2 abril, 2026

Lima, Perú – En un contexto marcado por la creciente preocupación ciudadana ante la inseguridad, Monseñor Juan José Salaverry, Obispo Auxiliar de Lima, ofreció una profunda reflexión en la que enfatizó que la verdadera restauración del mundo y de la convivencia social no puede cimentarse en la violencia ni en la prepotencia, sino únicamente en el amor de Cristo. Sus palabras resonaron durante la homilía de la Misa que presidió el pasado domingo 11 de enero en la Catedral de la capital peruana, coincidiendo con la solemnidad del Bautismo del Señor.

El prelado abordó directamente la problemática de la violencia que azota a la sociedad, haciendo referencia a un trágico suceso reciente que conmocionó a la opinión pública. Mencionó un violento asalto ocurrido días atrás contra una combi —vehículo de transporte público— en el distrito de Surco. Este lamentable incidente resultó en la muerte de un pasajero, heridas graves para el conductor y la pérdida del embarazo de una joven de 18 años que viajaba en el vehículo.

“Hemos sido testigos de ese asalto a mano armada a una combi en Surco, donde una criatura ha sido asesinada, causando no solamente la pérdida de la vida, sino un daño moral a las personas que estaban allí y a la misma sociedad. Ni con la prepotencia de los que gritan más fuerte ni con la violencia se puede restaurar el mundo”, sentenció Monseñor Salaverry, subrayando la futilidad de la confrontación como mecanismo de cambio positivo. Sus palabras recalcaron que tales actos no solo arrebatan vidas, sino que también dejan cicatrices profundas en el tejido social y moral de la comunidad.

Frente a la ineficacia de la agresión, el Obispo Auxiliar de Lima propuso una alternativa arraigada en los principios cristianos. Destacó que “la restauración del mundo viene desde Cristo, desde el mandamiento del amor, desde la práctica del Evangelio, que es la forma como este Hijo de Dios, el siervo escogido y ungido por el Señor, quiere cambiar la faz de la tierra”. Esta visión sugiere que la transformación genuina emana de un compromiso ético y espiritual, en contraposición a las soluciones punitivas o coactivas.

Aunque sus declaraciones no aludieron de forma explícita a la actual política de “mano dura” o al estado de emergencia vigente en Lima y Callao, el mensaje del obispo cobra particular relevancia en este escenario. Desde octubre, estas jurisdicciones se encuentran bajo un estado de emergencia que ha sido extendido, la última vez el 20 de diciembre por 30 días adicionales. Dicha medida implica la salida del ejército a patrullar las calles y la restricción de ciertos derechos constitucionales, como la inviolabilidad de domicilio, la libertad de reunión y las garantías personales. A pesar de estas acciones, la percepción y las estadísticas de la criminalidad aún no muestran una disminución significativa, lo que subraya la complejidad del desafío de la seguridad ciudadana.

En este contexto, Monseñor Salaverry afirmó categóricamente que “el mal no se vence con el mal, porque el mal no se vence desde la violencia; el mal se vence desde el amor, y esto es lo que nos enseña el Dios con nosotros que nos ha nacido en este tiempo de Navidad”. Esta afirmación, enraizada en la enseñanza evangélica, ofrece una perspectiva distinta sobre cómo abordar los problemas más apremiantes de la sociedad, sugiriendo que la verdadera victoria sobre la maldad se logra a través de la compasión y la reconciliación.

El Obispo Auxiliar de Lima también aprovechó la ocasión para recordar a los fieles que la festividad del Bautismo del Señor marca la conclusión del tiempo litúrgico de la Navidad. A partir de este momento, instó a los creyentes a convertirse en testigos activos del mensaje de Cristo, siguiendo el ejemplo de Jesús, a quien “hemos contemplado en el portal de Belén, de aquel que es el centro de la Sagrada Familia, de aquel que ha sido adorado por los Reyes, de aquel que se presenta en las aguas del Jordán, de aquel que es el enviado por el Padre para cambiar las cosas desde el amor”.

Asimismo, el prelado profundizó en la simbología del bautismo de Jesús, destacando que, aunque Cristo no necesitaba ser purificado, su inmersión en las aguas del Jordán santificó y purificó las aguas de nuestro propio bautismo. Hizo una evocación al himno de Adviento, el *Rorate Caeli*, que implora la apertura de los cielos para la venida del Redentor.

“Cuando la humanidad está ensombrecida por el pecado, los cielos están cerrados. Cuando la humanidad se olvida de Dios, los cielos están cerrados. Cuando la humanidad vive en la violencia, en la mentira, en la injusticia, los cielos están cerrados. Y por eso el clamor en el Adviento: ¡ábrete cielos!”, explicó Monseñor Salaverry. Continuó su reflexión señalando que “los cielos se abren al final de la Navidad. Se abren los cielos para indicar la esperanza del pueblo que no quiere vivir en las tinieblas, sino que quiere subir hacia la presencia del Señor”.

En conclusión, el Obispo Auxiliar de Lima hizo un llamado a la acción espiritual y ética, alentando a los fieles a “escuchar a Jesús. Escuchar su palabra y ponerla en práctica es la mejor manera de complacer al Padre, a nuestro Padre, aquel que nos ha adoptado desde el bautismo”. Este mensaje resalta la importancia de la fe activa y la aplicación de los principios cristianos como fundamento para construir una sociedad más justa, pacífica y arraigada en el amor.

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