18 abril, 2026

En un contexto de crecientes tensiones globales y desacuerdos públicos, el embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch, ha enfatizado su compromiso de tender puentes entre el presidente estadounidense Donald Trump y el Papa León XIV. Sus declaraciones, realizadas en Roma el 26 de febrero de 2026, subrayan una estrategia diplomática centrada en los puntos de convergencia entre ambos líderes, minimizando las recientes diferencias sobre el conflicto bélico en curso con Irán.

El diplomático destacó la esencia de su misión al afirmar: “Como embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, mis esfuerzos son muchos, pero uno de los roles como diplomático es recordar a las partes interesadas aquello que nos une y lo que nunca debe dividirnos”. Estas palabras de Burch se produjeron tras una intervención donde abordó la crítica situación de persecución que enfrentan los cristianos en Nigeria, evento celebrado en la embajada estadounidense ante el Vaticano.

Burch reconoció la existencia de discrepancias, indicando que “no debemos fingir que no hay desacuerdo”, ya que “claramente lo hay”. Sin embargo, el embajador insistió en la importancia de “recordar lo que comparten”, señalando una convicción fundamental que une a ambos líderes: la protección de los inocentes. “Ambos hombres están impulsados por una convicción inquebrantable en la protección de los inocentes”, dijo. “Uno lidera con la espada y el escudo del poder estadounidense, el otro con la cruz del amor sacrificial. Pero ambos están diciendo en sus propios lenguajes: ‘El mal no debe triunfar y la inocencia no debe ser abandonada'”.

La relación entre Washington y la Santa Sede se ha visto matizada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, una guerra que ha cobrado la vida de más de 3.000 personas en poco más de un mes. Las víctimas incluyen más de 150 niñas en una escuela de Minab y al menos 15 soldados estadounidenses. Si bien se ha logrado un alto el fuego temporal, la situación sigue siendo delicada. Ante este escenario, el Papa León ha sido una voz constante a favor de la paz.

El presidente Trump no ha escatimado en críticas hacia el Sumo Pontífice, llegando a describirlo como “débil en materia de crimen y terrible para la política exterior”. Asimismo, declaró: “No creo que esté haciendo un muy buen trabajo” y “no soy fan del Papa León”. Por su parte, el Papa León XIV ha respondido con firmeza, asegurando no tener “miedo de la administración Trump ni de hablar en voz alta sobre el mensaje del Evangelio”, recalcando que no es “un político” y que carece de interés en debatir con el presidente.

Una de las afirmaciones más polémicas del presidente estadounidense fue su aseveración, posteriormente desmentida, de que el Papa León había declarado que “Irán puede tener un arma nuclear”. El Santo Padre ha advertido reiteradamente sobre la proliferación nuclear en Oriente Medio y se ha manifestado ampliamente en contra del armamento atómico.

La posición del Pontífice ha encontrado eco y defensa en la jerarquía católica estadounidense. Monseñor Michael Duca, obispo de la Diócesis de Baton Rouge, Luisiana, publicó un mensaje el 16 de abril titulado “Bienaventurados los que trabajan por la paz”. En él, el obispo exhortó a los católicos a rezar por la paz y advirtió contra la tendencia a tratar al Papa León como una figura política partidista. Duca calificó la retórica de Trump como “preocupante porque corre el riesgo de reducir al Santo Padre a una figura partidista y profundizar aún más las divisiones en un mundo ya fracturado”, enfatizando que el Pontífice “no es un político”.

El obispo Duca subrayó la autoridad espiritual del Papa León XIV: “Es el vicario de Cristo, encargado de proclamar el Evangelio ‘a tiempo y a destiempo’, desafiando a todas las personas —independientemente de su nación o cargo— a medir sus palabras y acciones según la verdad de Jesucristo revelada en los Evangelios”. Recalcó que la Iglesia “siempre busca hablar en favor de la dignidad de la persona humana, la santidad de la vida y el urgente llamado a la paz”. Además, Monseñor Duca instó a los fieles a no dejarse “arrastrar por el incesante ciclo de indignación amplificado por las redes sociales y las noticias instantáneas”, pidiéndoles, en cambio, “hacer una pausa” y evitar “la trampa del conflicto fabricado”. Recordó que “como cristianos, hay una sola voz que debemos seguir por encima de todas las demás: la voz de Cristo, reflejada a través de su Iglesia”.

El obispo hizo un paralelismo con figuras anteriores, como San Juan Pablo II, quien “habló con claridad moral en tiempos de extraordinaria tensión global”, y afirmó que el Papa León XIV se inscribe en esa misma tradición. “Él llama a nuestros corazones de vuelta al arduo y santo trabajo del diálogo, el encuentro y la reconciliación”, dijo Duca. Concluyó instando a los católicos a “unirse a mí en rezar fervientemente por la paz en nuestro mundo, por la sabiduría entre nuestros líderes y por corazones abiertos a la conversión”, y a “responder con esperanza”, recordando que la Iglesia ha soportado tormentas mucho mayores y sigue guiada por el Espíritu Santo.

Por su parte, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) también intervino en el debate, después de que el vicepresidente estadounidense JD Vance cuestionara las declaraciones del Papa León XIV sobre la guerra. La USCCB publicó un mensaje en X desglosando la doctrina de la “guerra justa” según el Catecismo de la Iglesia Católica. La publicación destacó que “las estrictas condiciones para la legítima defensa mediante la fuerza militar requieren una consideración rigurosa” y que “la gravedad de tal decisión la somete a condiciones estrictas de legitimidad moral”.

Los obispos explicaron las condiciones para una guerra justa: una causa justa por un daño “duradero, grave y cierto”; el agotamiento de “todos los demás medios” para aliviar la amenaza; “serias perspectivas de éxito”; y que la guerra “no debe producir males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar”. Sobre este último punto, enfatizaron que “el poder de los medios modernos de destrucción pesa enormemente en la evaluación de esta condición”. Recalcaron que todas estas condiciones deben cumplirse y que su evaluación corresponde al “juicio prudencial de quienes tienen la responsabilidad del bien común”.

Finalmente, la USCCB citó el Catecismo para recordar que “todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras”, pero que si una guerra es necesaria, “una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa”. Concluyeron recordando que “una vez estallada desgraciadamente la guerra, no todo es lícito entre los contendientes” y pidieron a todos “rezar por la paz”. En un clima de polarización y conflicto, la diplomacia vaticana y la voz pastoral de la Iglesia buscan reafirmar los principios de diálogo y paz como pilares esenciales para la convivencia global.

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