11 agosto, 2026

La comunidad de Epazoyucan, en el estado de Hidalgo, celebró recientemente un acontecimiento de profunda resonancia cultural y espiritual: el regreso de la venerada imagen de Santa Rosa de Lima a la capilla de Santa Mónica. Este retorno marca el fin de un exilio forzado de diecinueve años, luego de que la escultura fuera sustraída junto con otras piezas de arte sacro en diciembre de 2007. La recuperación de esta obra no solo representa un triunfo en la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales, sino también la restitución de una parte vital de la identidad y la fe local.

La imagen de la primera santa de América, patrona de Perú, América y Filipinas, fue robada de su altar en la capilla de Santa Mónica el 30 de diciembre de 2007, en un incidente en el que también desaparecieron otras cinco esculturas religiosas. Durante años, su paradero fue un misterio, hasta que en 2016 la figura fue localizada en una galería de arte en Nuevo México, Estados Unidos, tras haber permanecido almacenada. Las circunstancias precisas de cómo la escultura viajó desde México hasta territorio estadounidense y la identidad de los responsables de su traslado ilícito aún no han sido esclarecidas públicamente.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) jugó un papel crucial en este proceso. El 11 de diciembre de 2024, la institución anunció la repatriación de la imagen, culminando con la emotiva ceremonia de entrega que tuvo lugar el pasado 5 de agosto de 2026. Este caso se suma a los esfuerzos del Gobierno de México, que desde 2018 ha logrado repatriar más de 17,000 bienes culturales al país, con muchos de ellos regresando a sus comunidades de origen para reafirmar su valor histórico y devocional. La repatriación de Santa Rosa de Lima es un testimonio del compromiso de México con la protección de su rico patrimonio.

El robo de 2007 no fue el único asalto al patrimonio de la capilla de Santa Mónica, perteneciente a la parroquia de San Andrés Apóstol. Un incidente anterior, ocurrido el 16 de enero de 2001, vio la sustracción de otras dos imágenes del cuerpo inferior del retablo: una representación del apóstol Santiago y otra de San José con el Niño Jesús. Afortunadamente, estas dos esculturas también fueron recuperadas y devueltas a la comunidad el 18 de mayo de 2017. Con el reciente regreso de Santa Rosa de Lima, son ya tres las imágenes religiosas restituidas a la capilla, de un total de siete que fueron robadas en los dos incidentes. Lamentablemente, las otras cuatro piezas sustraídas en 2007 permanecen sin ser localizadas.

Antes de su solemne reincorporación a la capilla de Santa Mónica, la imagen de Santa Rosa de Lima fue sometida a un meticuloso proceso de restauración. María Cristina Noguera Reyes, restauradora de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, explicó durante la ceremonia de entrega que la escultura presentaba diversos daños atribuidos “al paso del tiempo y también a todos los traslados y movimientos” a los que fue expuesta durante su desaparición.

Los especialistas de la CNCPC dedicaron esfuerzos significativos para estabilizar la estructura de la imagen, además de realizar labores de limpieza profunda, consolidación de materiales y reintegración de color en las áreas afectadas. Este trabajo minucioso garantizó que la pieza pudiera ser devuelta en óptimas condiciones, preservando su autenticidad y esplendor original. Noguera Reyes expresó el sentir de los conservadores: “No hay nada que nos dé mayor felicidad que las piezas regresen a su lugar de origen y que puedan seguir cumpliendo la función que tienen en la devoción de la gente”.

La ceremonia de entronización de la imagen, que siguió al proceso de restauración, fue un momento de gran emotividad para los fieles de Epazoyucan. El P. Francisco de Jesús Contreras Figueroa, párroco de San Andrés Apóstol, ofició la misa y compartió una profunda reflexión sobre la santidad. En su homilía, el sacerdote destacó que los santos son “los amigos más cercanos de Jesús”, aquellos que con su esfuerzo y amor buscan el crecimiento espiritual de otros y dan testimonio del amor divino.

El P. Contreras Figueroa enfatizó que “Santa Rosa de Lima es una de las más grandes amigas de nuestro Señor que ha manifestado esa fe, ese amor en Él”, y subrayó que su imagen no es solo una obra de arte, sino un “testimonio de fe” que inspira a la comunidad. La historia de Santa Rosa de Lima (1586-1617), una laica terciaria dominica peruana, conocida por su vida dedicada a la oración, la penitencia y el servicio a los pobres y enfermos, resuena profundamente en la devoción popular. Su regreso no es solo el de una pieza artística, sino el de un faro de fe y esperanza para los habitantes de Epazoyucan, un recordatorio tangible de su rica herencia cultural y espiritual.

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