CIUDAD DEL VATICANO – El camino hacia la santidad se ilumina con la reciente aprobación de nuevos decretos por parte del Papa Francisco, reconociendo las virtudes heroicas de seis siervos de Dios, quienes ahora ostentan el título de Venerables. Estas figuras, provenientes de diversas naciones y trayectorias, representan un mosaico de fe y servicio que abarca desde la vida religiosa hasta el compromiso laico y el liderazgo cívico. La decisión fue formalizada por el Santo Padre tras una audiencia con el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, consolidando un paso crucial en sus respectivos procesos de canonización.
Entre los nuevos Venerables se encuentran personalidades de gran relevancia espiritual y social: la religiosa española María de Belén del Corazón de Jesús, conocida como Madre Belén; el padre de familia y exalcalde italiano José Castagnetti; el sacerdote irlandés-estadounidense Eduardo José Flanagan, fundador de la reconocida “Boys Town”; el Cardenal Ludovico Altieri, obispo de Albano; la religiosa polaca Stanislava Samulowska; y el laico francés Enrique Caffarel, pionero en la espiritualidad matrimonial. Sus vidas, marcadas por un compromiso extraordinario con el Evangelio, son ahora propuestas como ejemplos de fe y caridad para la Iglesia universal.
**Madre Belén: Un Faro de Caridad entre Sevilla y el Sertão Brasileño**
Una de las figuras destacadas es María Dolores Romero Algarín, nacida en Sevilla, España, el 7 de octubre de 1916, y conocida en su vida religiosa como Madre Belén. Desde muy joven, esta venerable española sintió una profunda llamada al servicio, que la llevó a ingresar en la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón. Sus primeros años de ministerio en localidades como Aracena y Linares ya perfilaban su vocación inquebrantable de entrega a los más desfavorecidos y a la educación de la infancia sin recursos. Su presencia era sinónimo de consuelo y esperanza en los barrios más humildes.
El año 1953 marcó un giro decisivo en su existencia cuando la Madre Belén partió hacia Brasil. En el árido y empobrecido sertão brasileño, una región de desafíos extremos, fundó la primera comunidad de su congregación en Dianópolis. Allí, se erigió como un referente indispensable de apoyo material y espiritual para los campesinos y sus familias, quienes encontraban en ella no solo ayuda, sino también una alegría contagiosa. Muchos testigos de su labor han descrito esta alegría como su “sello de santidad”, una manifestación de su profunda unión con Dios incluso en las circunstancias más difíciles. Tras una vida de sacrificio y entrega, falleció en Sanlúcar la Mayor, Sevilla, el 12 de noviembre de 1977, dejando un legado imperecedero de caridad y devoción que hoy la Iglesia eleva a la categoría de virtudes heroicas.
**Modelos de Santidad en Diversas Vidas y Contextos**
Junto a la Madre Belén, la Iglesia ha reconocido también las virtudes heroicas de José Castagnetti (1909-1965), un laico italiano que encarna el ideal de santidad en la vida cotidiana y pública. Como padre de familia y alcalde de Castelnuovo Monti, Castagnetti demostró cómo los valores del Evangelio pueden aplicarse en la gestión cívica, destacándose por una administración basada en la justicia y una atención preferencial a los ciudadanos más vulnerables. Su vida es un testimonio de que la santidad no es exclusiva de los conventos, sino que puede florecer en el corazón de la vida civil y familiar, impactando positivamente en la sociedad.
El elenco de nuevos Venerables incluye también a otras figuras de impacto global. El sacerdote irlandés-estadounidense Eduardo José Flanagan es mundialmente reconocido por fundar la “Boys Town” o Ciudad de los Niños, una institución pionera que brindó refugio, educación y un hogar a miles de jóvenes sin techo en Estados Unidos. Su visión y compasión transformaron las vidas de innumerables niños y adolescentes, convirtiéndolo en un ícono de la protección a la infancia desfavorecida.
Desde el ámbito eclesiástico más tradicional, se suma el Cardenal Ludovico Altieri, Obispo de Albano, cuya “ofrenda de la vida” fue reconocida por su heroico sacrificio al asistir a los enfermos durante una devastadora epidemia de cólera en el siglo XIX. Su valentía y entrega en medio del peligro mortal son un poderoso recordatorio de la caridad cristiana llevada hasta sus últimas consecuencias.
Finalmente, el Papa Francisco ha elevado a Venerable a dos figuras más: la religiosa polaca Stanislava Samulowska, de las Hijas de la Caridad, cuya vida de servicio se desarrolló con gran abnegación en tierras guatemaltecas, dejando una huella de amor y dedicación; y el laico francés Enrique Caffarel, un verdadero pionero en la espiritualidad para matrimonios. Caffarel fue el fundador de la asociación “Equipes Notre Dame” (Equipos de Nuestra Señora) y del Instituto Secular “Fraternidad de Nuestra Señora de la Resurrección”, dedicando su vida a fortalecer el sacramento del matrimonio como un camino privilegiado hacia la santidad.
**El Significado de Ser “Venerable”**
La declaración de “Venerable” es un paso significativo en el complejo y meticuloso proceso de canonización de la Iglesia Católica. Este título se otorga después de una exhaustiva investigación sobre la vida del candidato, la cual debe demostrar la práctica heroica de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), así como otras virtudes cristianas. Es un reconocimiento oficial de que la persona vivió una vida de santidad ejemplar, ofreciéndola como modelo para los fieles.
El siguiente paso en el camino hacia los altares es la beatificación, para la cual se requiere la verificación y el reconocimiento oficial de un milagro atribuido a la intercesión del Venerable. Posteriormente, un segundo milagro verificado es necesario para la canonización, que proclama al Venerable como santo, digno de veneración por toda la Iglesia universal.
Con la firma de estos decretos, el Papa Francisco invita a los fieles de todo el mundo a conocer y emular las vidas de estos seis nuevos Venerables, quienes, desde sus particulares contextos y vocaciones, demostraron que la llamada a la santidad es universal y que el amor a Dios y al prójimo puede transformar el mundo.





