22 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – La Iglesia Católica, a través de la voz del Papa León XIV, ha expresado su profundo pesar por el fallecimiento del Patriarca Católico de toda Georgia, Ilia II, quien partió el pasado 17 de marzo a la edad de 93 años. En un sentido mensaje leído durante la ceremonia fúnebre, el Sumo Pontífice elogió al difunto líder ortodoxo como un “incansable constructor de la unidad” y un “devoto testigo de la fe en Cristo Resucitado”, reconociendo su legado como una figura central en la vida espiritual y cultural de Georgia.

La partida de Ilia II marca el fin de una era para la Iglesia Ortodoxa Apostólica Autocéfala de Georgia, la cual guio durante casi cinco décadas. Su ministerio, iniciado en 1977 en plena era soviética, lo consolidó como una piedra angular en la preservación de la identidad religiosa de la nación caucásica, un faro de esperanza en tiempos de profunda transformación histórica y desafíos geopolíticos. El Papa León XIV subrayó esta resiliencia, afirmando que Ilia II “acompañó al pueblo georgiano en tiempos difíciles y profundos cambios de época, preservando con amor la tradición y abriendo corazones y comunidades a la esperanza.”

Nacido en 1933 en Vladikavkaz, una ciudad de Osetia del Norte, como Irakli Ghudushauri-Shiolashvili, el futuro Patriarca Ilia II ascendió a la cúspide de su Iglesia con los prestigiosos títulos de Catolicós-Patriarca de toda Georgia, Arzobispo de Mtskheta-Tiflis y Metropolitano de Abjasia y Bikhvinta. Su liderazgo no solo fue crucial para la supervivencia de la fe ortodoxa bajo el régimen comunista, sino que también fue fundamental en el resurgimiento espiritual del país tras la independencia. Bajo su guía, la Iglesia Ortodoxa Georgiana experimentó una notable revitalización, recuperando su influencia y su papel en la sociedad.

Uno de los aspectos más destacados de la vida y el ministerio de Ilia II fue su compromiso inquebrantable con el diálogo ecuménico. El Papa León XIV recordó que el Patriarca georgiano “se reunió con dos de mis estimados predecesores —San Juan Pablo II y el Papa Francisco— siempre con espíritu de cordialidad y fraternidad”. Estos encuentros históricos sellaron lazos de hermandad entre la Sede Apostólica y la Iglesia Ortodoxa Georgiana. La visita de Ilia II al Vaticano para encontrarse con San Juan Pablo II el 6 de junio de 1980 fue un hito que precedió la histórica visita del Papa polaco a Georgia en 1999. Posteriormente, Ilia II recibió al Papa Francisco en Georgia en 2016, reafirmando una amistad y un respeto mutuo que trascendían las diferencias teológicas y culturales.

El Pontífice también hizo hincapié en una pasión personal del Patriarca: la música. León XIV la describió como “un estímulo para la búsqueda de la belleza de Dios y que puede unir a los pueblos, acercando a las Iglesias más allá de las diferencias culturales y teológicas”. Este detalle resalta la visión holística de Ilia II, quien entendía el arte y la espiritualidad como caminos convergentes hacia la trascendencia y la unidad.

En su mensaje, el Papa León XIV no solo lamentó una pérdida, sino que también ofreció una reflexión sobre la fe y la esperanza cristiana frente a la muerte. Citando a San Pablo, el Papa recordó que “la resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe y la fuente de nuestra esperanza. Porque si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana”. En este contexto, el Pontífice aseguró que “ante la muerte de un Pastor, por lo tanto, nuestros corazones no se rinden a la desesperación. Al contrario, se abren a la certeza de que la vida no se pierde, sino que se transforma”. Estas palabras buscaron consolar a la comunidad ortodoxa georgiana y reafirmar la promesa de la vida eterna.

Finalmente, el Papa León XIV dirigió sus plegarias al Metropolitano Shio de Senaki y Chkhorotsku, actual Locum Tenens de la Sede Patriarcal. “Ruego al Señor que le conceda luz, discernimiento y fortaleza, para que pueda acompañar a la Iglesia Ortodoxa de Georgia con la misma caridad pastoral que animó al difunto Patriarca”, expresó el Pontífice. Además, invocó la protección de la Santísima Madre de Dios sobre Su Eminencia, el Santo Sínodo y todo el pueblo georgiano, pidiendo que los cubra con su “manto de consuelo y amor” en este período de luto y transición.

La vida de Ilia II, marcada por un liderazgo espiritual firme, un compromiso con la unidad y una profunda fe, deja una huella imborrable no solo en Georgia, sino en el panorama ecuménico global, siendo un ejemplo de perseverancia y reconciliación en la búsqueda de la unidad cristiana. Su legado continuará inspirando los esfuerzos por tender puentes entre las diferentes confesiones cristianas.

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