En un contexto de profunda resonancia tanto espiritual como cívica, la Iglesia Católica en Bolivia, a través de la voz de Mons. Basilio Mamani, Obispo Auxiliar de La Paz, ha emitido un contundente llamado a la fe, la esperanza y la unidad nacional. Este mensaje se produjo durante el quinto domingo de Cuaresma, una jornada que coincidió con un momento crucial para la democracia boliviana: las elecciones subnacionales para gobernadores y alcaldes en todo el país. La homilía, celebrada en la histórica Basílica de Nuestra Señora de Los Ángeles, sirvió como un puente entre la reflexión teológica cuaresmal y las realidades sociales, económicas y emocionales que atraviesan los ciudadanos.
Mons. Mamani, en su profundo análisis del Evangelio, centró su mensaje en la humanidad de Jesús ante el sufrimiento, tomando como referencia el pasaje bíblico que narra la aflicción de Marta y María por la muerte de su hermano Lázaro. Lejos de ofrecer una visión distante o puramente dogmática, el prelado enfatizó la cercanía de Dios frente a las “muertes interiores” que experimenta la sociedad. Estas “muertes” se manifiestan en las crisis económicas que golpean a las familias bolivianas, en las tensiones sociales que dividen a las comunidades y en las luchas personales que desgastan el espíritu diario. El obispo destacó que Jesús no minimiza el dolor ni ofrece un discurso frío; por el contrario, se conmueve y llora, revelando así el rostro de un Dios que se solidariza con la fragilidad humana.
“Jesús se conmueve y llora. Es el rostro de un Dios cercano que entra en nuestras realidades paceñas y bolivianas marcadas por el cansancio y la lucha diaria,” afirmó Mons. Mamani, subrayando cómo la divinidad se entrelaza con la cotidianidad de un pueblo que enfrenta desafíos constantes. Esta cercanía divina, según el Obispo Auxiliar, es un bálsamo en tiempos donde la resiliencia se pone a prueba y la incertidumbre puede generar desánimo. Su reflexión invita a los feligreses a reconocer la presencia de un Dios empático, capaz de comprender las profundidades del sufrimiento humano y de ofrecer consuelo en medio de la adversidad.
El obispo, consciente de los tiempos complejos que vive Bolivia, donde la polarización y la desconfianza a menudo amenazan la convivencia pacífica, exhortó vehementemente a la población a resistir el endurecimiento del corazón. Miedo y resentimiento, advirtió, son obstáculos que impiden la construcción de un futuro más justo y cohesionado. En contraposición, propuso la fe no como una pasividad resignada, sino como un motor de “esperanza activa y comprometida con el bien común.” Esta visión de la fe implica una participación consciente y constructiva en la sociedad, donde cada individuo contribuye al bienestar colectivo, especialmente cuando los caminos parecen cerrados o la división social se intensifica.
Inspirándose en la figura de Marta, hermana de Lázaro, Mons. Mamani animó a los bolivianos a cultivar una fe inquebrantable. “Quien cree en Cristo nunca está derrotado,” sentenció, recordando la capacidad divina de “abrir caminos donde nosotros ya no vemos salida.” Este mensaje cobra especial relevancia en un país que, a lo largo de su historia, ha enfrentado numerosos obstáculos políticos, económicos y sociales. La fe, en este contexto, se presenta como una fuerza transformadora, capaz de generar soluciones innovadoras y de fomentar la resiliencia ante la adversidad, invitando a una profunda confianza en la providencia divina incluso en las situaciones más desafiantes.
Finalmente, el Obispo Auxiliar de La Paz convocó a todos los bolivianos a abandonar los “sepulcros” metafóricos del rencor, la falta de perdón y la indiferencia. Estos “sepulcros” representan las barreras emocionales y espirituales que impiden la reconciliación y el progreso social. Para lograr esta transformación personal y colectiva, Mons. Mamani hizo un llamado explícito a la Iglesia Católica en Bolivia para que asuma un rol protagónico de acompañamiento, solidaridad y compromiso. La institución eclesiástica, en este sentido, debe actuar como “instrumento de resurrección” para quienes sufren, ofreciendo consuelo, guía y apoyo práctico.
Concluyendo su homilía, Mons. Mamani elevó una oración sentida por la unidad de la familia boliviana. Su plegaria final invocó la bendición de aquel que venció a la muerte, pidiendo que esta gracia divina transforme los corazones individuales y conduzca al país hacia sendas de paz duradera y justicia social. Este mensaje, pronunciado en un día de intensa actividad cívica, reafirma el compromiso de la Iglesia con el bienestar integral de Bolivia, trascendiendo las esferas puramente espirituales para incidir activamente en la construcción de una sociedad más humana y solidaria.




