Desde el corazón de Roma, el Cardenal Ángel Sixto Rossi, Arzobispo de Córdoba (Argentina), se prepara para un período de intensa actividad eclesial y profunda reflexión. El purpurado, miembro de la Compañía de Jesús, ha llegado a la Ciudad Eterna para participar en un consistorio extraordinario convocado por el Sumo Pontífice, programado para los días 7 y 8 de enero. Además de los importantes encuentros vaticanos, el Cardenal Rossi ha compartido sus pensamientos sobre el inicio del nuevo año, ofreciendo una perspectiva de esperanza y renovación en un mundo convulso.
El camino hacia Roma no estuvo exento de desafíos para el Arzobispo de Córdoba. Una fuerte tormenta de granizo en su ciudad natal provocó serios daños en el aeropuerto local, generando complicaciones en los vuelos que, finalmente, logró sortear para cumplir con sus compromisos en el Vaticano. Una vez en la capital italiana, el Cardenal Rossi se ha alojado en la casa de su orden, la Compañía de Jesús, un espacio que le permite un recogimiento propicio para los días venideros.
El consistorio extraordinario, del que participará el Cardenal Rossi, reviste una importancia particular. A diferencia de los consistorios ordinarios, donde el principal propósito es la creación de nuevos cardenales, esta convocatoria tiene un enfoque distinto. Según lo adelantado por el propio cardenal en diálogo con Radio Mitre, los purpurados se congregarán para debatir y abordar diversas cuestiones relevantes para la Iglesia Católica, aunque los detalles específicos de la agenda no han sido plenamente revelados aún. Se espera que, tras la clausura de las sesiones, se puedan compartir las conclusiones y los temas tratados, que sin duda marcarán la hoja de ruta pastoral en los próximos meses. La asistencia prevista, según sus estimaciones, rondaría los 200 cardenales de diversas latitudes, subrayando el carácter global de la asamblea.
Paralelamente a estas deliberaciones, el Cardenal Rossi también tiene en su agenda una significativa celebración litúrgica. Este martes 6 de enero, coincidiendo con la solemnidad de la Epifanía del Señor, asistirá a una ceremonia especial de cierre de un año jubilar en la emblemática Plaza de San Pedro. Se trata de un evento de convocatoria mundial, que subraya la unidad y la tradición de la Iglesia en torno a fechas clave de su calendario litúrgico.
Más allá de sus responsabilidades institucionales, el inicio del año 2026 ha invitado al Cardenal Rossi a una profunda introspección y a compartir una reflexión espiritual con la feligresía y la sociedad en general. Para el purpurado, cada nuevo año trae consigo una sensación de renacimiento, de algo que germina y se estrena, lo cual consideró un “don liberador” para el espíritu humano. En este sentido, instó a adoptar una actitud de desprendimiento del pasado, citando al apóstol San Pablo: “Dejando lo que queda atrás, me lanzo hacia adelante”.
El Cardenal Rossi enfatizó que este “dejar atrás” no implica una amnesia. Por el contrario, es un acto consciente del corazón para liberar el espíritu de las ingratitudes y las cargas que pudieron haberse acumulado. Reconoció que, si bien el cambio de fecha en el almanaque es meramente un acto simbólico, encierra una poderosa verdad: “el año viejo debe apagarse para que el año nuevo pueda brotar”. Esta metáfora poética invita a una purificación interior, a soltar lo que ya no sirve para permitir el crecimiento de nuevas esperanzas y oportunidades.
En un contexto global marcado por conflictos y desigualdades, el Arzobispo de Córdoba extendió su reflexión más allá de lo personal. Expresó el anhelo compartido por “tantos hombres y mujeres de buena voluntad” alrededor del mundo de vivir “un tiempo más tranquilo, sobre todo un mundo más en paz”, frente a la lacerante realidad de guerras e injusticias que azotan diversas regiones. Este deseo de armonía global resuena con la vocación de la Iglesia de ser un instrumento de paz y fraternidad.
Finalmente, el Cardenal Rossi compartió una poderosa oración o deseo, atribuida a un amigo benedictino, que encapsula una sabiduría profunda sobre la verdadera riqueza y el valor de lo esencial. “El próximo año no quiero que me traiga nada, lo único que quiero es que no se lleve nada”, expresó. La plegaria continuó desgranando los pilares fundamentales de la existencia: “Que no se lleve el techo que me protege, el plato que me alimenta, la manta que me abriga, ni la luz que me ilumina”. Pero también se extendió a los tesoros inmateriales: “Que no se lleve la sonrisa de mis seres amados, la buena salud que es mi tesoro. Que permanezca la amistad, la compañía, los abrazos y los besos. Que no se lleven mis sueños ni los pedazos de mi corazón formado por personas que llevo siempre dentro de mí”.
Concluyendo su mensaje, el purpurado argentino invitó a una introspección personal y colectiva, formulando una pregunta crucial para el inicio de cualquier ciclo: “¿qué es lo que tiene que terminar en mí, qué es lo que tiene que nacer en mí y en el mundo?”. Una interpelación que busca fomentar la acción transformadora, tanto en el fuero interno como en la construcción de una sociedad más justa y compasiva. El Cardenal Rossi, desde la capital de la cristiandad, ofrece así un llamado a la esperanza y al compromiso activo en este nuevo año.






Agregar comentario