19 marzo, 2026

La histórica celebración de la Semana Mayor en el Casco Antiguo de Panamá se prepara para un acontecimiento sin precedentes: por primera vez, una majestuosa procesión con el conjunto escultórico de La Última Cena recorrerá sus calles empedradas. Esta iniciativa, profundamente arraigada en la fe y la tradición católica, busca enriquecer las actividades devocionales que se extenderán del 27 de marzo al 5 de abril, atrayendo tanto a feligreses como a visitantes a un encuentro singular con el arte sacro y la espiritualidad.

**Un Conjunto Escultórico de Gran Magnitud y Valor Artístico**

El elemento central de esta nueva procesión es un impresionante conjunto escultórico compuesto por trece imágenes que representan a Jesucristo y a sus doce apóstoles en el momento trascendental de la Última Cena. Esta obra de arte fue encargada y elaborada en Córdoba, España, cuna de una rica tradición en imaginería religiosa. El proceso de creación fue meticuloso y prolongado, requiriendo cerca de dos años de dedicación por parte del renombrado imaginero español Jorge Domínguez. Desde los primeros bocetos en barro hasta el tallado final en madera de cedro, cada figura fue cuidadosamente esculpida para capturar la esencia y el dramatismo de este pasaje bíblico.

Tras culminar su elaboración, el conjunto emprendió una travesía de veinticinco días desde Córdoba hasta las costas panameñas, llegando como un tesoro de incalculable valor artístico y espiritual. Estas trece figuras serán el corazón de la procesión inaugural que se realizará el Jueves Santo, prometiendo convertirse en uno de los momentos más emotivos y visualmente impactantes de la Semana Santa panameña.

**La Eucaristía en las Calles: Una Catequesis Viva**

Fray Javier Mañas, párroco de la Catedral Basílica Santa María de la Antigua –el punto de partida de esta nueva manifestación de fe–, ha subrayado la profunda motivación teológica detrás de esta iniciativa. En una entrevista con ACI Prensa, explicó que el Jueves Santo conmemora la institución de la Eucaristía y del ministerio sacerdotal por parte de Jesús. Por ello, uno de los objetivos primordiales de la procesión es “hacer visible en las calles el origen de la Eucaristía”, permitiendo que este momento fundacional de la Iglesia salga del templo para encontrarse con el pueblo.

El sacerdote enfatizó que la escena de la Última Cena marca el inicio de lo que él describe como “el gran ministerio de la Iglesia,” un acto que se revive en cada celebración de la Misa. Más allá de su indudable valor estético, Fray Mañas destacó que estas representaciones funcionan como “una catequesis viva,” capaz de conmover el espíritu de las personas y, consecuentemente, facilitar una comprensión más profunda del misterio que la Iglesia celebra. “No todos tienen la oportunidad de leer el Evangelio o de asistir a sesiones de catequesis, pero cuando una escena evangélica cobra vida y recorre las calles, la fe se torna verdaderamente tangible y accesible para todos,” afirmó. Esta expresión pública de fe también simboliza, de una manera sencilla pero profunda, que la fe católica no se limita a los espacios sagrados, sino que “camina y se manifiesta en medio del pueblo.”

**Simbolismo y Reflexión en Cada Figura**

La Misa de bendición de las imágenes, celebrada el 15 de marzo, ofreció un espacio para que Monseñor José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá, profundizara en la rica simbología que encierra cada elemento de este conjunto escultórico.

En el centro de la composición, Jesús es representado como “el corazón de la escena y el epicentro de nuestra fe.” Su vestimenta blanca simboliza la luz y la pureza, mientras que la ausencia de calzado es un signo de humildad y servicio. Alrededor de Él, los apóstoles se muestran en distintas actitudes, todos orientados hacia su Maestro, un reflejo de su seguimiento y devoción. Sin embargo, una figura se distingue por su posición: Judas, que se aparta del grupo. Este detalle, según el Arzobispo, sirve como un recordatorio de que “el corazón humano siempre conserva la libertad de aceptar o rechazar el amor de Dios,” una invitación a la reflexión sobre la elección personal y sus consecuencias.

La obra también integra elementos simbólicos adicionales, entre los que destaca la figura de un pelícano alimentando a sus crías. Este es un antiguo símbolo cristiano que evoca el amor sacrificial de Cristo, quien entrega su propia vida para dar vida y sustento a los suyos, un potente mensaje de caridad y entrega.

**Un Espacio para la Contemplación Continua**

Una vez finalizada la histórica procesión de Jueves Santo, las autoridades eclesiales tienen previsto buscar un espacio adecuado dentro de la Catedral Basílica para que el conjunto escultórico de La Última Cena pueda ser contemplado de forma permanente por los fieles y visitantes. De esta manera, esta magnífica obra de arte sacro no solo enriquecerá las celebraciones de la Semana Santa, sino que también ofrecerá una oportunidad constante para la oración, la reflexión y la profundización en los misterios de la fe católica.

Esta primera procesión de La Última Cena en el Casco Antiguo de Panamá se perfila como un evento trascendental que fusionará la devoción religiosa con la expresión artística, dejando una huella imborrable en la tradición de la Semana Santa panameña y reafirmando el papel de la fe en el corazón de la ciudad.

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