16 marzo, 2026

Luján, la emblemática capital de la fe argentina, fue escenario de una masiva congregación el pasado fin de semana, donde cerca de 5.000 personas se dieron cita en la Villa Marista para celebrar el decimoctavo aniversario de la Familia Grande Hogar de Cristo (FGHC). Bajo el lema “Somos misión”, la red de prevención y tratamiento de adicciones de la Iglesia Católica en Argentina conmemoró su trayectoria de servicio, compromiso y acompañamiento a miles de vidas en todo el país, reafirmando su objetivo de “recibir la vida como viene”.

El evento, cargado de emoción y alegría, fusionó la solemnidad de una Eucaristía con un vibrante encuentro comunitario, reflejando el espíritu de una obra que se ha consolidado como referente en la asistencia a personas en situación de vulnerabilidad y exclusión. La jornada no solo fue un motivo de celebración, sino también un espacio para la reflexión profunda sobre la dignidad humana y el imperativo de construir una sociedad más inclusiva.

**Una Liturgia de Esperanza y Compromiso**

La Misa central fue presidida por Mons. Oscar Ojea, Obispo Emérito de San Isidro, y contó con la concelebración de destacadas figuras eclesiásticas. Entre ellas, Mons. Jorge Eduardo Scheinig, Arzobispo de Mercedes-Luján; Mons. Eduardo García, Obispo de San Justo; Mons. Joaquín Sucunza, Obispo Auxiliar Emérito de Buenos Aires; y Mons. Raúl Pizarro, Obispo Auxiliar de San Isidro. Un nutrido grupo de más de cincuenta sacerdotes, que acompañan la labor de los Hogares de Cristo en diversas diócesis, se unió también a la liturgia, simbolizando la amplitud y el alcance nacional de la misión.

La homilía, un momento central de la celebración, estuvo a cargo del P. Leonardo Silio, coordinador de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia y responsable de los Hogares de Cristo en la Diócesis de Moreno. El P. Silio, con profunda cercanía y pedagogía, conectó el Evangelio de la curación del ciego de nacimiento con la experiencia transformadora que ofrecen los Hogares. “¿Quién llegó ciego al Hogar?”, preguntó a la multitud, y ante una gran cantidad de manos alzadas, repreguntó: “¿El Hogar les hizo recuperar la luz?”. El contundente “¡Sí!” de la asamblea resonó como un eco de las vidas recuperadas y las esperanzas renovadas.

**Devolver la Dignidad: El Corazón de la Misión**

El sacerdote enfatizó que el propósito fundamental de los Hogares de Cristo es “devolver la dignidad”. Reflexionó sobre cómo Jesús, al sanar al ciego, no solo restauró su vista física, sino que le devolvió la capacidad de soñar, de proyectar una vida nueva y de ser parte activa de una historia diferente. “Dignidad es lo que día a día soñamos en cada centro barrial para cada joven, para cada persona asistida: que puedan volver a soñar una familia, a reencontrarse con sus seres queridos, y a acceder a un trabajo decente”, afirmó el P. Silio.

En un contexto social a menudo caracterizado por el individualismo y el “sálvese quien pueda”, el coordinador de la Pastoral de Adicciones lanzó un enérgico llamado a la Familia Grande de los Hogares de Cristo para reafirmar su compromiso comunitario. “Queremos ser familia, queremos ser comunidad, queremos seguir devolviendo la dignidad a tantos hermanos que están al borde del camino, heridos y excluidos”, instó. Subrayó la imperiosa necesidad de “reconstruir el tejido roto de la vida y transformarlo en esperanza, en la certeza de que siempre hay otra posibilidad, otra vida, y que queremos ser parte de esa historia de redención”.

**Más Allá de la Crítica: Una Iglesia en Salida**

El P. Silio también abordó las críticas que a menudo reciben las obras de justicia social y misericordia. “Muchas veces se nos tilda, incluso se nos insulta, diciendo que la justicia social o las obras de misericordia son un pecado”, advirtió. Sin embargo, replicó con firmeza que “son el lugar más hermoso donde un cristiano puede estar para descubrir la dignidad que Él nos enseñó”. Para el sacerdote, la recuperación de una persona de una situación de adicción o exclusión representa un “florecimiento” que surge del encuentro con Cristo, marcando el inicio de “una nueva historia, una nueva vida”.

“No somos mercaderes de la pobreza”, aseguró el P. Silio, “somos hombres y mujeres que buscamos hacer el bien como lo hizo Jesús: pasando, viendo, mirando, sin eludir el dolor humano, sino haciendo lo propio y acompañando la vida como viene”. Concluyó su homilía con un llamado vehemente a edificar una “Iglesia en salida”, una “tienda de campaña” que sea reflejo de la misericordia divina, que abrace, reciba y sirva siempre a los más humildes y desfavorecidos, pues es allí “donde reside el corazón y el rostro de Jesús”.

**Gestos de Inclusión y Compromiso Judicial**

La celebración incluyó el simbólico gesto del lavatorio de pies, una expresión de servicio y humildad que caracteriza la labor de los Hogares de Cristo. Además, un momento significativo fue la entrega de las “Reglas Papa Francisco” para el trato humano de las personas excluidas. Este importante documento fue presentado por Julio Conte Grand, procurador del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, y Alejandro Slokar, juez de casación, resaltando el compromiso de la justicia con la dignidad humana.

Mons. Eduardo García explicó que este proyecto busca garantizar “un trato digno” para quienes están privados de su libertad, ofreciéndoles la posibilidad de “una vida nueva y no solamente una reclusión”, evidenciando la sinergia entre la Iglesia y el sistema judicial en la búsqueda de la inclusión y la rehabilitación social.

La jornada festiva culminó con la animación musical del P. Damián Reynoso y su banda, que aportaron un broche de alegría y esperanza a este memorable aniversario. Los 18 años de la Familia Grande Hogar de Cristo no solo marcan una trayectoria de servicio ininterrumpido en la lucha contra las adicciones en Argentina, sino que también renuevan su compromiso con la vida, la dignidad y la construcción de una sociedad más justa y fraterna para todos.

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