Ciudad del Vaticano – En una reveladora catequesis ofrecida durante la Audiencia General de este miércoles, el Papa León XIV dedicó su reflexión a la intrínseca y dinámica relación entre la Palabra de Dios y la Iglesia. Ante una nutrida congregación de fieles reunidos en el Aula Pablo VI, Su Santidad desglosó los cimientos de esta unión, con especial énfasis en las enseñanzas de la Constitución conciliar *Dei Verbum*, documento fundamental del Concilio Vaticano II sobre la Divina Revelación.
El Sumo Pontífice inició su disertación subrayando un principio cardinal: “La Biblia, en su esencia, emana del pueblo de Dios y, al mismo tiempo, está destinada a ser luz y guía para el mismo pueblo creyente”. Esta afirmación encapsula la profunda reciprocidad que existe entre la comunidad de fe y las Sagradas Escrituras, presentándolas no como un texto ajeno, sino como la voz divina que resuena en el corazón de la Iglesia.
Retomando el espíritu del Concilio Vaticano II, el Papa León XIV recordó que la Iglesia Católica ha profesado siempre una veneración profunda por las Sagradas Escrituras, comparable a la reverencia que dispensa al Santísimo Cuerpo de Cristo. Las considera, junto con la Sagrada Tradición, la “norma suprema de su fe”, pilares inquebrantables sobre los cuales se edifica la doctrina y la vida espiritual de los fieles. Esta doble fuente de revelación garantiza la plenitud y la continuidad de la fe cristiana a lo largo de los siglos.
La catequesis también hizo una importante referencia a la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en 2008 bajo el lema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. Los frutos de aquel encuentro episcopal fueron magistralmente recogidos por el Papa Benedicto XVI en la Exhortación apostólica postsinodal *Verbum Domini*. Citando este trascendental documento, el Papa León XIV enfatizó que “la hermenéutica auténtica de la Biblia solo es posible dentro de la fe eclesial, cuyo paradigma se halla en el ‘sí’ de la Virgen María”. Este punto resalta la necesidad de una lectura orante y contextualizada de la Escritura, inmersa en la tradición viva de la Iglesia y guiada por el ejemplo de María, quien acogió la Palabra de Dios con plena disposición.
En este contexto de fe comunitaria, el Santo Padre remarcó que la Escritura “halla en la comunidad eclesial el ámbito propicio para desarrollar plenamente su cometido y alcanzar su finalidad última: dar a conocer a Cristo y abrir las puertas al diálogo con Dios”. Para ilustrar este punto, el Pontífice citó la célebre máxima de San Jerónimo: “La ignorancia de la Escritura es ignorancia de Cristo”. Esta poderosa sentencia, explicó Su Santidad, nos recuerda el propósito esencial de la lectura y la meditación de las Escrituras: conocer profundamente a Jesucristo y, a través de Él, establecer una relación personal y transformadora con el Creador.
El Papa León XIV describió esta relación con Dios como una conversación, un diálogo íntimo en el que “Dios se comunica con los seres humanos como amigos”. Esta experiencia, según el Vicario de Cristo, se materializa “cuando abordamos la Biblia con una actitud interior de oración; es entonces cuando Dios se hace presente en nuestro encuentro y entabla una conversación personal con nosotros”. La lectura orante, por tanto, no es un mero ejercicio intelectual, sino un acto de escucha y respuesta a la voz divina.
Asimismo, el Santo Padre destacó el rol activo y dinámico de la Sagrada Escritura, señalando que “con su eficacia y su poder inherente, sostiene y fortalece constantemente a la comunidad cristiana”. En consecuencia, todos los bautizados “están llamados a nutrirse de esta fuente inagotable de vida, especialmente en la celebración de la Eucaristía y en la administración de los demás sacramentos”, donde la Palabra se hace presente y operante de manera privilegiada.
El Pontífice también hizo una puntualización importante sobre quienes ejercen el ministerio de la Palabra. Precisó que “el amor profundo por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas” deben ser el motor y la guía para obispos, sacerdotes, diáconos y catequistas, asegurando que su enseñanza sea siempre fiel y enriquecedora para el pueblo de Dios.
Finalizando su catequesis, el Papa León XIV manifestó el “ardiente deseo” de la Iglesia de que la Palabra de Dios “pueda llegar a cada uno de sus miembros y alimentar de manera constante su camino de fe”. No obstante, aclaró que la fuerza de la Palabra “también impulsa a la Iglesia más allá de sus confines, abriéndola continuamente a la misión evangelizadora hacia todos los pueblos”.
Comparando la Palabra divina con las innumerables palabras que nos rodean diariamente, el Papa reflexionó: “De hecho, vivimos inmersos en una multitud de palabras; sin embargo, ¡cuántas de ellas resultan vacías de contenido! A veces, incluso escuchamos discursos sabios que, no obstante, no logran tocar nuestro destino último”. En contraste, explicó que la Palabra de Dios “sacia nuestra sed existencial de sentido y de verdad sobre nuestra vida. Es la única Palabra eternamente nueva: al revelarnos el misterio de Dios, se muestra inagotable, nunca deja de ofrecer sus infinitas riquezas”.
Concluyó su enseñanza afirmando que “Cristo es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne”, y que “todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia salvífica, no solo para nosotros, sino para toda la humanidad”.
**Llamadas del Pontífice y Compromisos de la Iglesia**
Posteriormente, durante sus saludos a los peregrinos de habla española, el Santo Padre expresó su cercanía espiritual a aquellos congregados en Chiclayo, Perú, para la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo. Con un gesto de profunda compasión, encomendó a todos, “especialmente a los enfermos y a sus familiares, a la protección maternal de la Santísima Virgen María”.
Asimismo, el Papa León XIV dirigió sus pensamientos y oraciones a las víctimas y a todos los afectados por las “graves inundaciones” que han azotado Colombia. Animó a toda la comunidad a sostener con la oración y la solidaridad a las miles de familias damnificadas por las fuertes lluvias que, en apenas doce días, han dejado al menos 22 fallecidos en el norte del país.
Finalmente, el Pontífice recordó la próxima conmemoración, el 14 de febrero, de los santos Cirilo y Metodio, apóstoles de los eslavos y patronos de Europa. Durante su saludo a los peregrinos polacos, invitó a seguir su ejemplo y a retomar “su labor apostólica —como exhortó san Juan Pablo II— para edificar una nueva unidad en el continente europeo, superando tensiones, divisiones y antagonismos, tanto de índole religiosa como política”. Este llamado resuena como una invitación a la reconciliación y a la construcción de puentes en un continente marcado por diversas complejidades.





