El Día de la Juventud, una fecha que anualmente conmemora una trascendental gesta histórica de la nación, se convirtió nuevamente en Venezuela en un epicentro para la manifestación del sentir ciudadano. Este 12 de febrero, lejos de ser una jornada de mera conmemoración, fue el escenario de una significativa convocatoria: estudiantes universitarios, provenientes de diversas casas de estudio a lo largo y ancho del territorio nacional, se movilizaron con un propósito claro. Su objetivo era reafirmar su inquebrantable compromiso con la búsqueda de una genuina transición democrática y la plena vigencia de los derechos fundamentales, libertades que consideran esenciales para el desarrollo integral del país y de sus ciudadanos.
En este ambiente de efervescencia juvenil y demandas cívicas, una figura de notable peso moral, el Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo Emérito de Caracas, extendió su firme respaldo a la causa estudiantil. Lo hizo desde el emblemático campus de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la institución académica de mayor antigüedad en el país, subrayando con su presencia la vital importancia de esta lucha para el futuro y la cohesión de la nación venezolana. La convergencia de la historia, la educación y la fe dotó al evento de una resonancia particular.
La profunda resonancia del 12 de febrero como fecha de protesta no es producto de la casualidad, sino de su arraigo en la memoria colectiva venezolana. Esta jornada evoca la gesta heroica de la Batalla de La Victoria, librada en 1814, un capítulo crucial de la Guerra de Independencia. En aquel entonces, jóvenes cadetes y seminaristas, muchos de ellos sin entrenamiento militar formal, se unieron a las filas del General José Félix Ribas para defender la naciente república frente a la abrumadora superioridad de las fuerzas realistas comandadas por Francisco Tomás Morales. Su coraje y sacrificio, que culminaron en una victoria vital después de arduo combate, demostraron la capacidad de la juventud para asumir responsabilidades históricas decisivas y para ser un motor de cambio. Desde 1947, este evento ha sido oficialmente celebrado como el Día de la Juventud, consolidándose como un símbolo perenne de la fuerza, el idealismo y el espíritu indomable de los jóvenes venezolanos. La alusión implícita y explícita del Cardenal Porras a esta herencia, al dirigirse a los estudiantes de hoy, buscaba conectar su actual lucha con un legado de valentía y compromiso patrio.
Desde la Universidad Central de Venezuela, reconocida por su rica trayectoria académica y por ser cuna de figuras influyentes como San José Gregorio Hernández —el eminente médico y profesor que se graduó en 1888 y es considerado un ejemplo de dedicación científica y humanitaria—, el Cardenal Porras, de 81 años, se rodeó de jóvenes rostros, simbolizando un puente generacional. Su presencia en este recinto no solo legitimó el llamado estudiantil sino que también reafirmó el papel de la Iglesia en la vida pública y social del país, especialmente en momentos de profunda necesidad y desafío, ofreciendo una perspectiva de esperanza y unidad.
El purpurado articuló un mensaje de aliento y reflexión, destacando que “las bregas universitarias” —las luchas y desafíos inherentes a la vida académica y social— confieren un profundo sentido a la existencia, nutriéndola de esperanza y un aprendizaje constante. Enfatizó que estas experiencias, a menudo adversas, son cruciales para el desarrollo individual y colectivo, forjando carácter y promoviendo la resiliencia en un contexto nacional complejo, e instruyen en la invaluable habilidad de “trabajar en conjunto”.
El purpurado, con la sabiduría que confieren sus 81 años, subrayó la importancia capital de la colaboración y la unidad, instando a los jóvenes a “trabajar en conjunto, como hermanos, a pesar de las diferencias individuales que nos enriquecen”. Reconoció la singularidad y la gravedad del momento histórico que atraviesa Venezuela, resaltando el rol protagónico que corresponde a la juventud en la búsqueda de soluciones y en la construcción de un mañana distinto. “En las circunstancias que vive el país, tienen ustedes algo que decir y que decirnos a todos nosotros los mayores”, expresó, una afirmación que no solo valida la voz juvenil sino que también la posiciona como un catalizador indispensable. Sin embargo, su mensaje fue equilibrado: si bien delegó a los estudiantes la responsabilidad de ser “quienes nos empujen, quienes nos lleven adelante”, también les advirtió sobre el inmenso valor de escuchar y asimilar la experiencia de las generaciones precedentes. Esta interacción dialéctica, que fusiona la energía innovadora de la juventud con la perspectiva forjada por el tiempo, es, según el Cardenal, la que “nos va enriqueciendo” como sociedad y facilita el avance hacia objetivos comunes.
El líder religioso reiteró la relevancia de la UCV como un faro de conocimiento y conciencia cívica, un espacio donde “uno tiene que aprender lo que significa trabajar juntos, caminar juntos, buscar ideales que nos ayuden a crecer los unos a los otros”. Su llamado a la acción conjunta no fue un impulso a la confrontación o a la generación de violencia, sino una exhortación a la construcción de un porvenir más prometedor para Venezuela, guiado por principios de paz, entendimiento mutuo y progreso social.
Al concluir su emotiva intervención, un significativo grupo de jóvenes estudiantes, con gestos de respeto y esperanza, buscaron la bendición del Cardenal Porras. El purpurado, con una solemnidad paternal, la extendió no solo a los presentes, sino a toda la nación venezolana, con un énfasis particular en su juventud. Su deseo fue que los jóvenes se conviertan en “los que entusiasmen” al país, no a través de la violencia, sino mediante la promoción del ánimo, la esperanza y la cohesión para edificar una sociedad mejor, más justa y próspera. Su mensaje final, que invocó la protección y la guía de la Virgen Santísima sobre el pueblo y la juventud de Venezuela, fue recibido con un resonante y fervoroso “amén” por parte de los asistentes, marcando el punto culminante de un encuentro cargado de profundo significado. Las movilizaciones estudiantiles y ciudadanas convocadas para este Día de la Juventud, que lograron atraer a cientos de personas en las principales urbes del país, se desarrollaron sin incidentes mayores o altercados significativos, reafirmando el carácter pacífico y cívico de las demandas por la democracia y los derechos fundamentales en Venezuela.





