Ciudad del Vaticano/Ciudad de México – El eventual viaje apostólico del Papa León XIV a México es una posibilidad firme, aunque las fechas aún permanecen indeterminadas. Así lo confirmó el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, en una entrevista con el semanario mexicano *Desde la Fe*, publicación de la Arquidiócesis Primada de México. Durante su reciente visita al país latinoamericano, el alto prelado vaticano aseguró que “llegará también la visita a México”, aunque sin poder ofrecer detalles específicos sobre cuándo.
El cardenal Parolin, la máxima autoridad diplomática de la Santa Sede, reconoció no disponer de información precisa sobre la agenda futura del Pontífice. Sin embargo, afirmó que el mismo León XIV ha manifestado su interés en realizar este viaje. “Se tratará de fijar una fecha más adelante, pero sin, por lo menos, por el momento, saber nada acerca de los tiempos”, explicó el Secretario de Estado durante la conversación. Esta declaración alimenta las expectativas de millones de fieles mexicanos que esperan recibir al Santo Padre en su nación.
La visita del cardenal Parolin a México, que se extendió del 4 al 6 de agosto, incluyó una serie de encuentros clave. El Secretario de Estado se reunió con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y con el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, afianzando la relación bilateral entre el Estado mexicano y la Santa Sede. Asimismo, mantuvo diálogos con el Consejo de Presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano y con los líderes del Diálogo Nacional por la Paz, subrayando el compromiso de la Iglesia en la búsqueda de soluciones a los desafíos sociales del país. Como parte de su agenda pastoral, el cardenal celebró una Misa en la emblemática Basílica de Guadalupe el 5 de agosto, un lugar de profunda significación para la fe católica en América Latina.
La presidenta Sheinbaum, en su conferencia matutina del 6 de agosto, reiteró la invitación de su gobierno al Papa León XIV para visitar México. La mandataria compartió que, durante su encuentro con el cardenal Parolin, se le informó que el Pontífice “tiene muchas ganas de venir a México” y que solo resta definir la fecha. Esta confirmación desde el más alto nivel del gobierno mexicano refuerza el ambiente de expectativa en torno a la posible llegada del sucesor de Pedro.
En un comunicado posterior, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) destacó que la visita del cardenal Parolin “representó una oportunidad para fortalecer y actualizar la relación Iglesia-Estado”, un vínculo que celebrará 35 años de restablecimiento diplomático entre México y la Santa Sede en 2027. La CEM enfatizó la importancia de este diálogo continuo para abordar temas de interés mutuo y consolidar la colaboración en beneficio de la sociedad.
**Libertad religiosa: Más allá del culto**
Durante su entrevista, el Secretario de Estado abordó el concepto de libertad religiosa, aclarando que va más allá de la mera libertad de culto. “La libertad religiosa es un concepto muy amplio”, sostuvo el cardenal Parolin, quien precisó que implica también la capacidad de los cristianos de “hacer oír su voz en la sociedad y puedan aportar desde su perspectiva y con mucho respeto, sin querer imponer nada”.
El purpurado identificó “grandes cuestiones” en las que los cristianos pueden y deben ofrecer su contribución. Entre ellas, mencionó explícitamente “el tema de la defensa de la vida, el tema de la interrupción del embarazo, el aborto, el tema de la eutanasia”, así como “el tema de la justicia social”. Estas declaraciones subrayan la visión del Vaticano sobre la participación activa de los fieles en el debate público y la promoción de valores éticos fundamentales.
El cardenal también hizo hincapié en la necesidad de “la coherencia en vivir la propia fe” entre los cristianos, tanto en México como en el resto del mundo. Invitó a la reflexión personal con una pregunta clave: “¿Estoy en este momento encarnando el Evangelio? En esta elección que estoy haciendo en mi trabajo, en mi relación con los demás, en el uso del dinero también, ¿estoy viviendo el Evangelio, mi catolicismo, mi fe?”.
**La paz: Desarme y superación de conflictos**
Abordando otro tema crucial, el cardenal Parolin afirmó que “la paz es posible, pero la paz no es ausencia de conflictos, la paz es superamiento de conflictos”. Enfatizó que la construcción de la paz a través de la reconciliación constituye una misión esencial de la Iglesia. “La Iglesia tiene que involucrarse y ofrecer sus aportes, que son los aportes del Evangelio, de la Palabra de Dios, de los sacramentos, de la fraternidad humana, para superar las situaciones de conflictos y buscar una paz que sea una paz que se construye desde los conflictos”, manifestó.
El Secretario de Estado también se refirió al constante llamado del Papa León XIV a una “paz desarmada y desarmante”. El Pontífice ha insistido reiteradamente en la peligrosidad de las armas, que “siempre se terminan utilizando”, considerándolas “el principal, el primer enemigo de la paz”. Por ello, la Santa Sede ha promovido el principio de que “la paz empieza por el desarme”, una postura que León ha defendido activamente en el escenario internacional.
**Hacia los 500 años de la Virgen de Guadalupe**
Finalmente, el cardenal Parolin dedicó atención a la próxima celebración, en 2031, de los 500 años de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe. Subrayó que “toda la Iglesia tiene que celebrar de una manera muy especial este acontecimiento de los 500 años de las apariciones de la Santísima Virgen”. Este evento, añadió, posee “un gran significado porque de allí nació un pueblo, nació un pueblo creyente”.
El purpurado explicó que las apariciones de la Virgen María en el Tepeyac revelan que “la presencia del Señor y de su Santísima Madre está ahí en donde, digamos, el hombre y los pueblos viven su vida, su vida diaria, su vida cotidiana y le dan un sentido muy profundo, un sentido de fraternidad, un sentido de comunidad, un sentido de pueblo”. Animó a que, con motivo de este quinto centenario, se busquen “iniciativas muy concretas” y no se limite a una mera conmemoración. La celebración, aunque necesaria y parte de la fe, debe traducirse en acciones tangibles “a los diferentes niveles” para impactar positivamente en la vida de los fieles y la sociedad.








