Monterrey, México – El próximo 4 de agosto, la Arquidiócesis de Monterrey será testigo de un emotivo hito en la vida de Pierre Bachelet Thomas, un diácono de origen haitiano que recibirá la ordenación sacerdotal. A sus 34 años, Pierre no solo se prepara para este trascendental momento, sino que también alberga un profundo anhelo: regresar a su natal Haití para acompañar y servir a su comunidad, una nación sumida en una compleja crisis multidimensional. Su historia es un testimonio de fe, resiliencia y la vocación que trasciende fronteras geográficas y personales.
Nacido en el seno de una familia católica de siete hermanos, Pierre creció en Haití, donde los valores de la fe, el esfuerzo y el amor familiar marcaron su desarrollo desde temprana edad. Fue precisamente el ejemplo de sus padres y la firmeza de su fe lo que sembró en él la semilla de una vocación. Durante su adolescencia, experimentó un fuerte deseo de dedicarse al sacerdocio, una inquietud que, aunque inicialmente confusa, se fue clarificando gracias al testimonio inspirador de otros sacerdotes. Estos modelos de vida le ayudaron a discernir que su llamado no era una mera emoción pasajera, sino una genuina invitación divina.
Su camino hacia el sacerdocio comenzó en el Seminario Mayor Notre-Dame en Puerto Príncipe, la capital haitiana. Sin embargo, su formación se desarrolló en un período de creciente turbulencia para su país. La crisis política, económica y social se agudizó dramáticamente tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, lo que propició una escalada sin precedentes de la violencia y el control territorial por parte de pandillas armadas. En este contexto de inestabilidad y peligro, Antonio Cavazos Bueno, un laico marista residente en Haití, jugó un papel crucial al ofrecerle a Pierre la oportunidad de continuar sus estudios en México, facilitando su contacto con la Arquidiócesis de Monterrey.
La llegada de Pierre a México hace tres años fue, en sus propias palabras, un evento “providencial”, aunque no exento de desafíos significativos. Enfrentarse a una cultura distinta, nuevas costumbres y una forma de vida diferente implicó un proceso de adaptación considerable. Sin embargo, Pierre pronto descubrió puntos de conexión profundos entre ambas naciones. Elementos como el arraigado amor a la Virgen de Guadalupe, las vibrantes fiestas patronales, las peregrinaciones, el valor inquebrantable de la familia y la confianza en Dios en medio de las adversidades, son aspectos que, según él, Haití y México comparten con una identidad religiosa similar. Esta experiencia le ha permitido comprender que “la vocación no tiene fronteras”, y ha fortalecido su compromiso, llevando en su corazón tanto a su tierra natal como a la que lo acogió.
La situación actual en Haití sigue siendo desgarradora. La inestabilidad política continúa profundizando una crisis humanitaria que se manifiesta en pobreza extrema, hambre generalizada y una grave escasez de servicios básicos de salud. Cifras alarmantes del Programa Mundial de Alimentos de la ONU revelan que 5.7 millones de personas, más de la mitad de la población haitiana, padecen hambre aguda, con más de 2 millones enfrentando niveles de hambre de “emergencia”. Además, la ONU ha advertido sobre una situación de derechos humanos “extremadamente preocupante”. Solo entre enero y marzo de 2026, al menos 1,642 personas fueron asesinadas y 745 resultaron heridas en incidentes relacionados con la violencia de las pandillas.
A pesar de este panorama sombrío, Pierre insiste en que su país es hogar de “un pueblo con mucha fe y con una gran capacidad de luchar”. Describe a sus compatriotas como personas que, “aun en medio de tantas pruebas, siguen luchando, siguen creyendo en Dios y siguen esperando en un futuro mejor”. Para él, esa fe inquebrantable y la resistencia del pueblo haitiano son un “signo muy grande de esperanza”, que lo impulsa en su propia misión.
Aunque la ordenación sacerdotal del 4 de agosto en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en Monterrey, donde será ordenado junto a otros cuatro candidatos, marca un nuevo comienzo, su regreso a Haití deberá esperar. Pierre tiene previsto permanecer un tiempo más en México para realizar una especialidad en Derecho Civil. Su objetivo es claro: no solo regresar con un conocimiento teológico profundo, sino también con herramientas académicas y prácticas que le permitan “servir mejor a la Iglesia y a toda la sociedad” haitiana.
“Me emociona regresar como sacerdote para acompañar a mi pueblo, especialmente en un momento tan difícil para el país. Quiero servir donde la Iglesia me necesite y ser útil a esta comunidad que me espera”, expresa con convicción. En su reflexión sobre el futuro ministerio, Pierre se enfrenta a una pregunta crucial: “¿cómo anunciar la paz y el amor de Dios en medio de tantos sufrimientos?”. Para abordar este desafío, confía en que los aprendizajes adquiridos en México, como el profundo amor a la Virgen de Guadalupe y la forma “tan viva y alegre de expresar, unir y vivir la fe”, serán elementos esenciales que podrá llevar consigo y compartir “allí donde mi obispo me mandará servir”, en ese Haití que lo espera con urgencia y esperanza.








