26 marzo, 2026

**Ciudad de México, México** – Un panorama complejo y preocupante emerge sobre la situación de la Iglesia Católica en México, donde, a pesar de una aparente disminución en los asesinatos de sacerdotes en los últimos siete años, los ataques y agresiones contra templos y lugares de culto se han disparado de manera alarmante. Esta dualidad fue revelada por el décimo Informe sobre la incidencia de violencia en contra de sacerdotes e instituciones de la Iglesia Católica en México, presentado el pasado 27 de enero por el Padre Omar Sotelo, director del Centro Católico Multimedial (CCM).

El informe del CCM, una institución dedicada a documentar las agresiones contra los miembros e infraestructura de la Iglesia Católica, señala que mientras los crímenes mortales contra el clero parecen moderarse respecto a períodos previos de mayor intensidad, una nueva forma de hostigamiento se consolida: la agresión sistemática a la infraestructura religiosa, impactando directamente en la libertad de culto y la estabilidad comunitaria.

**Tendencia Mixta en la Violencia Contra el Clero**

Históricamente, la violencia contra los sacerdotes en México ha sido una sombra constante. Desde 1990, la nación ha lamentado el asesinato de 66 sacerdotes y un cardenal. Entre los casos más notorios se encuentra el homicidio del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en 1993, abatido a balazos en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, un evento que conmocionó al país.

El informe del CCM detalla que el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018) registró el pico más alto de homicidios clericales, con 19 casos documentados. Sin embargo, en el período subsiguiente, se ha observado una reducción: desde 2018, se han contabilizado 13 asesinatos, de los cuales 10 ocurrieron durante la administración de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y tres en lo que va del actual gobierno. Aunque la cifra total de decesos recientes es menor en comparación con el sexenio anterior, la persistencia de estos crímenes sigue siendo una preocupación latente para la comunidad eclesiástica.

**Explosión de Agresiones Contra Templos y Lugares de Culto**

Contrastando con la tendencia de los homicidios de sacerdotes, el estudio del CCM arroja luz sobre un incremento significativo en las agresiones contra edificios religiosos. Este fenómeno, que el informe describe como en constante crecimiento, incluye una diversidad de delitos: robos, profanaciones, extorsiones, incendios y otras formas de agresión.

Las cifras son contundentes: el informe estima que en el periodo analizado, se registraron aproximadamente 1,400 agresiones anuales, lo que equivale a un promedio alarmante de 26 a 28 ataques por semana. Esta estadística representa un salto drástico en comparación con la década de 1990, cuando la media era de alrededor de 208 ataques al año, es decir, unos cuatro por semana. Con una red de aproximadamente 11,000 templos católicos en el país, los cálculos del CCM sugieren que cerca del 12 por ciento de estas estructuras sufren al menos un ataque anualmente.

Más allá de las agresiones directas, el informe advierte sobre una preocupante “normalización” de hechos graves que antes eran impensables. Eventos como tiroteos en las inmediaciones de edificios parroquiales o agresiones contra fieles laicos, que anteriormente habrían sido considerados excepcionales, ahora tienden a ser percibidos con una preocupante indiferencia. Los lugares de culto, tradicionalmente vistos como “terreno neutral” donde la violencia se detenía, han perdido esa condición, convirtiéndose en blancos vulnerables.

**Incidentes Recientes y la Estrategia del Terror**

La magnitud del problema se evidencia en una serie de incidentes recientes ocurridos en diversas regiones del país. En el estado de Veracruz, la Diócesis de San Andrés Tuxtla fue testigo del incendio de un altar en una de sus parroquias. Michoacán también ha sido escenario de estos ataques, con el incendio provocado en un templo católico en Morelia y la destrucción de imágenes religiosas en una parroquia de Chavinda. Un intento de incendio de una de las puertas de la Catedral de Puebla, en el estado homónimo, completa un cuadro de vulnerabilidad generalizada.

En entrevista, el Padre Omar Sotelo profundizó sobre el impacto de estos actos. Explicó que atacar los templos es una táctica deliberada para “desestabilizar una comunidad, para meter temor, para meter terror, para mantener a una comunidad callada”. El sacerdote enfatizó que las iglesias no son solo estructuras físicas, sino “lugares de resguardo” y “espacios de encuentro” donde la comunidad se siente segura, ora, colabora y asiste a los más necesitados. La vulneración de estos espacios sagrados representa, por tanto, un ataque directo al tejido social y espiritual de las comunidades.

**Impuniad y Difamación: Un Doble Desafío para la Iglesia**

El informe del CCM no solo documenta la violencia, sino que también señala los obstáculos que enfrenta la Iglesia para obtener justicia. A pesar de que “oficialmente no existe una persecución contra la Iglesia”, el 80% de los delitos registrados culminan en “nulos resultados para la justicia y reparación de daños”. Esta situación, advierte la investigación, sumerge a la Iglesia en un “imperio de la impunidad” y sugiere que el hostigamiento contra ella es estratégico, dada su influencia como factor de estabilización social y contención de la violencia.

El Padre Sotelo añadió que, a la impunidad, se suma la práctica de la difamación del clero. Este fenómeno busca “desacreditar la figura sacerdotal”, atribuyendo falsamente vicios o conductas inmorales a los clérigos asesinados o agredidos, como alcoholismo, relaciones impropias u homosexualidad. Esta estrategia disuasoria no solo busca deslegitimar a la Iglesia, sino que también desanima a los sacerdotes a denunciar, por temor a ser objeto de tales campañas de desprestigio.

La conclusión del estudio es un llamado urgente a la acción. Subraya la necesidad de proteger la fe de todo un pueblo, un derecho fundamental que exige salvaguarda antes de que millones de mexicanos “ya no estén seguros ni en los lugares donde se celebra el misterio de lo divino”. El informe finaliza con una serie de recomendaciones dirigidas tanto a las parroquias como a las autoridades, instando a fortalecer la colaboración y a implementar medidas preventivas para salvaguardar a las personas y los espacios sagrados de la Iglesia Católica en México.

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