25 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – En su más reciente Audiencia General celebrada el pasado miércoles 11 de febrero, Su Santidad el Papa León XIV dedicó su catequesis a una profunda reflexión sobre la intrínseca y dinámica relación que une a la Palabra de Dios con la Iglesia. El Santo Padre destacó cómo esta conexión esencial se encuentra cimentada y expresada en la Constitución Dogmática *Dei Verbum*, uno de los documentos clave emanados del Concilio Vaticano II. Ante una nutrida concurrencia de fieles y peregrinos, el pontífice subrayó la relevancia de la Sagrada Escritura como fuente de vida y guía para toda la comunidad cristiana.

La meditación papal giró en torno a la premisa de que la Iglesia constituye el entorno natural y privilegiado donde la Sagrada Escritura revela plenamente su sentido y despliega su poder transformador. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia no solo surgió del seno del pueblo de Dios, sino que está destinada a nutrir y acompañar a ese mismo pueblo a lo largo de su peregrinación de fe. Dentro de la comunidad de creyentes, la Escritura encuentra su “hábitat” más auténtico, un espacio donde la fe y la vida de la Iglesia permiten desentrañar sus riquezas y manifestar su fuerza perenne.

El Magisterio eclesiástico, tal como lo reafirmó el Concilio Vaticano II en *Dei Verbum*, ha sostenido siempre una veneración hacia las Sagradas Escrituras comparable a la que se profesa por el mismo Cuerpo de Cristo en la Eucaristía. La Iglesia, desde sus orígenes, se ha nutrido y ha ofrecido a los fieles el “pan de vida” que emana tanto de la Palabra divina como del sacramento eucarístico, especialmente durante la Sagrada Liturgia. En este sentido, la Palabra revelada es considerada, en conjunto con la Sagrada Tradición, la norma suprema que orienta y fundamenta la fe de la Iglesia en cada época.

La reflexión sobre el valor inmutable de las Escrituras Sagradas es una constante en la vida de la Iglesia. Un hito significativo en este camino postconciliar fue la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en octubre de 2008, que abordó específicamente el tema “La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia”. Los frutos de este evento sinodal fueron compilados y desarrollados por el Papa Benedicto XVI en su Exhortación Apostólica postsinodal *Verbum Domini*, publicada el 30 de septiembre de 2010. En dicho documento, Benedicto XVI enfatizó que el vínculo intrínseco entre la Palabra y la fe indica claramente que una interpretación auténtica de la Biblia solo es posible dentro del contexto de la fe eclesial, tomando como modelo el “sí” incondicional de la Virgen María. La vida misma de la Iglesia, por tanto, se erige como el espacio primigenio para la correcta hermenéutica escriturística.

Según la enseñanza papal, el propósito primordial de la Escritura en la comunidad eclesial es doble: dar a conocer a Jesucristo y abrir un camino de diálogo íntimo con Dios. Retomando la célebre máxima de San Jerónimo, “la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo”, el pontífice recordó a los fieles que el objetivo último de la lectura y meditación bíblica es el encuentro personal con Jesús y, a través de Él, el establecimiento de una relación profunda con el Creador. Esta relación se concibe como una conversación, un diálogo transformador, donde Dios se dirige a la humanidad no como un amo a su siervo, sino como un amigo a otro amigo, tal como lo describe *Dei Verbum* al presentar la Revelación divina. Este diálogo se materializa de manera particular cuando los creyentes abordan la Biblia con una disposición interior de oración, permitiendo que Dios mismo salga a su encuentro y entable una comunicación directa.

La Sagrada Escritura, custodiada, interpretada y transmitida por la Iglesia, ejerce un rol dinámico y activo en la vida de los creyentes. Su eficacia y poder son pilares fundamentales que sostienen y fortalecen a la comunidad cristiana en su conjunto. Todos los fieles están llamados a abrevar de esta fuente inagotable de sabiduría y gracia, especialmente en la celebración de la Eucaristía y los demás sacramentos, donde la Palabra se hace viva y operante. Asimismo, el amor por las Sagradas Escrituras y una familiaridad profunda con ellas son cualidades indispensables para quienes ejercen el ministerio de la Palabra, incluyendo obispos, sacerdotes, diáconos y catequistas. La valiosa labor de exégetas y expertos en ciencias bíblicas es crucial, y la teología, que encuentra su fundamento y su alma en la Palabra de Dios, debe otorgar a la Escritura un lugar central y preeminente en su estudio y desarrollo.

El Santo Padre expresó el ardiente deseo de la Iglesia de que la Palabra de Dios no solo alcance a todos sus miembros, sino que también nutra y guíe su camino de fe individual y comunitario. Además, la Palabra divina impulsa constantemente a la Iglesia a trascender sus propios límites, abriéndola de manera ininterrumpida a su misión evangelizadora hacia todas las gentes. En un mundo saturado de innumerables palabras, muchas de las cuales resultan vacías o incapaces de tocar las profundidades del destino humano, la Palabra de Dios se erige como la única capaz de saciar la sed de sentido y verdad sobre la existencia. Es una Palabra siempre nueva, inagotable en sus riquezas, que al revelar el misterio de Dios, nunca cesa de ofrecer revelaciones y consuelo.

Finalmente, el Papa León XIV concluyó su catequesis invitando a los fieles a comprender que, al vivir en la Iglesia, se aprende que toda la Sagrada Escritura converge en la persona de Jesucristo. Él es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne, y todas las Escrituras proclaman su persona y su presencia salvífica para toda la humanidad. Animó a abrir el corazón y la mente para acoger este don inestimable, siguiendo el ejemplo de María, la Madre de la Iglesia, quien con su “fiat” encarnó la perfecta obediencia a la Palabra de Dios.

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos