Ciudad del Vaticano – Con la inminente llegada de la Cuaresma, que da inicio este 18 de febrero con el Miércoles de Ceniza, el Papa León XIV ha emitido un mensaje crucial para los fieles católicos alrededor del mundo. Su santidad ha delineado una ruta espiritual para un auténtico camino de conversión hacia la Pascua, enfatizando tres pilares fundamentales: el cultivo de la escucha atenta, un ayuno que se extiende más allá de lo alimentario hasta las palabras hirientes, y el fortalecimiento de la unión entre los creyentes. Este llamado papal busca revitalizar la fe y orientar los corazones en un tiempo de profunda reflexión y renovación.
En su comunicación, titulada “Escuchar y Ayunar: La Cuaresma como Tiempo de Conversión”, el Pontífice subraya la Cuaresma como un periodo providencial en el que la Iglesia, con solicitud maternal, invita a los fieles a recentrar sus vidas en el misterio de Dios. Este reencuentro es vital para que la fe recobre su ímpetu original y el espíritu no se disperse en las múltiples inquietudes y distracciones que caracterizan la cotidianidad moderna. Cada proceso de conversión auténtico, según el Papa, nace de la apertura a la Palabra divina y de una acogida dócil del espíritu, estableciendo un vínculo indisoluble entre el don de la revelación de Dios, el espacio de hospitalidad que se le brinda y la transformación que esta engendra en el individuo.
**La Primacía de la Escucha Atenta**
El primer consejo del Santo Padre para este tiempo litúrgico es la importancia de dar espacio a la Palabra de Dios a través de una escucha profunda. Esta disposición no es un acto pasivo, sino el signo primordial del deseo de establecer una relación genuina con el otro, y en el contexto de la fe, con lo divino. El Papa recuerda cómo Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, demostró que la escucha es una característica intrínseca de su ser, al declarar: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor” (Ex 3,7). Esta escucha del clamor de los oprimidos marca el inicio de una historia de liberación, en la que el Señor involucra a Moisés como instrumento de salvación.
En la actualidad, el Pontífice explica que esta misma escucha resuena, moviéndonos a través de los pensamientos que conmueven el corazón de Dios. La escucha de la Palabra en la liturgia se convierte así en una escuela para discernir con mayor veracidad la realidad circundante. En medio de la cacofonía de voces que atraviesan tanto la esfera personal como la social, las Sagradas Escrituras capacitan al creyente para reconocer el clamor que surge del sufrimiento y la injusticia, evitando que quede sin respuesta. Adoptar esta receptividad interior significa dejarse instruir por Dios para escuchar como Él, reconociendo que la condición de los más vulnerables “representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”. Es una invitación a la empatía activa y a la conciencia social.
**El Ayuno como Purificación y Expansión del Deseo**
Si la Cuaresma es un periodo de escucha, el ayuno se erige como una práctica concreta que prepara el espíritu para la recepción de la Palabra divina. La abstinencia de alimentos, una disciplina ascética ancestral, es insustituible en el itinerario de conversión. Al involucrar directamente el cuerpo, revela aquello de lo que realmente tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestra subsistencia, ayudando a discernir y ordenar los “apetitos” humanos. Su propósito es mantener despierta la sed de justicia, liberándola de la resignación, y educarla para que se transforme en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
El Papa León XIV, citando a San Agustín, resalta la tensión entre el presente y la futura plenitud que el ayuno propicia, afirmando que “es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida”. Esta disciplina no solo permite dominar y purificar el deseo, haciéndolo más libre, sino también expandirlo, dirigiéndolo hacia Dios y hacia el bien común. Sin embargo, para que el ayuno conserve su esencia evangélica y no caiga en la tentación del orgullo, debe vivirse con fe y humildad, arraigado en la comunión con el Señor. “No ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios”, advierte el Pontífice.
Más allá de la abstinencia alimentaria, el Santo Padre invita a una forma de privación muy específica y a menudo subestimada: abstenerse de utilizar palabras que hieren y lastiman al prójimo. Se trata de “desarmar el lenguaje”, renunciando a los juicios precipitados, a la murmuración de quienes están ausentes y no pueden defenderse, y a las calumnias. El llamado es a cultivar la amabilidad en el discurso, midiendo las palabras en todos los ámbitos: la familia, la amistad, el trabajo, las redes sociales, los debates políticos, los medios de comunicación y las comunidades cristianas. Este cambio, asegura el Papa, permitiría que las palabras de odio cedan su lugar a palabras de esperanza y paz, construyendo un ambiente más respetuoso y fraterno.
**La Dimensión Comunitaria de la Conversión**
Finalmente, la Cuaresma, tal como la describe el Papa León XIV, destaca la indispensable dimensión comunitaria tanto de la escucha de la Palabra como de la práctica del ayuno. Las Escrituras, como el libro de Nehemías, ilustran esta faceta cuando el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública de la Ley, ayunando y disponiéndose a la confesión de fe y a la adoración para renovar su alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).
En la misma línea, el Papa exhorta a que parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas asuman la Cuaresma como un camino compartido. En este itinerario, la escucha de la Palabra de Dios, junto con la atención al clamor de los pobres y de la tierra, debe convertirse en una forma de vida común, mientras que el ayuno sostiene un arrepentimiento genuino. En este vasto horizonte, la conversión no se limita únicamente a la conciencia individual, sino que se extiende al estilo de las relaciones interpersonales, a la calidad del diálogo y a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad. De este modo, se busca reconocer lo que verdaderamente orienta el deseo, tanto en las comunidades eclesiales como en una humanidad sedienta de justicia y reconciliación.
El Papa León XIV concluye su mensaje pidiendo la gracia de vivir una Cuaresma que agudice nuestra escucha hacia Dios y hacia los más necesitados. Implora la fortaleza para un ayuno que alcance también la lengua, para que disminuyan las palabras dañinas y se amplíe el espacio para la voz de los demás. Hace un llamado a que las comunidades se transformen en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y donde la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más diligentes y dispuestos a edificar la “civilización del amor”. Su Santidad imparte de corazón su bendición a todos los fieles y a su recorrido cuaresmal desde el Vaticano, fechado el 5 de febrero de 2026, memoria de Santa Águeda.





