4 marzo, 2026

La comunidad de ex-religiosas Clarisas de Belorado, que recientemente se declaró en cisma con la Iglesia Católica, se enfrenta a una encrucijada crítica: la inminencia de un desahucio judicial del Monasterio de Santa Clara en Belorado, Burgos, y las complicaciones para establecerse de forma permanente en el convento de Orduña. Esta situación ha impulsado al grupo, liderado por la ex-abadesa Laura García de Viedma, a lanzar un llamamiento público a través de internet en busca de un nuevo espacio donde continuar con su vida comunitaria fuera de la tutela eclesiástica tradicional.

El próximo 10 de febrero marca una fecha límite crucial para las ocho integrantes de la comunidad. En esa jornada, deberán abandonar el histórico Monasterio de Santa Clara en Belorado, un desalojo que se materializa por mandato judicial. Las apelaciones presentadas por el grupo para revertir esta decisión han sido desestimadas de forma definitiva, consolidando la orden de desalojo. Este procedimiento es el resultado de la disputa legal y canónica iniciada tras su separación de la diócesis y su adhesión a una postura sedevacantista.

La crisis que vive esta comunidad se gestó públicamente el 13 de mayo de 2024, cuando difundieron un manifiesto en el que declaraban su ruptura con la autoridad de la Santa Sede y se ponían bajo la égida de un “obispo” excomulgado. Este acto les valió la excomunión por parte de la Iglesia Católica, afectando inicialmente a diez religiosas, de las cuales dos han abandonado el grupo, dejando a ocho en la actual búsqueda de un refugio. Francisco Canals, portavoz de la comunidad disidente, ha sido una de las voces que ha representado a las ex-monjas en este proceso.

Ante el desafío de quedarse sin techo, las ex-religiosas han habilitado una plataforma digital para articular su urgente petición. En su sitio web, describen el momento actual como “uno de los más difíciles y dramáticos de su historia”, subrayando la vulnerabilidad y la incertidumbre que rodea su futuro. El objetivo de este llamamiento es encontrar “una casa, un antiguo convento o cualquier espacio que pueda transformarse en un nuevo hogar comunitario” que les permita mantener su estilo de vida y sus creencias.

La naturaleza de su petición es amplia, buscando la colaboración de “particulares, instituciones o propietarios que puedan donar, ceder o vender a bajo coste” una propiedad adecuada. La comunidad necesita un lugar con las características necesarias para la vida monástica, adaptado a sus necesidades y al tamaño de las ocho integrantes que la componen actualmente.

La respuesta al llamamiento ha sido variada y ha revelado distintas sensibilidades. Algunas personas han ofrecido soluciones prácticas y materiales: “una casona antigua que me gustaría vender o alquilar”, “una vivienda de buen tamaño en un pueblo de Toledo”, o incluso una “parcela con huerto y frutales” de 700 metros cuadrados. Otro ofrecimiento incluía “una casa con 12 habitaciones”, lo que denota la diversidad de propiedades que han surgido como posibles candidatas. Estas propuestas reflejan la disposición de ciertos sectores a brindar apoyo logístico al grupo en su nueva etapa.

Sin embargo, entre las respuestas, también ha destacado una oferta de naturaleza completamente diferente, que se aleja de la provisión de un inmueble. Esta propuesta invita a la reflexión y la reconciliación, planteando la posibilidad de un retorno a la fe católica. La oferta sugiere “la acogida en una nueva Diócesis y gestionar el perdón de la Iglesia y el levantamiento de la excomunión, si reflexionan, disciernen y deciden”. Esta invitación viene acompañada de la promesa de “absoluta discreción y lejos del ruido mediático”, buscando facilitar un posible puente de retorno a la comunión eclesiástica.

A estas manifestaciones se suma el mensaje de una persona que se identifica como Sor Clara, quien expresa “Con gran dolor y consternación, sigo orando por vosotras. Una clarisa”. Este emotivo testimonio ilustra el impacto y la preocupación que la situación de las ex-Clarisas de Belorado ha generado incluso dentro de la propia orden religiosa, manifestando un apoyo espiritual a pesar de la divergencia doctrinal.

El futuro de las ex-religiosas de Belorado es incierto y complejo. Con el desalojo inminente de su monasterio en Burgos y la situación precaria en Orduña, la búsqueda de un nuevo hogar se ha convertido en su prioridad fundamental. Mientras exploran las ofertas de propiedades y deciden su próximo paso, la posibilidad de una reconciliación con la Iglesia Católica permanece abierta, presentada como una alternativa discreta y reflexiva a su actual camino disidente. La resolución de esta crisis no solo definirá el destino de estas ocho mujeres, sino que también resonará en el debate sobre la autonomía religiosa y la autoridad eclesiástica en España.

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