19 julio, 2026

El cardenal jesuita Michael Czerny, una figura de notable trayectoria en la Iglesia católica y ferviente defensor de la justicia social y los derechos humanos, cumple hoy 80 años. Este hito no solo marca el final de su derecho a participar y votar en un futuro cónclave para la elección de un nuevo Papa, sino que también precede su inminente retiro como prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, previsto para el 31 de agosto. Su vida ha sido un testimonio de servicio ininterrumpido en diversas latitudes, desde los convulsos escenarios de América Central hasta las aulas de África y los pasillos de la Curia Romana, bajo el liderazgo de dos Pontífices, Francisco y el actual Papa León XIV.

Nacido el 18 de julio de 1946 en Brno, en la actual República Checa, Michael Czerny emigró a Canadá siendo niño. Fue allí donde dio los primeros pasos de su vocación religiosa, ingresando en la Compañía de Jesús. Su formación jesuita lo llevó a una profunda inmersión en el pensamiento social y la teología, culminando con su ordenación sacerdotal el 9 de junio de 1973 y, posteriormente, un doctorado en ciencias humanas, pensamiento social y teología por la Universidad de Chicago. Desde sus inicios, Czerny demostró un compromiso inquebrantable con las causas de los más vulnerables, una característica que definiría su extenso ministerio.

Uno de los capítulos más formativos de su carrera transcurrió en El Salvador, donde llegó en 1990 para asumir la dirección del Instituto de Derechos Humanos (IDHUCA) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). Este periodo fue crucial, pues lo insertó de lleno en un contexto de posguerra y lucha por la justicia en una región marcada por la violencia y las profundas desigualdades. Su labor en la UCA consolidó su reputación como un defensor incansable de los derechos fundamentales y un constructor de puentes en sociedades fragmentadas. Tras su etapa centroamericana, su experticia en justicia social lo llevó de regreso a Roma, donde se desempeñó como secretario del Secretariado para la Justicia Social en la Curia General de los Jesuitas entre 1992 y 2002. En este cargo, Czerny contribuyó a la articulación de la postura jesuita sobre una variedad de temas sociales globales, influyendo en la dirección de la orden en cuestiones de equidad y desarrollo.

Entre 2002 y 2010, el Cardenal Czerny trasladó su misión a África, enseñando en el Hekima College de la Universidad Católica de África Oriental en Nairobi, Kenia. Esta experiencia africana le proporcionó una perspectiva única sobre los desafíos del desarrollo en el continente, desde la pobreza extrema hasta los conflictos y las problemáticas de salud pública, enriqueciendo su visión sobre la integralidad del desarrollo humano. Su conocimiento profundo de estas realidades sería invaluable en sus futuras responsabilidades en el Vaticano.

Su regreso a la Santa Sede en 2010 marcó el inicio de una nueva etapa de servicio directo al Pontífice, trabajando en el entonces Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz. La confianza depositada en él por el Papa Francisco se manifestó de manera destacada a partir de 2016, cuando el Pontífice lo nombró subsecretario de la crucial Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Este nombramiento puso al Cardenal Czerny al frente de uno de los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo, la gestión de los flujos migratorios globales, un tema que el Papa Francisco ha priorizado con insistencia a lo largo de su pontificado, abogando por la acogida, protección, promoción e integración de migrantes y refugiados.

La estima del Papa Francisco por el jesuita checo-canadiense se hizo aún más evidente el 4 de octubre de 2019, cuando lo eligió y consagró arzobispo titular de Benevento, y tan solo un día después, lo creó Cardenal de la Santa Iglesia Romana en un consistorio, asignándole la diaconía de San Miguel Arcángel. Su elevación al Colegio Cardenalicio lo posicionó entre los principales consejeros del Papa Francisco, reconociendo su profunda dedicación y su visión progresista en la Iglesia.

Posteriormente, el 23 de diciembre de 2021, el Papa Francisco lo designó prefecto interino del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, asumiendo plenamente el cargo el 1 de enero de 2022, sucediendo al Cardenal Peter Turkson. Su ratificación como prefecto por el Papa Francisco el 23 de abril de 2022 consolidó su liderazgo en este dicasterio, encargado de promover el desarrollo integral de la persona humana a la luz del Evangelio, abarcando temas tan diversos como la justicia, la paz, la caridad, la migración, la salud y el cuidado de la creación.

Un momento trascendental en la historia reciente de la Iglesia fue la participación del Cardenal Czerny en el cónclave de mayo de 2025, donde los cardenales electores se reunieron para elegir al sucesor de San Pedro. Fue en esa asamblea que se escogió al actual Papa León XIV, marcando una nueva era en el Vaticano. La experiencia y la perspectiva de vida del Cardenal Czerny, moldeadas por su trabajo en el servicio del desarrollo humano y su profundo conocimiento de las realidades globales, sin duda aportaron una voz singular en las deliberaciones que llevaron a la elección del Papa León XIV.

Con el cumplimiento de sus 80 años, el Cardenal Czerny pierde, según las normas canónicas, su derecho a participar en un futuro cónclave. Aunque esta regla marca el fin de una responsabilidad específica, su sabiduría y experiencia seguirán siendo un recurso valioso para la Iglesia. Además, el próximo 31 de agosto, el cardenal dejará su cargo de prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, al haber alcanzado el límite de edad para el ejercicio de esa función. Su legado en el dicasterio, marcado por una profunda preocupación por los marginados y un compromiso con la ecología integral, será continuado por su sucesora, la Hna. Alessandra Smerilli, una elección que el Papa León XIV ha apoyado plenamente. La carrera del Cardenal Michael Czerny es un testimonio de un servicio dedicado y un compromiso inquebrantable con la misión social de la Iglesia, dejando una huella duradera en los ámbitos de la justicia, la migración y el desarrollo humano integral.

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