El Santuario de Lourdes, emblemático centro de peregrinación mariana en los Pirineos franceses, acogió el pasado martes una emotiva edición de la tradicional Procesión de las Velas. Este solemne evento, que reúne a miles de fieles de todo el mundo, marcó el preámbulo de dos conmemoraciones de profunda significación para la Iglesia Católica: el Día de Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo, ambas celebradas anualmente cada 11 de febrero.
La Procesión de las Velas, conocida localmente como “Procession aux flambeaux”, se desarrolló de manera excepcional en el interior de la Basílica de San Pío X. Esta medida se tomó debido a la inestabilidad climática que afectaba a la región, garantizando así la seguridad y el confort de los participantes. La imponente basílica subterránea, consagrada en 1958 y con capacidad para albergar hasta 25.000 personas, proporcionó un marco de recogimiento y magnitud adecuado para la ocasión.
Mientras una imagen de Nuestra Señora de Lourdes avanzaba majestuosamente, flanqueada por estandartes que representaban a las diversas delegaciones nacionales e internacionales presentes, los peregrinos alzaban sus velas encendidas, creando un mar de luz titilante en la penumbra del recinto. El ambiente se impregnó de devoción, mientras se recitaba el Santo Rosario en múltiples idiomas, uniendo a los congregados en una misma plegaria universal. Este acto de fe, que se repite diariamente en Lourdes a las 21:00 horas local, adquiere una resonancia especial en la víspera de estas importantes celebraciones.
La historia de Lourdes, arraigada en las apariciones de la Santísima Virgen María a Santa Bernadette Soubirous en 1858, ha estado intrínsecamente ligada al consuelo y la esperanza para los enfermos. Desde aquel entonces, la Gruta de Massabielle ha sido testigo de innumerables testimonios de curación, atribuidos al uso del agua que brota milagrosamente del lugar de las apariciones. Aunque se reportan miles de estas sanaciones, el Santuario de Lourdes mantiene un riguroso proceso de verificación, reconociendo oficialmente 72 milagros hasta la fecha, un testimonio de la prudencia y seriedad con la que se abordan estos fenómenos.
Esta profunda conexión con la enfermedad y el sufrimiento humano es la razón por la cual el 11 de febrero no solo se celebra a Nuestra Señora de Lourdes, sino que también se instituyó la Jornada Mundial del Enfermo. Esta fecha invita a la Iglesia global a reflexionar sobre la importancia fundamental de la compasión, la solidaridad y el cuidado hacia aquellos que experimentan fragilidad física o espiritual.
Para la XXXII Jornada Mundial del Enfermo, el Santo Padre, el Papa Francisco, ha propuesto la inspiradora imagen del Buen Samaritano como guía para la meditación. En su mensaje para esta ocasión, el Pontífice enfatiza la necesidad de “redescubrir la belleza de la caridad y la dimensión social de la compasión”, exhortando a la comunidad global a volcar su atención hacia los más necesitados y los que sufren, particularmente los enfermos.
El Papa Francisco hizo un llamado a superar la “cultura de lo rápido, de lo inmediato, de las prisas”, así como la preocupante “cultura del descarte y la indiferencia”. Argumentó que estas actitudes impiden a las personas “acercarse y detenerse en el camino para mirar las necesidades y los sufrimientos a nuestro alrededor”. Su mensaje subraya la urgencia de revalorizar la proximidad, la escucha activa y el compromiso con el prójimo.
Si bien la conmemoración central de esta Jornada se desarrolló en la ciudad de Chiclayo, Perú, este año, miles de fieles de todas las latitudes optaron por peregrinar al corazón de los Pirineos franceses. En Lourdes, encontraron la oportunidad de vivir la jornada en el mismo lugar donde la Madre de Dios se reveló como la Inmaculada Concepción, renovando su fe y buscando fortaleza en la espiritualidad del santuario. La Procesión de las Velas, en este contexto, se erige como un potente símbolo de la luz de la fe que guía y reconforta a la humanidad en tiempos de enfermedad y tribulación.





