27 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – En el marco de la solemne celebración de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco ofreció una profunda homilía que resonó con un mensaje de humildad, la búsqueda de la paz y la crítica a las dinámicas de poder y mercantilización. La misa, que tuvo lugar en la Basílica de San Pedro y contó con la presencia del presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, sirvió también como escenario para la clausura oficial del Jubileo Ordinario de 2025, dedicado a la Esperanza, mediante el rito de cierre de la Puerta Santa.

**Dios se revela en la humildad, no en el prestigio**

El Pontífice enfatizó que la manifestación divina no se produce en escenarios grandiosos o de alto estatus, sino en las realidades más sencillas y vulnerables. Subrayó que “Dios no se manifiesta en lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”, invitando a los fieles a discernir su presencia en los inicios frágiles de la vida. Esta perspectiva, según el Santo Padre, es fundamental para amar y buscar la paz, que implica proteger aquello que, siendo santo, emerge en la pequeñez y la delicadeza de un niño.

En un mundo donde una “economía deformada” busca capitalizar cada aspecto de la existencia, el Papa contrastó esta tendencia con la naturaleza desinteresada de la fe. Hizo una clara advertencia sobre cómo el mercado contemporáneo puede transformar en meros negocios incluso anhelos intrínsecamente humanos como la búsqueda espiritual, el viaje y el deseo de un nuevo comienzo.

**El ejemplo de los Reyes Magos: abandonar el poder por la fe**

La figura de los Reyes Magos, quienes visitaron al Niño Jesús, fue central en la reflexión papal. Su viaje, según el Pontífice, debe inspirar a los cristianos a contemplar y servir a una humanidad cuya magnificencia no deriva de delirios de omnipotencia, sino de la transformación operada por Dios, quien por amor “se hizo carne”.

La Epifanía, explicó el Papa, revela a un Dios que se permite ser encontrado. Los Magos, con una “alegría” que les permitió dejar atrás “el palacio y el templo” para dirigirse a Belén, son un paradigma de una búsqueda que exige abandonar los senderos del poder. El Papa Francisco recalcó que los caminos de Dios “no son nuestros caminos”, y que ni la violencia ni los poderes mundanos pueden obstruirlos.

**Un llamado a la Iglesia: rechazar los halagos del poder**

Dirigiéndose directamente a la comunidad eclesial, el Santo Padre hizo un llamado contundente a la autenticidad y al servicio. “Si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora. María, Estrella de la mañana, caminará siempre delante de nosotros”, aseveró, instando a una Iglesia más encarnada y menos anclada en estructuras de poder.

Esta postura contrastó marcadamente con la “turbación experimentada por Herodes”, quien intentó manipular la búsqueda de los Magos para su propio beneficio. La alegría del Evangelio, en cambio, libera, hace prudentes pero a la vez audaces, atentos y creativos, sugiriendo caminos alternativos a los trillados por el poder y la conveniencia.

**La gratuidad de Dios y el fin del Jubileo de la Esperanza**

Desde el altar de la Confesión, en la imponente Basílica de San Pedro, el Pontífice insistió en el carácter radicalmente gratuito de la manifestación de Dios en el Niño de Belén. “Nadie puede vendernos esto. El Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad”, afirmó, reiterando que la divinidad no espera en los lugares de prestigio, sino en la simplicidad de las realidades humildes.

Celebrar la Epifanía, según el Papa, es ser conscientes de que ante la presencia de Dios, “nada sigue como antes”. Es el “comienzo de la esperanza”, una revelación que impide cualquier estancamiento.

Poco antes de la eucaristía, el Papa Francisco presidió el significativo rito de cierre de la Puerta Santa de la basílica vaticana, concluyendo así oficialmente el Jubileo Ordinario de 2025. En este contexto, expresó su profunda preocupación por la “búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos”, que consideró “mucho más rica de lo que quizá podamos comprender”.

Planteó preguntas directas a los fieles tras el Año Santo: “¿Seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino y en el diferente a un compañero de viaje?”. Estas interrogantes invitan a una apertura radical y a una acogida inclusiva, pilares de la fe cristiana.

El Jubileo, concluyó el Papa, sirvió para recordar que siempre es posible “volver a empezar”. Es un mensaje de que la humanidad “está aún en los comienzos”, y que el Señor desea crecer entre nosotros, ser el “Dios-con-nosotros”. Un Dios que “cuestiona el orden existente”, inspira a sus profetas con sueños de renovación y está determinado a rescatar a la humanidad de “antiguas y nuevas esclavitudes”, involucrándolos a todos en sus obras de misericordia y justicia.

Comparando a los peregrinos contemporáneos con los Magos del Evangelio, el Santo Padre afirmó que estos “Magos aún existen”. Son aquellos que aceptan el desafío de emprender su propio viaje, de buscar en un mundo a menudo excluyente y peligroso. Por ello, el Papa Francisco instó a que quien cruce el umbral de una iglesia perciba allí al “Mesías recién nacido”, una comunidad donde “ha surgido la esperanza” y donde se teje una “historia de vida” en constante renovación.

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