Desde la emblemática Plaza de San Pedro, el Papa León XIV lanzó este domingo un enérgico llamado a la comunidad internacional, expresando su profunda inquietud por dos de los conflictos más devastadores de la actualidad: la grave situación humanitaria en Sudán y el recrudecimiento de la violencia en Ucrania y Rusia. Tras el rezo del Ángelus, el Pontífice dedicó sus palabras a implorar por la paz y el respeto a la dignidad humana en estos escenarios de crisis global.
El Santo Padre centró inicialmente su atención en la tragedia que asola la ciudad de El Obeid, capital del estado de Kordofán del Norte en Sudán. Este enclave estratégico, ubicado en el corazón del país africano, se encuentra bajo un prolongado asedio militar que ha dejado a más de medio millón de personas sin acceso a servicios y suministros esenciales. “Sigo con preocupación la trágica situación en Sudán, especialmente en la ciudad de El Obeid”, declaró el Papa León, cuya voz resonó con un tono de urgencia y compasión.
El León enfatizó su cercanía espiritual con el pueblo sudanés, que padece las inclemencias de una guerra civil implacable. Su llamamiento incluyó una clara petición a las autoridades involucradas en el conflicto para que “garanticen corredores humanitarios para la población civil”, una medida crítica para evitar un desastre aún mayor. Asimismo, el Papa urgió a una mayor implicación por parte de la comunidad internacional para mediar y poner fin a las hostilidades. “Exhorto a la comunidad internacional a respaldar los esfuerzos encaminados a lograr un alto el fuego inmediato”, afirmó, subrayando la necesidad de una acción coordinada y decisiva. El Pontífice concluyó su mensaje sobre Sudán invitando a los fieles a unirse en oración por la paz en la nación africana, pidiendo “que el Señor sostenga a quienes sufren, convierta los corazones de quienes siembran la violencia y conceda la tan esperada paz”.
La situación en El Obeid es un reflejo de la compleja y brutal guerra civil sudanesa que se desencadenó en abril de 2023. Este conflicto enfrenta a las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF), que controlan El Obeid, contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), la milicia paramilitar que mantiene la ciudad bajo asedio. La confrontación ha provocado una de las peores crisis humanitarias del mundo, con cifras alarmantes de desplazamiento y víctimas mortales. Desde su inicio, se estima que el conflicto ha forzado el desplazamiento interno y externo de 14 millones de personas, y ha cobrado la vida de más de 150.000, sumiendo al país en un caos y una devastación sin precedentes. La persistencia de los combates, especialmente alrededor de puntos estratégicos como El Obeid, agrava la ya precaria situación de millones de civiles.
Extendiendo su visión sobre los conflictos globales, el Papa León XIV también se refirió a la prolongada guerra entre Ucrania y Rusia, lamentando el aumento de la violencia y sus consecuencias desoladoras. “Siguen llegando noticias dolorosas de personas inocentes muertas y heridas en Ucrania y Rusia”, manifestó el Pontífice, quien expresó su consternación ante la sucesión y multiplicación de “trágicos episodios” que resultan en un creciente número de víctimas civiles, incluidos niños.
El Santo Padre aseguró su cercanía espiritual a quienes padecen las nefastas consecuencias de este enfrentamiento: “Estoy cercano a las familias de las víctimas, a los heridos y a todos los que sufren a causa del conflicto en curso”. Ante la escalada de los ataques, León renovó su apremiante petición para que todas las partes en conflicto respeten escrupulosamente el derecho internacional humanitario, una norma fundamental destinada a proteger a los civiles y limitar los métodos de guerra. “Ante tanto dolor, renuevo un apremiante llamamiento para que se respete el derecho internacional humanitario y cesen, por ambas partes, los ataques contra objetivos civiles”, declaró.
Finalmente, el Papa León XIV insistió en la imperativa necesidad de apostar por la diplomacia y el diálogo como únicas vías para poner fin a la espiral de violencia. “La guerra no hace más que generar más guerra y provocar enormes sufrimientos. Es hora de detener la espiral de violencia y dar espacio a la diplomacia y al diálogo para abrir el camino hacia la paz”, concluyó el Pontífice, reiterando el mensaje central de su pontificado: la búsqueda incesante de la paz y la condena de toda forma de violencia que atente contra la vida humana.








