

El Papa León saluda a la multitud en el encuentro de Rímini. | Crédito: Vatican Media.
Cerca de las 3:00 p.m. (hora italiana) de este 22 de agosto, el Papa León XIV llegó a la ciudad de Rímini para visitar el 47° Encuentro por la Amistad entre los Pueblos, donde le esperaban unas 60.000 personas.
Al llegar, dirigió un saludo espontáneo a la gente congregada en el auditorio, expresando su alegría y señalando que “el aplauso más fuerte debe ser para Jesucristo”. Además, el Santo Padre dijo a la multitud que “el amor es la fuerza que puede transformar el mundo”.
“Nuestro corazón, tan grande y capaz de amar, jamás debe cerrarse. Busquemos juntos el camino para construir un mundo de paz y amor”, dijo.
Reconocer nuestra dignidad para entablar amistad
En su discurso, el Papa León hizo un recuento de las enseñanzas de sus predecesores inmediatos sobre la amistad social, la fraternidad y la unión, destacando el valor del encuentro de Rímini para alcanzar estos ideales.
Al inicio de su intervención, aseguró que “al reconocer nuestra dignidad como hijos de Dios, entramos en contacto con aquello que originalmente une a los seres humanos, más allá de toda diversidad, separación o conflicto”.
“Podemos identificarnos unos con otros, escucharnos y entablar amistad, entre individuos y, por lo tanto, también entre pueblos. Antes de fronteras, definiciones e instituciones, siempre hay personas”, agregó. Además, precisó que “esta consciencia es fundamental para el cristianismo”.
Tiempos de responsabilidad y amor
Al reflexionar sobre la Constitución Pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, el Papa León no dudó en afirmar que “es tiempo de responsabilidad” entre los hombres y que es el amor, como indica el título del encuentro —”El amor que mueve el sol y las demás estrellas”, tomado de la Divina Comedia— el fundamento de una sociedad fraterna.
“Seguir a Jesucristo tras las tragedias y los nuevos comienzos del siglo XX implica, de hecho, una clara conciencia: el mal no se combate con el mal. Como en el cielo, así en la tierra, el amor es la ley de la vida, el método de redención del Mesías crucificado”, dijo.
“Frente al falso realismo que rearma mentes, palabras y naciones, la cultura católica actual debe contrarrestar el realismo de la misericordia, que sostiene que los enemigos no pueden existir y que todos, incluso los adversarios, son hermanos a quienes mirar a los ojos y recibir con sinceridad”, agregó.
Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, León les dijo que ellos “son una señal de que el futuro es una promesa, no una amenaza” y testigos de un amor que “sigue inspirando esperanza”.
“El amor mueve, impulsa, despierta del letargo, inspira nuevas vocaciones y nos llama a correr riesgos. ¡Involúcrense! Ábranse a la verdadera universalidad, ampliando sus lazos más allá de cualquier afiliación demasiado estrecha”, señaló.
“En cada rincón del mundo, especialmente en los márgenes y entre quienes sufren, encontrarás a aquellos dispuestos a construir la civilización del amor. No permitas que nadie menosprecie esta palabra, que es el nombre mismo de Dios: ‘Dios es amor’”, aseguró el Santo Padre.
“En el amor, jamás hay coacción ni adoctrinamiento; jamás hay seducción, engaño ni manipulación. El amor reside únicamente en la libertad, en el intercambio sincero, en la entrega generosa de uno mismo”.
Finalmente, invitó a los jóvenes a permanecer adheridos a Cristo para dar testimonio, sin alardes, en medio del mundo actual.
“Que el Espíritu Santo nos instruya en la práctica de la comunión. Que nos dé gusto por ella, aprecio por ella y esperanza en ella. Que continúe guiándonos, queridos hermanos y hermanas, con ese Amor ‘que mueve el sol y las demás estrellas’”, concluyó.








