cosas muy urgentes”, nada justifica la pérdida o el daño a la vida del prójimo. La alerta es clara: no se debe permitir que la violencia se convierta en el recurso predeterminado para afrontar las dificultades y conflictos emergentes en el país. El presidente del episcopado imploró por una sociedad que no normalice la agresión como vía de resolución.

Finalmente, en este “tiempo de Navidad”, Mons. Pesoa extendió una invitación a dejarse “iluminar por aquella palabra que construye, que orienta y que cultiva y promueve el bien, no para unos pocos, sino para todos”. Esta palabra, que es “verdad y vida y que nunca falla”, es la “Palabra de Dios”, accesible a todos porque el Dios en quien se cree y se espera es el “Dios con nosotros”. Este mensaje navideño trasciende lo puramente religioso, ofreciendo una guía ética para la convivencia social y política.

El mensaje concluyó con una bendición y una oración para que Dios continúe iluminando la vida de cada persona, concediendo los dones necesarios para avanzar en la misión de la Iglesia, “proclamando y viviendo esa fe recibida”. Las palabras de Mons. Pesoa resuenan como un faro de esperanza y una urgente llamada a la responsabilidad, el diálogo y la paz en una Bolivia que busca superar sus profundas divisiones. La Iglesia Católica, a través de su presidente, reafirma así su papel como voz profética y promotora de la reconciliación en la nación.

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