26 marzo, 2026

En un fascinante encuentro entre la milenaria tradición de la Iglesia y la vanguardia de la exploración cósmica, el Observatorio Astronómico Vaticano, conocido como Specola Vaticana, ha anunciado el bautismo oficial de dos nuevos asteroides. Estos cuerpos celestes, identificados ahora como (798737) Faustina y (798772) Ledochowska, rinden homenaje a dos influyentes santas polacas del siglo XX, marcando un hito en la intersección de la ciencia y la espiritualidad. Este significativo evento subraya la profunda y continua contribución de la Santa Sede a la astronomía, un legado que, de hecho, será conmemorado en una fecha futura, el 20 de julio de 2025, cuando el Papa León XIV visite las históricas instalaciones de la Specola en Castel Gandolfo, en el marco del aniversario de la llegada del hombre a la Luna.

La Unión Astronómica Internacional (UAI), a través de su Working Group for Small Body Nomenclature, confirmó oficialmente estas denominaciones. Los asteroides fueron descubiertos en noviembre de 2012 por un equipo compuesto por el sacerdote jesuita Richard P. Boyle, astrónomo de la Specola Vaticana, y su colega Kazimieras Černis, de Vilna, Lituania. El hallazgo se realizó utilizando el Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada (VATT), ubicado en el Monte Graham, Arizona (Estados Unidos), un sitio reconocido globalmente por sus óptimas condiciones para la observación astronómica. Este telescopio de última generación, operado en colaboración con la Universidad de Arizona, es una herramienta clave en la investigación de asteroides, exoplanetas y otros fenómenos celestes.

Las figuras veneradas con estos nombres celestiales son Santa Faustina Kowalska y Santa Úrsula Ledóchowska, ambas pilares de la espiritualidad católica polaca y del compromiso social. Santa Faustina Kowalska (1905–1938), una mística cuya vida estuvo marcada por profundas revelaciones, es mundialmente conocida por ser la génesis de la devoción a la Divina Misericordia, una práctica que ha tocado los corazones de millones de fieles. Su canonización, proclamada por San Juan Pablo II en el año 2000, solidificó su impacto global y su legado espiritual. El asteroide (798737) Faustina fue avistado por primera vez el 13 de noviembre de 2012, añadiendo una nueva dimensión a su perenne influencia.

Apenas una semana después, el 20 de noviembre de 2012, el mismo equipo de Boyle y Černis identificó el segundo objeto, hoy conocido como (798772) Ledochowska. Este asteroide honra a Santa Úrsula Ledóchowska (1865–1939), fundadora de la Congregación de las Hermanas Ursulinas del Corazón Agonizante de Jesús. Su congregación se ha dedicado incansablemente a la educación, la evangelización y el servicio a los más desfavorecidos y marginados de la sociedad, dejando una profunda huella en diversas comunidades. Fue elevada a los altares en 2003, reconociendo su incansable labor social y espiritual.

El reconocimiento a figuras vinculadas a la Specola Vaticana no se limita a estas dos santas. El mismo equipo de descubridores ha propuesto exitosamente otros nombres que la UAI ha aceptado. Entre ellos se incluyen (591000) Galaverni, en honor al sacerdote y físico italiano Matteo Galaverni, cuya investigación ha contribuido al entendimiento de fenómenos astronómicos complejos. También se encuentra (752403) Bayurisanto, dedicado al jesuita indonesio Bayu Risanto, un experto en meteorología y ciencias de la atmósfera. Otro asteroide, (763533) Alabiano, conmemora al teólogo jesuita español García Alabiano (1549–1624), quien fue un distinguido profesor y rector en la Universidad de Vilna, Lituania. Estas denominaciones resaltan la vasta red de colaboradores y la perdurable huella histórica de la Compañía de Jesús en el ámbito científico y educativo a lo largo de los siglos.

La Specola Vaticana ostenta el prestigioso título de ser una de las instituciones astronómicas más antiguas del mundo. Su génesis se remonta al siglo XVI, específicamente al año 1582, cuando el Papa Gregorio XIII, en su afán por reformar el calendario y resolver discrepancias astronómicas, convocó a los astrónomos y matemáticos más brillantes de su época para colaborar en la construcción de la Torre de los Vientos en el Vaticano. Desde entonces, la contribución de la Santa Sede al campo de la astronomía ha sido ininterrumpida y significativa, adaptándose a las nuevas tecnologías y descubrimientos. Con estas nuevas adiciones, el número de asteroides que llevan nombres de miembros de la Compañía de Jesús y de figuras estrechamente ligadas a la Specola Vaticana se acerca a la impresionante cifra de cuarenta, un testimonio elocuente de la perdurable influencia científica del Observatorio Vaticano en la astronomía moderna.

El proceso para asignar nombres a los asteroides es riguroso y está estandarizado por la Unión Astronómica Internacional (UAI). Tras el descubrimiento inicial de un objeto, este recibe una designación provisional que codifica la fecha y el orden de su hallazgo. Una vez que su trayectoria orbital es calculada con suficiente precisión y se le otorga un número permanente, los descubridores adquieren el privilegio de proponer un nombre definitivo. Este nombre debe adherirse a una serie de criterios estrictos: no debe exceder los 16 caracteres, debe ser preferiblemente una sola palabra, ser pronunciable en al menos uno de los idiomas reconocidos internacionalmente y, crucialmente, no debe ser ofensivo ni hacer referencia a productos comerciales, figuras políticas o militares contemporáneas, garantizando así un carácter universal y atemporal. Una vez que la propuesta es aprobada por el comité de la UAI, el asteroide es oficialmente conocido en la forma “(número) Nombre”, tal como ahora sucede con (798737) Faustina y (798772) Ledochowska.

Este reciente anuncio no solo enriquece el catálogo de cuerpos celestes con nombres de profunda resonancia espiritual, sino que también reafirma el compromiso histórico del Vaticano con la investigación científica. La Specola Vaticana continúa demostrando cómo la fe y la razón pueden coexistir y colaborar en la búsqueda del conocimiento, extendiendo su mirada desde las cúpulas de San Pedro hasta los confines del universo y promoviendo el diálogo entre la ciencia y la religión en la era moderna.

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